Michigan prolonga la ola progresista, pero muestra la división demócrata

La carrera para elegir al candidato demócrata al Senado por Michigan ha sido una de las que más expectación ha despertado en las primarias. Se ha impuesto el izquierdista Abdul El-Sayed, aunque no con la holgura que le deparaban las últimas encuestas. Ahora, el reto será validar este triunfo en noviembre, en unos comicios cruciales para el Congreso.

Gara, Urtzi URRUTIKOETXEA, 06-08-2026

Las primarias de Michigan para designar el candidato al Senado en las elecciones de medio mandato ya tienen un ganador: Abdul El-Sayed y el sector izquierdista que representa (aunque, a diferencia de otros candidatos, El-Sayed rechaza utilizar el término socialista, por considerar que puede tener un efecto negativo entre algunos votantes). Se prolonga así la ola progresista de las últimas semanas en otras elecciones primarias, demostrando que no se trata de un fenómeno excepcional o solo localizado en Nueva York. De hecho, la ola ya se había extendido a estados como Colorado. Pero en Michigan lo que estaba en juego era el Senado.

En los últimos días, las encuestas situaban en cabeza a El-Sayed. Al final, su victoria no ha sido tan amplia como se había pronosticado (algunos sondeos le otorgaban una ventaja superior a los diez puntos). Concretamente, ha sido de apenas un punto, lo que demuestra una vez más que las encuestas pueden errar.

Este médico hijo de emigrantes egipcios ha contado con el apoyo de los principales líderes del socialismo democrático, como Bernie Sanders, Alexandria Ocasio-Cortez y Zohran Mamdani, al igual que miles de voluntarios que han recorrido el estado puerta a puerta para conseguir el voto.

Esa ilusión, reflejada en los sondeos, quizás no ha dejado ver la preocupación que también surge en ciertos sectores demócratas. Cuando en la CNN le preguntaron a Sanders sobre la posibilidad de que El-Sayed ganara las primarias pero perdiera las elecciones en noviembre, el senador de Vermont respondió lo obvio: que esa misma pregunta se podría hacer en el caso contrario, si la centrista Haley Stevens fuera la candidata.

De hecho, fue lo que se le reprochó en 2024 a ciertos votantes de izquierdas una minoría, comparativamente que declararon que no votarían por Kamala Harris si los demócratas y el Gobierno de Joe Biden no cambiaban su actitud hacia Israel. La disciplina de la izquierda es mucho mayor a la hora de votar candidatos que no ilusionan, si con ello se consigue parar el trumpismo. En una encuesta publicada la semana pasada por “The Hill”, el republicano Mike Rogers aventajaba en diez puntos a El-Sayed como candidato, mientras que la diferencia se reducía al preguntar por Stevens como aspirante.

Sea como fuere, el resultado es claro: los 60 millones de dólares gastados a favor de la candidata del establishment demócrata y el apoyo del lobby proisraelí Aipac no han servido para ganar las primarias. De hecho, El-Sayed acertó en anular el mensaje del miedo de Stevens, preguntando a la ciudadanía si prefería que sus impuestos fueran para Israel o para la sanidad pública.

EL-SAYED YA ES CANDIDATO Y SE ENFRENTARÁ AL REPUBLICANO ROGERS EN NOVIEMBRE.
Será entonces cuando se vea si la profunda división que ha aflorado entre los demócratas tiene reflejo en las urnas o si, por el contrario, se impone la unidad necesaria para derrotar a un Partido Republicano completamente alineado con Donald Trump.

Desde la perspectiva demócrata, Michigan es un estado imprescindible para mantener vivas las esperanzas de recuperar el control del Congreso en Washington. De hecho, estas primarias son para elegir al candidato que optará a un escaño del Senado que ya está en manos demócratas. Se trata de sustituir al senador demócrata Gary Peters, que ha decidido no presentarse a la reelección.

Históricamente, Michigan ha sido un estado industrial de tradición demócrata, pero Trump se hizo con él en 2024. En aquellas elecciones, los republicanos también lograron la mayoría con la que cuentan actualmente en el Congreso. Los demócratas tienen muchas opciones de recuperar la Cámara de Representantes, pero el Senado se presenta más complicado: ahora tienen cuatro escaños menos. Por eso, además de conservar los que ya tienen entre ellos el de Michigan, deberán arrebatar a los republicanos al menos alguno de los que ocupan actualmente.

Perder la mayoría en el Congreso dificultaría enormemente la acción de gobierno de Trump e incluso podría abrir la puerta a un eventual proceso de destitución impulsado por los demócratas.

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