La crisis de Ceuta causa el mayor choque entre España e Italia y tensiona el proyecto europeo

Interior responde a Meloni y activa los controles que obligan a los que llegan del país transalpino a mostrar el pasaporte

Diario Vasco, David Guadilla, 09-08-2026

Imágenes que parecían olvidadas de controles en las fronteras para los ciudadanos europeos, choque entre la tercera y la cuarta potencia de la UE, guerra ideológica con Pedro Sánchez a un lado y Giorgia Meloni al otro… La entrada de forma ilegal de 72.000 personas en Ceuta procedentes de Marruecos y la posibilidad de que la semana que viene pueda producirse una avalancha similar están estirando las costuras del proyecto europeo. Un edificio basado, entre otras cosas, en la confianza entre los diferentes Estados. Un valor que ha desaparecido entre España e Italia y que ha saltado por los aires en un contexto en el que el miedo a una inmigración descontrolada crece por todas partes. ¿Qué consecuencias tiene esa ruptura? Por ahora, que los miles de turistas que viajan entre los dos países tendrán que recuperar sus pasaportes. Y no son pocos: más de cinco millones de italianos viajan por España y 2,6 millones de españoles hacen lo mismo por el país transalpino. Los controles son aleatorios, apenas se identifica al 5% o al 10% de los pasajeros. Solo es un gesto, pero de calado.

La cronología de esta ruptura es sencilla. A finales de la semana pasada miles de personas entraron en la ciudad norteafricana creyendo los mensajes que circulaban en redes de que una vez en España serían regularizadas. Las imágenes saltaron a todo el mundo. Centenares de personas cruzando la frontera, muchas llegando a nado en flotadores, jóvenes haciendo el signo de la victoria, familias enteras buscando un destino mejor, guardias civiles sacando niños del agua… Nadie pudo parar un aluvión del que el Gobierno asegura que nadie le avisó, en un claro mensaje al CNI. Se estima que la cifra de fallecidos supera de largo el centenar. Al ver que la realidad tenía poco que ver con las expectativas creadas la gran mayoría regresó por donde había venido. Pero daba igual, el miedo también había saltado las fronteras de España.

La inmigración se ha convertido en un elemento clave en la batalla política europea. El miedo a la llegada masiva de personas de otros países se ha convertido en una de las principales banderas de la extrema derecha. Todos los sondeos apuntan al ascenso de formaciones populistas y que se mueven en ese espacio. En el Reino Unido con Nigel Farage, en Alemania con la AfD, en Francia con Marine Le Pen, en España con Vox o en Italia, donde Meloni siente la presión de otros grupos ultras.

Las alarmas se encendieron en la mayoría de las capitales europeas, que cargaron con dureza contra el Gobierno español, al que le vinieron a responsabilizar de un efecto llamada por el proceso de regularización abierto en los últimos meses. El problema, para ellos, radicaba en uno de los grandes logros de la UE: el espacio Schengen, la posibilidad de circular libremente por Europa sin necesidad de mostrar pasaportes. A pesar de las garantías que trasladó el Gobierno asegurando que en ningún momento los llegados a Ceuta podrían disfrutar de esa libertad, muchos temieron que acabarían atravesando la frontera española y llegar a sus países.

La tensión parecía haberse rebajado después de que las instituciones comunitarias y la mayoría de los ejecutivos cerrasen filas con España y le expresasen su solidaridad, aunque advirtiendo que habría que reforzar las fronteras. Pero Meloni elevó la presión y decidió establecer controles a los viajeros que llegaban de España a los puertos y aeropuertos italianos. El enfado de Moncloa fue mayúsculo y de las quejas se pasó a los hechos.

El viernes, el Gobierno anunció que si Roma no quitaba los controles, España respondería con medidas «proporcionales». Italia no aceptó el ultimátum y aseguró que los mantendría al menos hasta el próximo sábado tras desvelarse que ese día podría haber una nueva avalancha. La respuesta de Madrid no se hizo esperar. Horas después confirmó que activaría una medida similar con los vuelos procedentes de Italia «ante la persistente presión migratoria irregular que sufre el país trasalpino» y que la mantendría en vigor hasta el próximo 7 de septiembre salvo que «un cambio en las circunstancias que han motivado su adopción aconseje modificar ese plazo». Según Frontex, Italia es el Estado miembro que «más cruces irregulares ha registrado en los últimos años», con cifras que han llegado a duplicar las de España.

La medida entró en vigor ayer no solo en los aeropuertos de Madrid y Barcelona, sino también en los de Málaga, Sevilla, Bilbao, Alicante y Valencia. Se vieron imágenes inéditas, por lo menos en las últimas décadas. Pasajeros recién aterrizados desde cualquier ciudad italiana teniendo que enseñar sus pasaportes a los agentes de la Policía Nacional o la Guardia Civil que realizaban controles aleatorios. Algunos a pie de pista. Las primera imágenes fueron distribuidas por las propias fuerzas de seguridad, en una demostración de que se quería demostrar con pruebas que se estaba respondiendo al pulso lanzado por Meloni.

La iniciativa, tanto en el caso italiano como en el español, es sobre todo efectista porque su mayor impacto es que genera algún retraso para los viajeros y obliga a mostrar el pasaporte. Pero tiene sobre todo un impacto diplomático y varias derivadas políticas. A Sánchez le vale para volver a aparecer como el principal referente de la izquierda y la némesis de Meloni, adalid de la derecha más conservadora y a la que la oposición italiana también le está cuestionando al considerar que el intento de «hacer quedar en ridículo a España a nivel internacional se ha convertido en un gol en propia puerta». Un dato a tener en cuenta: el 11 de abril del año que viene hay elecciones en Italia.

También las habrá en España, y el enfrentamiento con Italia puede colocar en una situación complicada al PP y a Vox. Hasta ahora, tanto los de Alberto Núñez Feijóo como los de Santiago Abascal han encontrado en la crisis de Ceuta un ariete perfecto para tratar de desgastar a Sánchez. Pero este escenario es diferente porque ahora los perjudicados por las decisiones del Gobierno italiano son ciudadanos españoles, no inmigrantes que han entrado de forma ilegal en Ceuta. En el caso de Abascal, además, hay una estrecha relación personal. El pasado mes de enero recibió en su casa de Madrid a Meloni

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