Ceuta, la inmigración como arma
La falta de respuesta a esta violación sin precedentes de las fronteras europeas engorda a los populismos
La Razón, , 06-08-2026El activista austriaco de extrema derecha Martin Sellner, líder del Movimiento Identitario, viajó a Ceuta el fin de semana para explotar la espectacular incursión de 72.000 jóvenes marroquíes en la ciudad autónoma. En las imágenes se ve a Sellner y otros activistas gritando “¡Remigración!”. El movimiento, que nació en Francia en 2012, se opone ferozmente a la inmigración musulmana, a la que considera “una amenaza a la identidad europea”. La “invasión” de Ceuta plasma todos sus temores. En un vídeo muestra a los inmigrantes que aún permanecen allí: caminan por las calles gritando “¡Allahu Akbar!” (Alá es grande). “Sánchez mintió”, escribe Sellner en sus redes sociales. Otro radical habla de “sustitución étnica”, en alusión a la teoría conspirativa del “Gran Reemplazo”, según la cual la población nativa europea estaría siendo sustituida deliberadamente por inmigrantes.
En Alemania, casi al mismo tiempo en que se producía el cruce masivo en Ceuta, la candidata principal de la AfD en Berlín, Kristin Brinker, denunciaba en la radio el peligro del efecto llamada en Europa. Si España les dice a los inmigrantes ilegales que ahora pueden quedarse y recibir todos sus derechos, “es obvio que esto se correrá de boca en boca”. El temor a la invasión migratoria ha sido un principio fundamental de la AfD durante años. Nació como partido antieuro, pero creció y se consolidó como partido antiinmigración. La crisis de Ceuta le sirve de munición en las precampañas de Sajonia – Anhalt, Mecklemburgo – Pomerania Occidental y Berlín.
En Francia, el episodio es gasolina para Marine Le Pen, que lidera cómodamente las encuestas. “En 2027 reservaremos la libre circulación dentro del espacio Schengen” exclusivamente para los ciudadanos europeos, anunció la candidata de Reagrupación Nacional poco después del incidente, dando así el pistoletazo de salida a su campaña. En Ceuta, sin embargo, no se aplica Schengen.
A nivel nacional, Vox ve su profecía autocumplida y enarbola el principio de la “prioridad nacional”. En Cataluña, los de Orriols tocan con la yema de los dedos el sorpasso a Junts, que ha entrado en pánico y amenaza con romper con el Gobierno si se envía a Cataluña a alguno de los 6.000 menores marroquíes que permanecen en Ceuta.
No debería sorprendernos: el cruce de 72.000 personas representa una violación sin precedentes de las fronteras europeas, y su falta de respuesta engorda a los populismos. Sánchez tiene mala salida, tanto si insiste en que no se enteró de nada, pese a los mensajes que circularon los días previos en las redes sociales de los jóvenes marroquíes, como si dice lo contrario. Ha quedado en evidencia por su pasividad ante un hecho de semejante envergadura, y su playlist del verano tampoco ha ayudado a proyectar seriedad entre los 27. Parecida es la posición de Marruecos, que insiste en que el acto no fue orquestado. En la retina de los españoles, sin embargo, sigue el asalto de 2021, cuando el Gobierno trató en un hospital de La Rioja al líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, enfermo de covid. Esta vez podría ser una represalia por la reciente visita de Pedro Sánchez a Argelia. Esta visita tenía como objetivo mejorar las relaciones bilaterales, muy tensionadas desde que Sánchez reconoció en 2022 la soberanía marroquí sobre el antiguo Sáhara español. Mohamed VI, como Erdogan o Lukashenko, utiliza la inmigración como un arma.
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