«Estos niños fueron víctimas directas de la represión, no solo hijos e hijas de»

El caso de los hermanos Ramírez, que, tras presenciar cómo acribillaron a su madre en marzo de 1977 en la provincia de Buenos Aires, fueron retenidos y abusados durante años en el Hogar Casa de Belén, es el eje del libro «Malmö, una historia argentina», de la docente e investigadora Mónica Szurmuk.

Gara, Soledad Iparraguirre, 10-08-2026

«Cayó junto al bebé. Uno de ellos apartó el cuerpito del nene con una patada. Después, se acercó y lanzó una ráfaga de ametralladora sobre la madre. ‘Juan Carlos, volteé a una’, gritó satisfecho. Había matado a Vicenta Orrego Mesa delante de sus tres hijos».

La noche del 15 de marzo de 1977, Orrego Mesa agitó un trapo blanco y colocó un colchón en la ventana. Pidió que dejaran de disparar y sacó a sus hijos de la casa donde vivían en Adrogué, provincia de Buenos Aires. Tras fusilarla a quemarropa, la Brigada de Investigaciones de Lanús arremetió contra la vivienda y mató también a María Florencia Ruibal y José Luis Alvarenga, militantes montoneros.

La Policía dejó a Alejandro (2), María (4) y Carlos (5) en el baldío lindante. Los niños llegaron a la casa de un vecino que los llevó al Tribunal de Menores N° 1 de Lomas de Zamora. Martha Delia Pons, la jueza a cargo –quien desoyó sistemáticamente los reclamos de Abuelas de Plaza de Mayo en su infatigable búsqueda de los bebés robados y los niños secuestrados–, los envió al Hogar Casa Belén, lugar de guarda dependiente de la iglesia Sagrada Familia, donde permanecieron seis años en cautiverio. El periplo terminó por convertirse en la antesala del infierno: los hermanos sufrieron allí todo tipo de maltrato y vejaciones, y fueron abusados física, psíquica y sexualmente.

En 1970, Julio Ramírez y Vicenta Orrego llegaron al sur del conurbano bonaerense huyendo de la dictadura de Alfredo Stroessner en Paraguay. Él trabajaba en la construcción y militaba en el barrio, y ella colaboraba con el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo. Pero a Ramírez lo detuvieron a fines del 74 y Orrego se quedó sola con los tres niños. Fue llevado a la Unidad Nº 9 de La Plata. Pudo recuperar su libertad en 1980 y exiliarse en Suecia gracias a la gestión de la Agencia para Refugiados de la ONU (Acnur), entre otros colectivos de derechos humanos. Todos esos años buscó sacar a sus hijos de ese agujero negro del horror.

A pocos días de instaurada la democracia, a instancias del Centro de Estudios Legales Sociales (CELS) y por un dictamen de la Corte, la jueza le devolvió a los niños. En ‘Malmö, una historia argentina’ (Sudamericana, 2026), Mónica Szurmuk narra la historia de los hermanos Ramírez a través de María, tras haberla conocido 47 años después de aquel fatídico operativo conjunto, y bajo la impronta de una voz que debió tomar una distancia abismal para poder hablar.

Tenía conocimiento de la existencia del hogar desde la escuela a través de una amiga, ¿cómo se gestó en usted la idea de narrar esta historia?

El proceso de gestación del libro fue muy largo. Me enteré de la existencia del hogar cuando estaba en el secundario, los padres de una amiga eran cercanos al lugar. La historia me venía dando vueltas; esporádicamente buscaba información y llegué a leer los expedientes.

En 2022 empezamos con un proyecto de recorridos de memoria con escuelas secundarias en Lomas de Zamora y uno de los espacios que elegimos fue la Casa Hogar de Belén. Yo tenía planeado un libro más académico, con una mirada más enfocada al barrio, pero con el tiempo y en las charlas con el editor quedó más en claro que la historia que había que contar era la historia de María.

Las otras también hay que contarlas, pero había algo muy potente en enfocarme en María como portavoz de su familia y, además, María contando una historia alternativa ya que ella armó su vida adulta en un lugar como Suecia. Allí no hay comunidad de exiliados, por ejemplo, es un lugar bien distinto al de otros exilios.

La voz de María fue tomando un rol cada vez más protagónico respecto de lo que yo quería escribir. Ya en ese momento había entrevistado a los fiscales, a alguna de las abogadas y seguía trabajando en el caso, pero me di cuenta de la potencia de su voz para contar esta historia y el costo de esta historia.

¿Cómo fue el vínculo con María a partir de su viaje a Suecia para entrevistarla? ¿Hubo una ida y vuelta en el proceso de escritura y lectura de los borradores?

Fue bastante sencillo acercarse a ella. Mi contacto con ella empezó por un taller que yo hice en Anfibia y una nota que escribí sobre María. Hablé con su abogada y su psicólogo, y ellos me dieron su contacto. En todo momento respeté las condiciones que puso para contar su historia, incluso aprecié mucho que ella pusiera límites, estuvo muy demarcado desde el principio lo que podíamos hablar y lo que no. Y que tenía que ver con el respeto que ella tiene a otras personas tocadas por esta historia. Ella es muy abierta con su propia historia, pero no quiere tocar las historias de otros.

El primer día que pasamos en Malmö estuvimos todo el día juntas, fue muy potente, también lo que pasa en la investigación. En la vida conoces gente muy valiosa, pero que no podría ser tu amiga; María es mi amiga. Tuvimos una conexión muy fuerte desde el principio. Hubo un ida y vuelta con los borradores bastante fluido, ella me dio la libertad de escribir y leyó el libro, ya editado, no antes.

Yo creo que si no hubiera tenido esa experiencia de estar con ella en Malmö el libro hubiera sido muy diferente. Especialmente tratándose de Suecia, porque si fueran otros espacios del exilio como México o España, la gente tiene más idea de lo que pasó, pero en Suecia, no.

El eje sobre el que gira ‘Malmö’, el de las infancias víctimas del terrorismo de Estado y retenidas en instituciones, es una variante poco explorada en la narrativa sobre memoria. ¿Le parece que hay un hueco allí?

Creo que en los últimos años, desde la militancia, la academia y desde la creatividad, principalmente desde el trabajo de hijas e hijos de desaparecidos, surgió este deseo de mostrar que estos niños y niñas fueron víctimas directas de la represión, no solo hijos e hijas de.

A mí me ayudó mucho la literatura de H.I.J.O.S. y leer conceptualmente cómo ellos empiezan a pensar diferente. Y hay algo muy importante en el juicio sobre el Hogar Casa de Belén: los jueces determinan que estos chicos fueron víctimas de un sistema concentracionario. Y esto es muy importante para María y sus hermanos. Creo que van a seguir saliendo historias y estudios académicos porque se abrió un cambio en los modos de contarlo.

«Hay algo muy importante en el juicio de sobre el Hogar Casa de Belén: los jueces determinan que fueron víctimas de un sistema concentracionario»

Al suceder gran parte de la historia de María en Suecia, queda como este vacío acá, en Argentina. Y queda, a la vez, la perspectiva de ella; el tiempo que a ella le lleva contar. Ella empieza a usar la literatura clásica para repensar su historia familiar, algo que en Argentina hubiera sido diferente.

Hasta los veinte años no pudo empezar a contar lo vivido. Lo empezó a hacer a través de la pintura y eso nos da una perspectiva de cómo se va construyendo una vida.

María, enfermera de profesión, habla del estrés postraumático, un tema que siempre le ha interesado. Creo que es una historia contada dentro de otra historia, que es la vida de ella en el lugar que eligió vivir.

Más allá del abuso sufrido, en el libro destaca el rol de la jueza de menores Martha Delia Pons, que se jactó ante las Abuelas de Plaza de Mayo de que «sobre su cadáver tendrían la tenencia de los chiquitos institucionalizados».

Es un caso bastante excepcional hasta cierto punto porque es una jueza que hace todo lo posible para que los niños no se reúnan con su familia deliberadamente.

Tal fue el caso del bebé Emiliano Ginés, cuyo DNI destroza y lo deriva a La Plata como NN. Es de una crueldad increíble [sus padres murieron en un operativo militar el 14 de octubre de 1977. El niño, nacido el 6 de noviembre de 1976 y con síndrome de Down, fue entregado a unos vecinos que lo llevaron al Tribunal de Menores N° 1 de Lomas de Zamora a cargo de Pons, quien no intentó localizar a los familiares y lo envió a la Casa Cuna de la ciudad de La Plata, donde falleció por falta de atención, según consta en las denuncias de Abuelas].

En el caso de los hermanos Ramírez, la tía casi enseguida los ubica. La hermana del papá llega a Argentina desde Paraguay pocos meses después del operativo. Se instala cerca para estar dentro de la jurisdicción de la jueza y esta manda a una empleada suya por una pericial, la mujer recomienda que los chicos sean entregados a esta tía, y Pons pide otra pericial; dice que esa no le sirve. Eso hubiera sido una situación completamente diferente que les habría garantizado que se criaran con su tía, su abuela y sus primos. Sin embargo, no se pudo.

Participa en el proyecto Cartografías Íntimas en comunidad, que tiene una vinculación con la Casa Hogar de Belén.

En 2020, para el mes de la memoria, íbamos a hacer desde la Universidad de San Martín, en colaboración con la Universidad de Lanús, el recorrido de los hermanos Ramírez, porque era una manera de darle visibilidad a espacios muy chicos, y lo que significan en el cambio de la vida de una persona. La primera idea de hacer ese recorrido fue justo cuando se dictaminó el encierro por la pandemia.

«La jueza Martha Delia Pons hizo todo lo posible para que los niños no se reunieran con su familia. El caso del bebé Emiliano Ginés cuyo DNI destroza y lo lleva a La Plata como NN; es de una crueldad increíble»

En 2022 pudimos hacerlo. Una de las experiencias era ver qué les contaban los docentes a los chicos, no vamos al Pozo de Banfield para decir que la dictadura pasó acá; la dictadura pasó en todo el barrio; en todos lados. Era muy fuerte cuando los docentes contaban sus experiencias, como también lo era hablar con sus padres y sus abuelos, algunos por primera vez. Con cada escuela hacíamos recorridos levemente diferentes, aunque con todas íbamos al Pozo de Banfield y a Santa Catalina. Con una escuela fuimos a la Casa Hogar de Belén.

Fue un desafío porque sigue funcionando. Nos quedábamos en el autobús porque no queríamos producir ningún tipo de violencia. Después del juicio se determinó que el lugar iba a ser declarado como sitio de memoria, pero con el cambio de Gobierno eso no ocurrió. Supuestamente, en algún momento debería llevarse a cabo. Después de ese recorrido, los alumnos hicieron un podcast, murales, fanzines.

Fue muy fuerte este proyecto para nosotros porque muchas de las cosas que aprendimos vinieron de los chicos.
Una de las docentes planteó: ‘Qué buscamos’. Y las alumnas retrataron la imagen de una mujer, (ellos la llaman abuela, por esta cuestión generacional), recostada mientras recuerda el pasado, pero inscripta en las luchas del presente por el territorio. Lo hizo un grupo de chicas. Ellas lo tenían pensado antes que nosotras. Cartografías Íntimas es una iniciativa de intervención-investigación sobre memoria local. Los diálogos de esas obras proyectan la memoria que se construye en comunidad.

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