Ceuta: la protección a la infancia que no aparece en titulares
Es imprescindible garantizar el amparo a los menores que reconoce la legislación
Diario Vasco, , 06-08-2026Lo ocurrido en Ceuta durante los últimos días ha ocupado portadas, tertulias y declaraciones políticas. Hemos escuchado análisis geopolíticos, reflexiones sobre la gestión fronteriza y debates sobre las relaciones entre Estados. Sin embargo, entre el ruido de las cifras y las disputas políticas, hay una pregunta esencial que apenas encuentra espacio: ¿qué está pasando con los niños y niñas que llegaron a Ceuta y que continúan allí?
Sabemos cuántos agentes se han desplegado, qué medidas de seguridad se han puesto en marcha y cuántas personas cruzaron la frontera según las distintas estimaciones. Pero sabemos mucho menos sobre cuántos niños y niñas exactamente han llegado, cuántos lo han hecho solos o acompañados o cuántos están separados, donde están y cómo están siendo acogidos quienes necesitan una protección especial por tener menos de 18 años. Y sin esa información resulta imposible comprender plenamente la dimensión humana de lo que está ocurriendo.
No basta con conocer que entre las personas que han llegado hay niños y niñas. Es imprescindible tener más detalle sobre sus circunstancias y garantizar que todos ellos sean identificados como tales y reciban la protección que les reconoce la legislación española e internacional. En una situación de llegadas masivas, esta es una tarea compleja, pero precisamente por ello debe situarse en el centro de la respuesta. Además, es necesario contar con un punto focal especializado en infancia que, apoyando tanto al sistema territorial de protección como al sistema de acogida humanitaria, centralice la información y coordine la gestión durante la emergencia.
Durante días hemos escuchado cifras muy diferentes sobre el número de personas menores de edad presentes en Ceuta. Sin embargo, más allá del dato exacto, la cuestión fundamental es otra: dónde están, cómo están y quién está atendiendo sus necesidades. Necesitamos que se sepa que deben dormir en espacios adecuados y seguros, que tengan acceso a alimentación, atención sanitaria y apoyo psicológico, que no permanezcan en la calle o en entornos que los exponen a riesgos adicionales.
La Ciudad Autónoma de Ceuta se ha enfrentado a una situación extraordinaria para la que ningún sistema ordinario de protección está dimensionado. Sus recursos de acogida tienen una capacidad limitada y no pueden absorber de un día para otro la llegada de centenares de niños, niñas y adolescentes. Por eso resulta imprescindible reconocer el esfuerzo realizado por las instituciones, las organizaciones sociales y los profesionales que trabajan sobre el terreno. Y también lo es visibilizar cuáles son las necesidades existentes y qué apoyo adicional requiere la ciudad para garantizar una respuesta adecuada.
Porque no estamos ante un fenómeno que pueda abordarse únicamente desde una lógica de control fronterizo. Estamos hablando de niños y niñas. Y cuando un niño llega solo a nuestro territorio, la primera obligación es protegerle. Eso implica identificarlo correctamente, cubrir sus necesidades básicas y garantizar que ninguno duerma en la calle ni permanezca en una situación de desamparo.
También implica escucharle. Conocer sus circunstancias personales, entender por qué ha llegado, averiguar si tiene familiares a los que localizar y valorar cuál es la solución que mejor responde a su interés superior. Los procedimientos que afecten a su futuro deben ser individualizados y contar con todas las garantías. Ninguna decisión puede adoptarse únicamente desde una perspectiva colectiva. Cada niño tiene una historia, unas necesidades y todos tienen los mismos derechos.
La protección de la infancia no puede convertirse en una cuestión secundaria que queda relegada tras los debates políticos. Por el contrario, debería ser uno de los principales indicadores para evaluar la calidad de cualquier respuesta institucional ante una crisis de estas características. Cómo son acogidos los niños y niñas, las familias, qué recursos se movilizan para atenderlos y qué medidas se adoptan para garantizar sus derechos son preguntas tan importantes como cualquier otra relacionada con la gestión de la frontera.
Necesitamos hablar más de la respuesta de protección. Necesitamos conocer qué mecanismos se han activado, qué entidades están colaborando, cuáles son los desafíos que persisten y qué recursos adicionales son necesarios para asegurar que ningún niño quede fuera del sistema. Necesitamos poner rostro y realidad a quienes corren el riesgo de convertirse únicamente en una cifra.
Hace un siglo, Eglantyne Jebb, fundadora de Save the Children, afirmó: «Tenemos que idear formas de dar a conocer los hechos de tal manera que conmuevan la imaginación del mundo». Hoy sus palabras conservan toda su vigencia. Los hechos no son únicamente los movimientos fronterizos, las estadísticas o las decisiones gubernamentales. Los hechos son también los niños y niñas que han llegado a Ceuta, las condiciones en las que están siendo acogidos y la capacidad que tengamos como sociedad de responder a sus necesidades. La sociedad necesita tener la foto completa de esta realidad para poder comprender también lo que está sintiendo la infancia y adolescencia que llega sola o con sus familias.
Porque, cuando la atención mediática desaparezca y los titulares se desplacen hacia otra crisis, ellos seguirán allí. Y la verdadera medida de nuestra respuesta no será cuántas personas lograron entrar o salir de la ciudad, sino si fuimos capaces de proteger a cada niño y cada niña que necesitó nuestra ayuda.
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