Condenas de hasta cinco años para los neonazis alemanes de 'Última Ola de Defensa'

Los acusados tenían entre 14 y 21 años cuando cometieron intentos de asesinato, incendios provocados y lesiones corporales peligrosas en su cruzada para «salvar a la nación alemana»

Diario Vasco, Rosalía Sánchez, 05-08-2026

Ben H. tenía sólo 13 años cuando se unió a «Última Ola de Defensa» (L.V.W.), organización terrorista alemana de extrema derecha cuyo objetivo principal era «crear el caos». Cuando este miércoles ha escuchado en la sala 237 del Tribunal Regional Superior de Hamburgo su condena a un año y «medio de detención juvenil», ha asentido con la cabeza. Ha recibido una palmada en la espalda de su abogado y ha sonreído al escuchar la expresión «libertad condicional».

La jueza que presidía el tribunal, Ulrike Taeubner, ha sido menos indulgente con otros miembros del grupo, como Jason R., que escuchaba el veredicto ataviado con chaqueta bomber, camiseta de Lonsdale y cabeza rapada. «¿Pensáis que parágrafos, vuestros ridículos castigos podrán silenciarnos? ¡Pronto será el momento del verdugo!», ha declarado todavía bajo custodia, a lo que la jueza ha respondido que «no hay mejor manera de describir las tendencias dañinas«, de la organización.

En total siete miembros, que en momento de cometer los delitos tenían entre 14 y 21 años, han sido condenados a penas de hasta cinco años de prisión por intento de asesinato, incendio provocado y lesiones corporales peligrosas. Desde ataques iniciales, como incendiar un centro cultural en Altdoebern en octubre de 2024, hasta el lanzamiento de fuegos artificiales a un albergue de refugiados en Schmoelln, en enero de 2025, llevaban a cabo todo tipo de actos violentos que rubricaban con pintadas nazis y con el argumento de «salvar a la nación alemana».

La periodista alemana Angelique Geray pasó meses infiltrada en la red neonazi «Last Wave of Defense» y contribuyó a su exposición pública. Puso en evidencia dónde y cómo se están formando redes extremistas de derechas: en reuniones de contenido conspiranoide y en situaciones que se suponía que debían parecer inofensivas, además del reclutamiento de jóvenes talentos en redes en conexión con los debates públicos más acalorados.

«Última Ola de Defensa» fantaseaba con un nuevo Reich. Uno de los acusados se creía destinado a convertirse en el nuevo «jefe de la Gestapo» en Hesse y asistió durante varias semanas a charlas de contenido misántropo. «Son jóvenes que se veían capaces de tomar el control de un gobierno y que no solo atraían la atención con posturas juveniles y discursos exagerados, sino que estaban actuando conscientemente para destruir personas y medios de vida enteros», ha explicado el portavoz del tribunal, Florian Vogelsang.

La sentencia considera probado que el grupo planeaba ataques potencialmente mortales contra refugiados, disidentes políticos y «garrapatas de izquierdas». «¿Pero para qué?» preguntó Taeubner durane la lectura de la sentencia a los condenados, «¿para defender valores fundamentales? ¿la ley y el orden? «¿queríais defender eso cometiendo delitos, incendiando cubos de basura, excavadoras, casas y albergues para refugiados?». «El hecho de que esto fuera contradictorio debería haber sido notado por los acusados incluso a una edad temprana», ha concluido su intervención.

El tribunal clasifica a «Última Ola de Defensa» como una organización terrorista de derechas bien estructurado, con capacidad de organizar manifestaciones violentas, movilizarse contra actos de la comunidad queer y relacionados con grupos similares como «Joven y Fuerte» o «Juventud Alemana por Delante». Se comunicaban a través de chats «inhumanos» que no ocultaban su ideología nazi y respondían a cierta jerarquía, con cargos reconocidos como «Gauleiter», «Ministro de Propaganda» y «Führer», pero no ha sido posible detectar financiación externa.

«Rezuman odio. Sueñan con un «pueblo puro», relativizan el Holocausto y odian a los inmigrantes, a cualquiera que no aparente raza aria están dispuestos a hacerle daño de forma gratuita», ha descrito Geray, que advierte que este juicio es sólo la punta del iceberg de una realidad juvenil que prolifera, no sólo en Alemania, sino en varios países del centro y el norte de Europa.

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