Columna

Si los 100 muertos de Ceuta fueran españoles

Como las víctimas son moros, ocupan un espacio menor entre análisis de guerras híbridas, defensas de soberanía, críticas al Gobierno y alaridos racistas

El País, Sergio del Molino, 05-08-2026

Si los 100 muertos de Ceuta fueran españoles, no serían un centenar genérico y aproximativo, sino una cifra exacta y fiable, sin discrepancias según quien lleve la contabilidad. Como son moros, ni siquiera los contamos bien.

Si los 100 muertos de Ceuta fueran españoles, los titulares hablarían de ellos, estarían en el centro de la discusión y todo lo demás sería secundario. Como son moros, ocupan un espacio menor entre análisis de guerras híbridas, defensas de soberanía, críticas al Gobierno y alaridos racistas.

Si los 100 muertos de Ceuta fueran españoles, sabríamos sus nombres y conoceríamos sus caras, quiénes fueron, cómo vivían y con qué vida soñaban. Sus familiares acapararían el protagonismo en los medios, y reyes y presidentes los abrazarían. Como son moros, solo han trascendido el nombre y la cara de Fatem Ben Samar el Azizi, tangerina de veinte años y futbolista del Magreb. Y han trascendido porque su cara y su vida rompen el cliché del emigrante marroquí: era mujer, se retrataba sin velo, con su melena recogida en una deportiva, elegante y casi laica cola de caballo, y gozaba de cierto prestigio y de cierta fama en su ciudad. El resto sigue siendo parte de una “invasión” o una “avalancha”. Los esfuerzos de algunos activistas y medios españoles y marroquíes por individualizarlos y ponerles nombre pasan tan inadvertidos como el llanto de los padres que aguardan en la verja de Ceuta a que regrese el hijo del que no saben nada.

Si los 100 muertos de Ceuta fueran españoles, todos los debates posteriores al luto se preguntarían cómo impedir que una catástrofe así volviera a suceder. No hablaríamos de militarizar la frontera, sino de cómo hacerla segura, diseñando medidas y protocolos que minimicen los riesgos de ahogamiento y heridas graves. Como son moros, se plantea balizar con boyas la frontera marítima, lo que hace temer a las oenegés que trabajan con los inmigrantes que estos naden hacia el mar abierto para esquivar la línea, arriesgando aún más la vida. Nadie lo recuerda, pero yo no olvido que Fernando Grande-Marlaska asumió el ministerio en 2018 con la promesa de eliminar las sirgas que amputaban a los inmigrantes que intentaban saltar las vallas de Ceuta y Melilla. En lugar de eso, reforzó los elementos agresivos —demostrando de paso que son inútiles y no disuaden a nadie— y tiene el honor de ser uno de los ministros del Interior que más muertes en la frontera ha presenciado.

Si los 100 muertos de Ceuta fueran españoles, esta columna sería una sarta de obviedades dadas por supuestas. Como son moros, las obviedades abrasan y suenan casi a tabú.

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