Ceuta en la zona gris
Lo del otro día fue el primer ataque híbrido algorítmico contra una frontera exterior de la Unión Europea y a eso va a haber que responder
La Razón, , 11-08-2026La amenaza de una nueva entrada masiva en Ceuta el próximo sábado parece que está siendo más tenida en cuenta que avisos anteriores, que los hubo. Lo que nos faltaba es una nueva «weaponization of migration» que sumiría a la ciudad española en el caos, sobre todo si Marruecos decidiera no asumir el regreso inmediato de la mayoría, como hizo en la avalancha registrada. Que se trata de un episodio de guerra híbrida lo demuestra el que el alivio, la retirada, dependió no de nuestro Gobierno sino del de Marruecos. La gran gestión gubernamental consistió en todo caso en lograr que el lugar de origen del ataque asumiera rectificarlo. ¿Y si no? ¿Qué sucede si no lo hacen?
Han quedado anulados todos los permisos de la guarnición de Ceuta y, además, deben regresar los efectivos que se encuentren fuera. También la Guardia Civil suspende las vacaciones de los picoletos caballas. Es su misión y así lo asumen pero, vamos, que debe costar ver cómo el presidente del Gobierno no ha tenido a bien ni suspender las suyas ni convocar la Comisión de Seguridad Nacional ni hacer aparentemente otra cosa que grabar tiktoks desde su palacete veraniego. Con esta medida se logrará tener a la mayor parte de la guarnición en la plaza de soberanía para eventuales nuevos ataques de guerra híbrida que se cuecen en redes sociales. Tres mil efectivos es el máximo actual en una guarnición que en los años noventa llegaba a los 9.000 hombres.
Pero no es tanto el número como las posibilidades de usarlos para proteger a la ciudad de los riesgos que verdaderamente la acechan. Tres mil efectivos preparados para algo bastante improbable –que el ejército marroquí intente tomar la ciudad– y casi maniatados para lo que ya ha ocurrido dos veces y puede ocurrir más y en mayor cantidad en adelante. Lo mismo sucede en el resto de territorios españoles en el norte de África. Las potencialidades militares son de índole letal y estos nuevos sistemas de guerra híbrida los inutilizan en origen. Fueron casi descubiertos por Hassan II porque ¿iba España a disparar sobre los 350.000 civiles de la Marcha Verde? ¿Iba España a disparar sobre 80.000 personas entrando en avalancha el día 30? ¿Dispararíamos contra una pléyade de barquitas que se acercara a cualquiera de los peñones? En eso consiste la zona gris: en no estar en guerra pero no vivir en paz. Los ceutíes lo han descubierto igual que los polacos, los rumanos, los fineses o los lituanos. Parece que hasta el presidente del Gobierno se está enterando, ya que según alardea en la red china acaba de terminar un ensayo titulado «The Age of Unpeace» que habla precisamente de esta realidad.
¿No hay nada que España pueda hacer si queremos preservar los derechos humanos, las leyes de la guerra y el sentido común? Sí que lo hay. La reflexión debe pasar por la readaptación del Ejército a estas nuevas formas de guerra híbrida, a la conversión de los flujos migratorios en un arma y a la defensa no letal de las fronteras frente a civiles. No es nada nuevo, está inventado. Tal vez el mayor problema reside en las reticencias de muchos socios de Sánchez, y quizá de él mismo, a utilizar al Ejército para el control de masas civiles, aunque es decisivo porque pareciera en ocasiones que el Ejército es lo único que funciona en las catástrofes (inundaciones, volcanes, incendios…)
Por eso hay que debatir en el Congreso y tomar decisiones que vayan más allá de plegarse al reino alauita y a sus caprichos o problemas internos. Para combatir en la zona gris no basta con la policía –el día 30 entró en Ceuta el equivalente a cuatro divisiones de civiles desarmados– ni con los medios habituales, pero tampoco sirve un ejército preparado para obtener resultados letales. Lo del otro día fue el primer ataque híbrido algorítmico contra una frontera exterior de la Unión Europea y a eso va a haber que responder.
La solución puede pasar por entrenar a las unidades destacadas en los territorios fronterizos con Marruecos en lo que se denomina técnicamente Intermediate Force Capabilities, que no son sino las capacidades y competencias no letales. La dotación de medios materiales no sería exclusivamente de armamento sino también de medios de control y disuasión de masas como las barreras rápidas, los medios acústicos de disuasión, las deslumbradoras, los vehículos de contención y toda una panoplia prevista precisamente para no convertir con la respuesta esa zona gris en una zona de guerra. Nada desconocido para nuestras tropas que lo aprendieron para sus misiones en Bosnia y lo han aplicado en otras misiones como las de Irak o Afganistán. Es voluntad política y asunción de la realidad lo que nos falta. Un grupo de inmigrantes es un problema humanitario, un Cuerpo de Ejército de civiles ya es una amenaza para la población y para la soberanía.
Tampoco hay que dejar caer en saco roto la investigación de lo realmente sucedido en Marruecos y supongo que nuestros servicios están ya en ello. La cuestión es compleja y, desde luego, no tiene nada que ver con la interpretación que por ocultación o desconocimiento hizo el presidente del Gobierno. Los factores internos de Marruecos están desestabilizados, a fin de cuentas al rey le quedan pocos telediarios y nadie sabe qué rumbo puede tomar el mimado heredero, que podría hasta tontear con el islamismo. Hay consejeros del monarca partidarios de confrontar con España y seguidores acérrimos del irredentismo del Gran Marruecos. Es espectacular el volumen de cuentas en redes sociales que hacen propaganda sobre el origen colonial de los territorios españoles y que pretenden que hasta la península «fue marroquí». Hay influencers haciendo vídeos desde motos de agua de los peñones o las Chafarinas. Es claro el intento de provocar una ira popular contra España en una población que nunca ha sentido esa animadversión y menos en el norte del país. Son los cuadros superiores, muy afrancesados, los que tienen otra perspectiva y otros intereses.
En todo caso, los ceutíes no pueden vivir así. El Estado debe estar presente en todo el territorio, más aún en los lugares de frontera sometidos a fricción como es el caso. La normalidad no ha vuelto y no se sabe cuándo volverá.
La sensación de ineficacia, abandono y falta de respuesta la tenemos todos, no solo los ceutíes que salieron a gritarla y a gritar su españolidad el domingo. Ceuta está y estará en esa zona gris. No merecer gobiernos grises que no den la talla a la hora de valorar el riesgo y responder a él.
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