Dos pacientes extranjeros atrapados en Urgencias.

“Esta es la prioridad nacional aplicada a un hospital” Un señor boliviano con un tumor incurable pasa casi una semana en la unidad sin ser trasladado a planta en el hospital Puerta de Hierro, y un chico de origen peruano lleva 14 días. Los trabajadores creen que la dirección ahorra costes con inmigrantes sin familia que no van a presentar una queja

El País, Juan Diego Quesada, 05-08-2026

La reunión de camas es el nombre informal que se le da a la charla que tiene todas las mañanas la dirección del Puerta de Hierro con los jefes de servicio de todo el hospital. En ese rato se revisan los casos más controvertidos y se tratan de solucionar los problemas que hayan surgido. Se habla de los ingresos y las altas que ha habido en Urgencias con una precisión absoluta: el ordenador sabe las horas y los minutos que lleva ingresado cada paciente. Se ocupan de que nadie, en la medida de lo posible, pase allí más de 24 horas. Deben enviarlos a casa o mandarlos a planta para que continúen con su tratamiento dentro del hospital las urgencias, por su naturaleza, son un lugar de tránsito. Estas dos últimas semanas, sin embargo, dos personas se han quedado atrapadas en el sistema. Carmelo, un hombre boliviano de 72 años con un tumor incurable, y Ángel, un chico peruano de 18 con discapacidad intelectual, se han quedado varados en Urgencias tanto tiempo que han llegado a convertirse en parte del paisaje.

Sus casos tienen bastante en común: son de origen extranjero y no cuentan con nadie que se ocupe de ellos. No tenían a dónde ir. Carmelo ingresó el 29 de julio y no fue hasta el martes que fue trasladado a un centro de paliativos en el que morir con dignidad. En total, pasó 143 horas junto a pacientes que requerían intervenciones urgentes. 5,9 días exactos. Ángel lleva mucho más tiempo, desde el 21 de julio, a punto de cumplir dos semanas. Su expediente marcaba el martes 335 horas en urgencias, y contando. El hospital no le ofreció a Carmelo una habitación, en la que hubiera estado solo, con televisión y baño propio, sin las prisas y la vorágine de una unidad de atención inmediata. Ni lo ha hecho con Ángel, que se encuentra en un box a la espera de que le otorguen una plaza en un centro para personas con discapacidad intelectual de la Comunidad de Madrid.

El asunto ha molestado a algunos de los trabajadores del hospital, que creen que la dirección del centro quiere ahorrar costes y que los mantienen en esas condiciones porque ni ellos están en la condición de quejarse ni nadie lo va a hacer en su lugar. “Lo hacen para ahorrarse una cama”, se lamenta un trabajador del hospital que pide anonimato para evitar represalias de la dirección de este centro público de gestión privada. La gestión sanitaria es pública y gratuita, mientras que la infraestructura y los servicios no sanitarios pertenecen a una concesionaria. “En este caso, la clave está en la impunidad. No son españoles, no se va a enterar nadie, no va a haber repercusión. El riesgo de tener un problema por tenerlos ahí es cero”, añade.

Una portavoz del Puerta de Hierro, por su parte, asegura que el hospital no ha hecho nada incorrecto. Argumenta que la situación clínica de ninguno de los dos requería ingreso hospitalario y defiende que han estado ingresados en condiciones adecuadas, en un espacio separado del resto con biombos, con la atención médica y asistencial necesaria. Reconoce que los dos han pasado un número alto de horas en Urgencias, mucho más de lo usual, pero lo achaca a que se tratan de dos pacientes con circunstancias especiales. Atribuirlo a querer ahorrar costes, dice, es una “interpretación errónea”.

Parte del personal que ha estado estos días alrededor de los dos pacientes disiente y cree que la nacionalidad, como en todos los ámbitos, juega en este caso un rol fundamental. “Esta es la prioridad nacional aplicada a las urgencias de un hospital”, opina otro de los trabajadores, que cuenta que ha podido ver con sus propios ojos la manera en la que subían a planta a pacientes españoles en estado terminal. Carmelo, en cambio, nació en Bolivia, tiene 72 años y trabajaba como obrero hasta hace unas semanas, cuando comenzó a sufrir un dolor de cabeza muy fuerte.

Cuenta con residencia legal y cobra una pensión baja al mes, la no contributiva. Ha tenido la mala suerte de sufrir un glioblastoma, un tumor cerebral maligno y extremadamente agresivo que crece con mucha rapidez. Uno de los peores diagnósticos que le pueden dar a una persona. Le dijeron, con toda la suavidad del mundo, que no podían operarlo y que le queda muy poco de vida, seguramente ya solo días. Respondió que le gustaría morir en Bolivia rodeado de su familia. Una amiga, una señora que ha estado pendiente de él, le compró un vuelo a La Paz, pero debido al avance implacable de la enfermedad no pudo subirse al avión: se quedó ciego, desorientado y con un bajo nivel de conciencia solo la administración de corticoides le alivió parcialmente el dolor. Después de sus seis días en Urgencias lo han llevado al Hospital de paliativos La Fuenfría, en Cercedilla, donde va a pasar sus últimos días.

Ángel todavía se encuentra a la espera de una solución. En el hospital dicen que la Consejería de Asuntos Sociales está en ello. Ahora da vueltas por la unidad en silla de ruedas, pero durante días tuvo que ser inmovilizado. Su discapacidad viene acompañada de alteraciones de conducta que los psiquiatras han logrado controlar esta semana. Al cumplir los 18 no podía seguir en el centro en el que estaba internado y lo trajeron al Puerta de Hierro, con esa idea que tiene mucha gente de que en las unidades de Urgencias lo solucionan todo. No le dieron una habitación y aquí lleva dos semanas dando vueltas, hasta que lo saquen de este limbo. Un chico solo y varado en Urgencias.

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