Éric Cantona

“Le tenía que haber dado más fuerte”: Éric Cantona, el futbolista que convirtió una patada a un racista en un evento social

El futbolista reconvertido en actor sigue en activo en la pantalla con un documental sobre su vida, una comedia como protagonista y la serie ‘El viajero’, que acaba de estrenar en Cosmo

El País, Eva Güimil, 05-08-2026

Se retiró del fútbol a los 31 años, así que, más que un futbolista que se dedica a la actuación, podríamos decir que Éric Cantona (Marsella, 60 años) es un actor que un día fue futbolista. Tras más de tres décadas de carrera actoral a sus espaldas no deja de sumar títulos: presentó tres trabajos en el último festival de Cannes —un documental sobre su figura (Cantona), una película (Las mañanas maravillosas) y un cortometraje (The Sentinel)— y acaba de estrenarse en Cosmo El viajero, una serie protagonizada por él. Dijo adiós a los estadios a una edad en la que un futbolista todavía está en plena forma, pero este francés nada convencional lo tuvo claro a pesar de las ofertas millonarias para continuar en activo. “Cuando me retiré, sentí que ya no podía mejorar más. Y al mismo tiempo perdí la pasión. La pasión viene con la motivación de mejorar. Si pierdes la pasión, pierdes la motivación”, sentenció.

Dejó tras de sí una carrera que incluye cuatro títulos de la Premier League con el Manchester United y una liga francesa con el Marsella. Pero su mayor legado futbolístico es su actitud, su figura inimitable, siempre con la espalda recta, alerta, con el pecho hinchado y los cuellos de la camiseta levantados, una aportación que The New York Times incluyó entre los treinta elementos más icónicos de la Premier League. “¿Cuál es la definición de arrogancia?”, se preguntaban. “¿Cómo se definiría la arrogancia en términos de objetos? ¿Un sombrero de copa? ¿Un abrigo de piel y una corona? Creemos que es un cuello levantado. Concretamente, el cuello levantado de Eric Cantona”.

Él no le da tanta importancia. “Me puse la camiseta. Hacía frío. El cuello se mantuvo levantado, así que lo dejé así. Ganamos, así que se convirtió en una costumbre jugar con el cuello levantado”. Siempre fue más que un futbolista un personaje. Un tipo que adora a Rimbaud y el fauvismo, un hombre solitario que prefiere una vida tranquila en el campo a los lujos que rodean a la mayoría de las estrellas del balón. “El dinero no ha cambiado mi vida”, declaró en la cima de su estrellato en Manchester, “y nunca la cambiará. Quizás les parezca extraño que piense que la felicidad no proviene de poder comprar el coche que uno desea o de tener dinero en una cuenta bancaria. No lo creo. Todo es cuestión de educación”.

Éric Cantona rodeado de periodistas en París en 1988.
William STEVENS (Gamma-Rapho via Getty Images)
Hablando de coches: tuvo un Rolls-Royce Corniche que donó en 2013 en beneficio de las personas sin hogar y tras ser tuneado por el grafitero JonONe alcanzó un precio de 113.000 euros. Son detalles que sorprenderán a quienes solo lo conozcan por un gesto que marcó su carrera hace tres décadas. Su legendaria patada voladora a un hincha del Crystal Palace en 1995 después de que le gritase: “¡Vete a tu país, hijo de puta francés!”. En ese momento Cantona se dirigía al túnel de vestuario tras haber sido expulsado y al escucharlo saltó sobre el espectador y le propinó una patada de kung-fu. Las imágenes dieron la vuelta al mundo. A pesar de las consecuencias –una suspensión de ocho meses, un cargo penal de agresión y 120 horas de servicio comunitario que cumplió entrenando a niños en las instalaciones del Manchester United–, nunca se arrepintió. “Le tenía que haber pateado más fuerte. Lo merecía. Lo hice y no lo lamento”, asegura en el documental sobre su figura presentado en mayo en el certamen francés.

Éric Cantona bebiéndose una pinta en 1992 antes de un partido contra el Sheffield.
Mark Leech/Offside (Getty Images)

Sir Alex Ferguson y Éric Cantona posan juntos en Manchester en 2010.
John Peters (Manchester United via Getty Imag)
Es el incidente más llamativo, pero no el único de una carrera trufada de expulsiones, incidentes verbales y peleas tanto con jugadores rivales como con sus propios entrenadores o con la prensa. Incluso contra el Comité Disciplinario Francés. Tras lanzar un balón al árbitro durante un partido de la liga fue suspendido durante un mes. Su respuesta fue llamar idiotas a todos los miembros del comité.

Aquella patada causó una controversia monumental en Inglaterra. Hubo quien pidió su deportación e incluso que se le prohibiese jugar al fútbol de por vida. Para quien no hubo debate fue para la afición del Manchester. Su vuelta al equipo fue un acontecimiento. En su retorno marcó de penalti y dio un pase de gol. Sus seguidores se volvieron locos; eran los mismos que no lo habían abandonado tras la suspensión y él, que en ese momento valoraba dejar el fútbol inglés, lo apreció. “Me gustó cuando estaba en el juzgado y los aficionados me apoyaban. Viajaron desde Manchester, a mitad de semana, hasta Croydon. Pude sentir ese apoyo y me ayudó mucho. El club también me apoyó. Así que me quedé”, reconoció. Adoraban al “Rey Éric”; no era el mejor jugador de la Premier, tenía un buen disparo, claridad de pase e iba bien de cabeza, pero no era un virtuoso. Lo que ofrecía era otra cosa: electrificaba a la afición, su energía hacía mejores a sus compañeros; cuando estaba en el campo, pasaban cosas. Era, como escribió en EL PAÍS Julio César Iglesias, “un tipo avinagrado capaz de maldecir como un demonio y de jugar como un ángel”.

Éric Cantona frente a la prensa antes de su debut en el Leeds en 1992.
Stephen Munday (Getty Images)

Éric Cantona como modelo de Paco Rabanne durante un desfile en París en 1993.
ARNAL (Gamma-Rapho via Getty Images)
Su personalidad volcánica despertó del letargo al Manchester y también al fútbol inglés, al que llegó tras rebotar por varios equipos franceses; fue Platini, otra leyenda gala, quien lo llevó a la Premier. Fue uno de sus valedores, junto con Alex Ferguson, el entrenador eterno del Manchester United, un hombre al que considera como otro padre. También le adoraba George Best, la gran figura del fútbol británico, que afirmó que “daría todo el champán que he bebido por jugar junto a Cantona en un gran partido europeo en Old Trafford”. No está nada mal para el hombre cuya frase más recordada fue: “Cuando llegué a los Estados Unidos, me dieron una casa a 200 metros de la playa. El problema es que entre la casa y la playa había un pub: nunca vi el mar”.

Lo que atraía de Cantona es que era un futbolista diferente. También fuera del campo. Cree firmemente que los que pueden deben alzar la voz y eso incluye a los deportistas de élite. Considera que, con la penetración social que tiene el fútbol, sus figuras son las idóneas para influir en la población. “Es importante animarlos a que miren a su alrededor. Hay ignorancia y es una pena, porque los jugadores vienen de este tipo de entornos humildes, y algunos lo olvidan”. Actualmente, aún pocos lo hacen: solo hay que ver el revuelo que causan las declaraciones antifascistas de figuras como Borja Iglesias o Kylian Mbappé. Él nunca se calló sus opiniones, aunque pagase un precio por ellas. “Cuando firmo un contrato con una marca, si me dicen que hay una cláusula por la que no puedo expresar mi opinión sobre política, les digo: si quieren que firme, olvídense de esa cláusula. ¿Quieren trabajar conmigo? ¿Por qué? Por quien soy. Saben cómo soy. Todo el mundo sabe cómo soy. ¿Pero quieren trabajar conmigo y pretenden que sea otra persona?”.

Éric Cantona tras una proyección de ‘El Ser Querido’ en el último festival de Cannes.
Gareth Cattermole (Gareth Cattermole/Getty Images)
No se calla nada. Cargó contra los futbolistas brasileños que apoyaron al ultraderechista Bolsonaro, se opuso a la celebración del mundial en Catar y es claro respecto a la situación de Palestina. Se ha preguntado en público por qué, si se ha vetado a Rusia en competiciones deportivas por invadir Ucrania, no se ha hecho lo mismo con Israel. “Los clubes de todas partes deben negarse a jugar contra equipos israelíes. Los jugadores en todas partes deben negarse a jugar contra los equipos de Israel”, sentenció y mantiene una lucha constante contra el racismo. “Ahora, cada vez hay más aficionados racistas en todo el mundo que utilizan el fútbol. Y lo permitimos”, se lamentó en una entrevista con The Guardian. También se enfrentó a la extrema derecha en Francia y lo hizo utilizando sus raíces españolas. Tres días antes de las elecciones que estuvieron a punto de darle la victoria a Marine Le Pen, utilizó sus redes sociales para apelar a los votantes franceses. “Como decía mi abuelo Pedro, republicano español que luchó contra el fascismo: `No pasarán. Prefiero morir de pie que vivir arrodillado’. No he olvidado nada de mi historia”.

Tiene muy presente a ese abuelo que se refugió en Francia después de la Guerra Civil. De hecho, cuando dejó el fútbol, vivió tres años en Barcelona para revivir sus recuerdos. Indagando en sus raíces, lo descubrió en una de las fotos realizadas durante los últimos meses de la guerra por Robert Capa, Gerda Taro y David Seymour, que se encontraron en la célebre maleta mexicana. Lo reconoció en una foto en el campo de refugiados de Argelès-sur-Mer, junto a su novia Paquita, su futura abuela.

Éric Cantona en el Festival de la Fiction de La Rochelle en septiembre de 2023.
Stephane Cardinale – Corbis (Corbis via Getty Images)
Cantona siempre se ha mostrado orgulloso de sus orígenes. Nació en Marsella y es hijo de una modista y un pintor que le inculcó su amor por el arte. Pero él no se decantó por la pintura, sino por el fútbol, su primer refugio. El segundo fue el cine. “Para mí, el fútbol y la actuación son muy similares porque son apasionantes. Se experimenta una sensación parecida cuando estás en el campo y en un rodaje”, ha explicado. El cine llegó durante su suspensión tras el incidente en el campo del Crystal Palace. En aquel hiato interpretó a un jugador de rugby en La alegría está en el campo (Étienne Chatiliez, 1995), donde coincidió con Carmen Maura. Un pequeño papel al que siguieron trabajos en Elizabeth junto a Cate Blanchett, La fortuna de vivir de Jean Becker, su rol protagonista en Buscando a Eric de Ken Loach (2009), en la que interpreta a un cartero de Manchester inmerso en una crisis vital, o su paso por el western danés The Salvation, estrenado en Cannes.

Ha hecho cine, teatro y televisión y ejercido de director y productor; la suya es una trayectoria similar a la de Vinnie Jones, otro duro por el que siente gran admiración. Como sucede con Jones, el cine no fue un escarceo, sino una reinvención. Este mes ha llegado a Cosmo El viajero, thriller en el que interpreta a un investigador solitario y huraño que sigue su propia ley. Recuerda mucho al legendario “rey Éric”.

Texto en la fuente original
(Puede haber caducado)