Semana negra de pateras y naufragios en unas islas Baleares que miran a la crisis de Ceuta
La reunión de Felipe VI con el presidente de Ceuta en Marivent coincide con un periodo complicado en Baleares, marcado por naufragios, 19 fallecidos y la llegada constante de pateras
ABC, , 08-08-2026Mientras Felipe VI recibía el jueves en el Palacio de Marivent al presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, a pocos kilómetros de allí otra embarcación precaria trataba de alcanzar las costas de Baleares. No era una imagen aislada ni un episodio excepcional. Era una escena más de una semana que ha vuelto a poner de manifiesto que el Mediterráneo occidental mantiene abierta una ruta migratoria que ya forma parte de la realidad cotidiana del archipiélago.
La coincidencia entre la visita de Vivas y el incesante goteo de llegadas no pasó desapercibida en el Govern balear. La reunión que horas antes mantuvieron el dirigente ceutí y la presidenta autonómica, Marga Prohens, fue mucho más que un gesto institucional. Ambos compartieron la preocupación por dos fenómenos distintos en su forma, pero similares en el fondo. Ceuta teme una nueva entrada masiva como la registrada la pasada semana, alentada por mensajes difundidos en redes sociales desde Marruecos. Baleares, en cambio, vive una presión menos espectacular mediáticamente, pero constante, silenciosa y sostenida en el tiempo.
La semana arrancó con una historia difícil de olvidar. Durante la madrugada del martes, Salvamento Marítimo rescató al sur de Mallorca a dos hombres de origen magrebí que, según su relato, llevaban quince días a la deriva. Su testimonio estremeció a los equipos de rescate. Aseguraron que habían partido del norte de África diecinueve personas y que diecisiete de sus compañeros habían muerto durante la travesía, víctimas del hambre, la sed y el agotamiento. Los supervivientes relataron que los cuerpos fueron arrojados al mar conforme iban falleciendo.
Horas después llegaba otro golpe. Una patera naufragaba al sureste de Cabrera. Diecinueve personas pudieron ser rescatadas con vida, pero dos migrantes perdieron la vida y una decena continúa desaparecida. Dos episodios distintos en apenas unas horas que resumen el elevado coste humano que sigue teniendo una de las rutas migratorias más peligrosas del Mediterráneo.
Pero la tragedia no ha frenado las salidas. Todo lo contrario. Desde el lunes se han interceptado cerca de una veintena de pateras en diferentes puntos del archipiélago, principalmente al sur de Mallorca y en Formentera, con alrededor de 300 migrantes rescatados. Solo entre el jueves y la madrugada del viernes fueron localizadas más de 150 personas en apenas veinticuatro horas.
Las cifras reflejan que la presión no remite. En lo que va de 2026 ya han llegado a Baleares más de 4.300 migrantes en patera, un ritmo que acerca al archipiélago a los registros históricos alcanzados el año pasado. En 2025 se contabilizaron 401 embarcaciones y 7.321 inmigrantes , el mayor volumen desde que existen registros oficiales del Ministerio del Interior. Si se suman ambos ejercicios, desde enero de 2025 han alcanzado las islas cerca de 12.000 personas.
La consolidación de la denominada ruta argelina preocupa especialmente al Ejecutivo autonómico. Hace apenas unos años las llegadas eran esporádicas y estacionales. Hoy forman parte de la agenda diaria de Salvamento Marítimo, Guardia Civil y Cruz Roja. Mientras miles de turistas llenan playas, hoteles y puertos deportivos, las patrulleras recorren el litoral buscando embarcaciones precarias que, en muchos casos, llegan completamente al límite de sus posibilidades.
El Govern insiste en que la capacidad de respuesta empieza a mostrar signos de agotamiento
El Govern insiste en que la capacidad de respuesta empieza a mostrar signos de agotamiento. Marga Prohens trasladó esa preocupación a Pedro Sánchez, durante el despacho que ambos mantuvieron la pasada semana en Palma, antes de la audiencia del jefe del Ejecutivo con Felipe VI. La presidenta volvió a reclamar un plan específico para Baleares y reiteró la petición de desplegar medios de Frontex en el Mediterráneo occidental, una demanda que el Ejecutivo autonómico mantiene desde hace meses.
Hasta ahora, denuncian desde el Govern, las respuestas del Estado han sido insuficientes. La medida más visible ha sido la instalación de carpas provisionales en los puertos de Palma, Ibiza y Formentera para atender a los migrantes recién llegados durante sus primeras horas en las islas antes de ser derivados a otros recursos o continuar viaje hacia la Península.
Presión también con los menores
La presión también se deja sentir en el sistema de protección de menores. Baleares tutela ya a más de 800 menores extranjeros no acompañados, unos doscientos más que hace un año. Ese incremento explica el rechazo del Ejecutivo autonómico a asumir nuevos repartos de menores procedentes de otros territorios como Canarias o, eventualmente, Ceuta. «No es una cuestión de insolidaridad; es una cuestión de falta de recursos», repiten desde el Govern.
Ese fue uno de los puntos de mayor sintonía entre Prohens y Vivas durante su encuentro en el Consolat de Mar. Ambos defendieron que los territorios frontera soportan una presión que exige una respuesta coordinada del Estado y de la Unión Europea. Mientras Ceuta teme un nuevo episodio de entradas masivas, Baleares denuncia una realidad menos llamativa para la opinión pública, pero igualmente persistente.
No es casual que el Govern haya querido aprovechar la presencia del presidente ceutí y su posterior despacho con Felipe VI para volver a situar la inmigración en el centro del debate político. En plena temporada turística, cuando la imagen internacional de Baleares está asociada al ocio y las vacaciones, el Ejecutivo autonómico pretende recordar que existe otra realidad paralela: la de las pateras que siguen llegando prácticamente a diario y la de unos servicios públicos que trabajan al límite para atender una emergencia que ya no puede calificarse de puntual.
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