La ministra de Defensa consuela a una vecina de Ceuta con «miedo» tras la avalancha: «Esta noche he cogido un cuchillo»
«Nunca me he visto así, cerrando las ventanas, la puerta, mirando todo. Esta noche apenas he descansado», relata Pepi, visiblemente nerviosa, a la ministra de Defensa
Diario Vasco, , 12-08-2026La titular de Defensa, Margarita Robles, tuvo que consolar este miércoles a una mujer que estaba sufriendo un ataque de ansiedad en su visita a Ceuta. Fue a su llegada al palacio autonómico donde tenía previsto reunirse con el presidente de la ciudad autónoma, Juan Jesús Vivas, cuando Pepi, una trabajadora sanitaria jubilada, se acercó a la ministra para trasladarle su «miedo» casi dos semanas después de la entrada de casi 80.000 migrantes ilegales desde Marruecos. «Vivo sola y nunca me he visto así. Cerrando la ventana, la puerta, mirando todo. Esta noche apenas he descansado. He cogido un cuchillo porque tengo miedo», expresó entre lágrimas.
Visiblemente nerviosa, la mujer le contó a Robles que le da «mucha pena» la situación que está viviendo su ciudad tras la entrada masiva del 30 y 31 de julio. «Nosotros somos españoles como los que más», insistía a la ministra, mientras le pedía que el Gobierno no deje a su suerte a la ciudad autónoma. «Yo la tengo en estima, señora. No se puede abandonar Ceuta, por favor se lo pido», le conminó.
Ante su zozobra, Robles intentó que se relajara y le aseguró que ella se siente «muy vinculada a Ceuta». «Tranquilícese un poco», le dijo sujetándole la mano. Poco después, un militar ofrecía agua a la vecina y la ministra le instaba a acompañarla a la comandancia. Más calmada, Pepi explicaba que detrás de su reacción había un «sentimiento de abandono». «Nos han dejado a nuestra suerte, maltratados», reprochó a la responsable de Defensa. «Cuando uno está enfadado es bueno descargarse», encajó ella.
No fue la única queja que escuchó Robles antes de su cita con Vivas. Varios vecinos le echaron también en cara la gestión del Ejecutivo. «El Gobierno entero tiene muy poca vergüenza», trasladó otra mujer ante la mirada de Robles, mientras se escuchaba de fondo algún que otro abucheo y silbidos.
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