Familias ceutíes trasladan a sus hijos a la Península por miedo a la situación
«No quiero que mis hijos tengan que vivir encerrados o estar con miedo», dice una madre.
ABC, , 11-08-2026La situación en Ceuta, con miles de inmigrantes deambulando por la ciudad, dista mucho de la normalidad que se vivía antes de la avalancha del 30 de julio. Por eso, explica Sam, «no queremos que nuestros jóvenes y niños estén aquí. Hay miedo a … ir por las calles». De ahí, dice esta madre de familia ceutí, «el mismo jueves que sucedió todo compré los billetes y nos fuimos». Optaron por marcharse a Fuengirola (Málaga), a casa de unos amigos, para pasar las primeras horas alejados de todo el caos, de una situación inédita ante la entrada desde Marruecos de decenas de miles de personas. Ella ha tenido que volver, ya que no tienen «casa fuera como otras personas», pero a su hijo lo ha mandado «junto a otros amigos de aquí» a casa de un familiar a Elche (Alicante).
Su caso no es aislado. Como Sam, son muchas las familias que han trasladado a sus hijos a la Península por la inseguridad. Por ejemplo, Fátima embarcó a sus dos hijas menores, de 9 y 11 años, en un ferri con dirección a Algeciras (Cádiz) el pasado domingo, «tras dos días encerradas en casa, con todo lo que eso supone». En su caso fue una amiga de la familia que reside en la localidad gaditana de San Fernando la que se hizo cargo de las niñas, recogiéndolas en el puerto algecireño e improvisándoles un «campamento de verano casero» con los hijos del matrimonio de acogida. «Por lo menos allí pueden estar en la calle, pueden respirar y no tenemos miedo a que les pase nada». En Ceuta los niños viven confinados.
En la misma línea se pronuncia Mariam, que es madre de tres críos de entre 8 y 17 años. Ella recurrió a su hermana, que vive en Sevilla, para que se hiciese cargo de los tres menores durante estos días. Les acompañó hasta la capital hispalense el domingo de la semana pasada, cuando el Gobierno ya hablaba de «normalidad», y por ahora «allí se van a quedar unos días más». «No quiero que mis hijos tengan que vivir encerrados o estar con miedo», afirman.
La situación también truncó los planes de Mamtu, una ceutí que reside en Canarias, que se iba a desplazar junto a su familia a su localidad natal, como hace cada año, para participar en las fiestas patronales. Finalmente modificó su viaje para quedarse en Estepona (Málaga) en casa de otra hermana, y el domingo 2 de agosto acabó viajando a Ceuta junto a su hija de 18 años. Explica a ABC que, pese a ser mayor de edad, no le dejó «salir sola por la noche». «La distancia es corta, en el centro, de 15 o 20 minutos andando, pero no estaba tranquila en cómo iba a volver».
Mamtu, en la conversación con este periódico, también explica el caso de su sobrino, padre de dos niños pequeños. Ellos optaron por «coger y marcharse a Torremolinos», donde tienen una segunda residencia, pese a que tenían previsto quedarse en Ceuta para disfrutar de las fiestas de la Virgen de África. En la ciudad malagueña permanecerán, mientras las obligaciones profesionales se lo permitan, si la situación en su población no cambia.
«Cuando mi hija vio lo que estaba ocurriendo decidió que no era vida para dos menores»
Las dos nietas menores de Rafael llegaron en helicóptero poco después de las cinco y media de la tarde del mismo jueves de la invasión. «La situación era tremenda», relata, por la zona de la Gran Vía, donde reside. «Cuando mi hija vio lo que estaba ocurriendo decidió que no era vida para dos menores», explica. En ese momento optaron por volver a meter a las nietas en el helicóptero del día siguiente para mandarles de nuevo a Andalucía. «No se trata de que estén secuestradas en una casa», dicen. En su opinión, «no es que la gente que ha llegado de por sí sea peligrosa, pero en grupo y con el paso de los días, todo cambia».
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Desde que se inició la crisis, con el asalto masivo a la valla y la entrada a nado de miles de personas, alrededor de 80.000 según las últimas cifras que ofreció este lunes el ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, Ángel Víctor Torres, son varias las situaciones delictivas protagonizadas por los invasores que se han denunciado. Un juzgado de Ceuta investiga al menos seis denuncias por agresiones sexuales a mujeres inmigrantes, incluidas menores, y los servicios médicos han atendido a cuatro niñas por abusos, mientras las autoridades activan protocolos de emergencia y refuerzan la seguridad.
Otra mujer denunció que, durante la madrugada, un hombre entró a su domicilio y le despertó al meterse en su cama. También se ha dado la voz de alarma por allanamientos de morada o robos con fuerza, tanto en domicilios particulares como en la vía pública como en establecimientos tanto del centro como de los barrios.
De ahí que este domingo la ciudad se echara a la calle para exigir al Gobierno que actúe ya. Citados por las distintas comunidades religiosas cristiana, musulmana, judía e hindú, la concentración mostró a una «Ceuta no se rinde», que quiere recuperar la normalidad, que no rechaza a nadie, pero consciente de que la falta de recursos de los miles de inmigrantes sin nada que llevarse a la boca ni un techo donde dormir genera «miedo, tensión o enfrentamientos».
Niños con pesadillas
La salida de la ciudad autónoma ha sido la solución que han encontrado muchas familias para poder dormir tranquilas por las noches. Aunque, por falta de recursos o de con quién dejar a los niños, no en todos los casos ha sido posible. Sam, en su llamada con ABC, habla del caso de sus sobrinos pequeños, que siguen en Ceuta con sus padres, intentando sobrellevar una situación que dista mucho de la normalidad que vende el Ejecutivo.
Esta ceutí relata que «mis sobrinos pequeños tienen pesadillas y no duermen bien». La mujer también añade que «por las calles se agarran a sus padres cuando los ven» —a los grupos grandes de inmigrantes que, normalmente, andan por los barrios y las zonas más céntricas de la población—. No es algo que afecta únicamente a los críos, también muchos mayores han tenido que ir al médico y recurrir a la medicación, explican, por el «pánico» que les produce esta nueva realidad.
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