Le llamaba "moro de mierda" y un día le persiguió con un cuchillo: condenado un hombre por amenazar y agredir a su compañero de piso sirio en Pamplona
El tribunal considera acreditado que los insultos racistas eran habituales en la convivencia y que la víctima tuvo que defenderse con una mesa ante el ataque con el cuchillo
Diario de Noticias, , 06-08-2026La Sección Cuarta de lo Penal del Tribunal de Instancia de Pamplona ha condenado a un pamplonés de 59 años a dos penas de 12 meses de prisión –una por un delito de amenazas y otra por un delito de lesiones– tras acreditar que insultó de forma reiterada, empujó, golpeó y amenazó con un cuchillo a su compañero de piso, un hombre de origen sirio, en un episodio ocurrido en abril de 2024 en una vivienda compartida de Pamplona.
Ambos convivían desde hacía varios años en un piso de la capital navarra, en el que también residían otros inquilinos. Según recoge la sentencia, los insultos hacia la víctima por su origen no eran un hecho aislado sino una constante en la convivencia. El acusado, de nacionalidad española, le reprochaba con frecuencia que “por culpa de los refugiados” él vivía como vivía y le dirigía expresiones despectivas de manera habitual, algo que corroboraron en el juicio otros dos compañeros de piso. El detonante de la agresión, según los hechos declarados como probados, fue una discusión por los horarios de uso del baño. Aquel día, el acusado increpó a la víctima llamándole “hijo de puta”, “puto refugiado” y “moro de mierda”. La tensión fue en aumento hasta que el acusado le empujó y golpeó en el pecho y, acto seguido, cogió un cuchillo de la cocina, le persiguió por el pasillo y le esgrimió el arma mientras le decía: “Te voy a reventar, puto refugiado de mierda, te voy a rajar”. El perjudicado tuvo que utilizar una mesa a modo de escudo para protegerse, hasta lograr encerrarse en su habitación y avisar a la Policía Municipal, que acudió al domicilio hasta en dos ocasiones ese mismo día.
A consecuencia de la agresión, el afectado sufrió una contusión en el hombro derecho y cervicalgia, lesiones que, según los informes médicos, tardaron 114 días en curarse. A ello se sumó un cuadro de estrés postraumático derivado de la situación de maltrato continuado, con síntomas como “insomnio, pesadillas recurrentes y conductas de evitación”, que le llevaron a mudarse temporalmente de domicilio por miedo a represalias y a iniciar tratamiento psicológico. El conjunto de secuelas físicas y psíquicas fue valorado en tres puntos.
El acusado negó haber cogido un cuchillo
Por su parte, el acusado negó en todo momento haber cogido un cuchillo o haber proferido amenazas, y reconoció únicamente haberle propinado “una colleja” tras el intercambio de insultos. Además, sostuvo que fue la víctima quien le esperó con la tabla de una mesa para agredirle a él. El tribunal, sin embargo, consideró que la declaración de la víctima cumplía los requisitos de verosimilitud y persistencia en la incriminación, reforzadas además por una prueba de cargo variada y coherente, ya que dos testigos –otros compañeros de piso– declararon haber visto al acusado con el cuchillo en la mano y haberle escuchado proferir insultos racistas de forma habitual, mientras que los informes médico – forense y psicológico avalaron la compatibilidad de las lesiones físicas y psíquicas con el relato de los hechos. Uno de esos testigos declaró de forma espontánea pese a reconocer que temía represalias por seguir conviviendo con el acusado, un elemento que el tribunal valoró especialmente a la hora de dar credibilidad al conjunto de la prueba.
Por todo ello, el tribunal impone al acusado dos penas de 12 meses de prisión –por un delito de amenazas y por un delito de lesiones–. Además, le prohíbe acercarse a menos de 200 metros de la víctima, de su domicilio o de su lugar de trabajo, así como comunicarse con él por cualquier medio durante 24 meses. Asimismo, deberá indemnizarle con 7.830 euros por las lesiones sufridas y otros 900 por las secuelas.
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