Donostia, de premiar el auxilio a migrantes a vetar las cenas solidarias en un año
Este sábado se inician las fiestas de Donostia y sorprende recordar que el último cañonazo lo lanzaron una asociación que ayudaba a migrantes malienses y el Banco de Alimentos. Y es que el alcalde acaba de prohibir las cenas solidarias. ¿Tanto ha cambiado el Gobierno con el relevo de Goia-Insausti?
Gara, , 06-08-2026La Aste Nagusia donostiarra arranca este sábado con el debate ciudadano agitado por una decisión de la Alcaldía: la reciente prohibición de las cenas a migrantes de Kaleko Afari Solidarioak, convertida en toda una señal de la impronta que quiere marcar Jon Insausti. Visto esto, parece que no hubiera pasado un año, sino una década, o bien que se hubiese producido un vuelco político radical en el Ayuntamiento, desde el anterior inicio festivo. Y es que, aunque se haya podido olvidar ya, el anterior cañonazo oficial lo lanzaron en Alderdi Eder Amara Berri Auzo Elkartea (ABAE) y el Banco de Alimentos de Gipuzkoa.
Recordemos el momento, no diferente al actual en esencia. En las calles de ese barrio donostiarra se habían congregado desde dos meses atrás decenas de migrantes llegados de Malí, huyendo de la guerra y la pobreza, para intentar cumplimentar los trámites de reconocimiento de su condición de refugiados en la cercana Subdelegación del Gobierno español, peleando con la burocracia y las dilaciones. Pasaría lo mismo meses después en Gasteiz. A falta de respuesta institucional, los vecinos de Amara Berri se volcaron en su apoyo y lograron un ambiente de confraternización muy satisfactorio para unos y otros. Finalmente, pasadas las fiestas, se procedió a su traslado a un centro oficial en Oñati.
El Ayuntamiento que entonces dirigía Eneko Goia culpó al Gobierno español de la situación y otorgó a ABAE el reconocimiento que supone abrir las fiestas de Donostia, junto al Banco de Alimentos, cuya labor de asistencia es archiconocida y permanente. Tenía mucha lógica y coherencia la decisión de premiarles, teniendo en cuenta que la asociación había asumido un problema que correspondía atender al Consistorio.
Hay que matizar que la asociación vecinal participó en el acto con carácter crítico, «sin talante festivo» y dejando claro que el Ayuntamiento «sigue sin cumplir la parte sustancial de lo que aprobó, por unanimidad, en su último Pleno de habilitar los recursos necesarios para que las personas que están en la plaza Cofradías de Amara Berri, esperando que se les reconozca su condición de refugiadas, dejen de vivir en condiciones inadmisibles. Cada día que pasa nos sentimos defraudados porque no se proporcione a esas personas y, por supuesto, a todas aquellas otras que se ven obligadas a vivir en la calle, un techo y los servicios mínimos para vivir con dignidad, como exige el respeto por los derechos humanos», expresó.
Un año después, esa asistencia a personas necesitadas no se premia sino que se prohíbe. No hay diferencia real entre la labor de ABAE y el Banco de Alimentos y la de KAS. Es más, en muchos casos las personas que participan en estas iniciativas son las mismas. De hecho, Amara Berri (concretamente el entorno de Anoeta) era uno de los tres puntos en que se repartían las cenas solidarias ahora vetadas, junto a la Plaza de la Constitución y la Plaza Gipuzkoa.
Llegados a este punto, el cambio de criterio, lo que parece un giro de 180 grados, ¿tiene que ver con el relevo de Eneko Goia por Jon Insausti en octubre pasado, un trapicheo entre miembros del mismo partido, decidido desde la cúpula del PNV y sin pasar por las urnas? ¿O tiene que ver con el momento político, marcado por el auge de los discursos de ultraderecha y la proximidad de las elecciones municipales? Las dos preguntas son obvias.
Pese a ser mucho más joven, el nuevo alcalde-candidato ha recurrido a un discurso muy ‘viejuno’: el de la delincuencia ligada a la migración y el paralelo de la seguridad entendida como mera acción policial y prohibición, sin acción preventiva. Ya desde sus primeras intervenciones Jon Insausti marcó que iba a ser una de sus prioridades. Como señal clara, Insausti defendió que se informe del origen de las personas detenidas cuando sean extranjeras, en la línea del Departamento de Seguridad de Lakua, y contrariamente a lo que han decidido el Ayuntamiento de Bilbo de su mismo partido, el Ararteko o su socio de gobierno, el PSE.
¿No habrían acabado delinquiendo los refugiados malienses si los vecinos de Amara Berri no les hubieran facilitado la comida, la ropa o los medicamentos que necesitaban? ¿Por qué se premió aquello y se persigue esto?
Para prohibir estas cenas solidarias de KAS, el alcalde ha asegurado que existen informes de la Guardia Municipal sobre incremento de delitos en las zonas respectivas. Sea así o no (habría que analizar otros factores como el incremento de inseguridad en cualquier zona marcadamente turística como esta), parece evidente que el riesgo de delincuencia no mermará sino que aumentará si esas 300 personas no son atendidas en lo más básico. ¿No habrían acabado delinquiendo los refugiados malienses si los vecinos de Amara Berri no les hubieran facilitado la comida, la ropa o los medicamentos que necesitaban? ¿Por qué se premió aquello y se persigue esto?
El momento también es relevante como explicación; a la vuelta de la esquina están las elecciones de mayo. Un inciso: otro de los aparentes motivos de Insausti al margen de la seguridad, no verbalizado, es que el reparto de comida a personas necesitadas crea mala imagen en zonas tan turistificadas como ‘la Consti’, en el corazón de la Parte Vieja.
Basta asomarse estos días a esa zona para comprobar que no parece que ese reparto esté desestimulando la llegada de visitantes, masiva ya en todo el año. Pero además, para muchos vecinos de toda la vida (e Insausti lo sabe porque lo es) tan incómodas o más que estas ‘colas del hambre’ son las ‘colas de la opulencia’ ante tabernas de moda, en busca de un pincho de tortilla o una tarta de queso, o las caravanas de turistas tras un guía con megáfono. Son las contradicciones absurdas de una sociedad cada vez más desigual. Este pasado fin de semana hubo una concentración de denuncia de la sobreocupación planificada y abusiva del espacio público en las escalinatas de la basílica de Santa María.
Es probable que en clave electoral este PNV que ha colocado a Insausti haya visto la necesidad de rascar votos al PP para mejorar posición en la pugna con EH Bildu, y que para ello haya recurrido a la cuestión más evidente y manipulable: el perverso binomio seguridad-migración. Sin embargo, está muy testado ya que en estos casos la ciudadanía suele preferir el original a la copia. Y está claro que además el PNV siempre va a rebufo del PP en estas campañas. Ocurrió ya con Goia, cuando suprimió las cenas solidarias en Egia después de que los concejales de la derecha española alentaran concentraciones, o cuando desmanteló un pequeño campamento de migrantes en una zona de monte, en Ulia, después de que el PP lo señalara en redes. Nada nuevo bajo el sol, aunque sí peor.
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