crisis migratoria Análisis

Ceuta y la UE: la feria de las hipocresías

La crisis se convierte en un teatro de falsedades, tergiversaciones y oportunismos que, en distinto grado, implica a muchos de los protagonistas

El País, Andrea Rizzi, 05-08-2026

La crisis de Ceuta es una feria de hipocresías. Con distinta intensidad y gravedad, casi todos los actores involucrados recurren a falsedades o tergiversaciones. La política no es nunca un jardín de verdades impolutas, pero este es especialmente embarrado.

El primer responsable es obviamente Marruecos, que por acción u omisión ha desatado una gravísima crisis con decenas de muertos inocentes que deberían pesar mucho sobre su conciencia. En línea con la opacidad habitual de un régimen autoritario, ha emitido comunicaciones parciales e incongruentes con la realidad de los hechos. El epítome de la hipocresía reside en la frase según la cual Marruecos garantiza que “seguirá siendo un socio fiable y responsable”. El escritor Tahar Ben Jelloun, en el medio marroquí Le360, se atrevió a apuntar en la dirección precisa: “El jueves, de regreso de la Fiesta del Trono, vi a estos aspirantes al exilio caminar con determinación. La policía marroquí no intervenía”.

Por el lado español también hay hipocresías. El Gobierno español habla de ataque a la integridad territorial de España, pero evita cuidadosamente señalar al responsable central del episodio. Obviamente lo elude —al igual que autoridades comunitarias y otros líderes— porque, de hacerlo, se abriría una crisis con Rabat con consecuencias inciertas y especialmente graves para España. El Ejecutivo ha apuntado a mafias que engañan a la gente y trafican con seres humanos. La explicación es, cuando menos, poco convincente. Tampoco hay una gran coherencia entre cómo el Gobierno defiende el derecho internacional y denuncia la ilegalidad de la ocupación israelí de territorios palestinos y como, en cambio, ha abrazado la solución marroquí para el Sáhara dejando en la cuneta el referéndum de autodeterminación.
En el lado español además hay graves hipocresías por el lado del PP que, por ejemplo, lamenta que el Ejecutivo rompiera la histórica posición común sobre el Sáhara mientras lleva dos legislaturas con un obstruccionismo descarado que antepone a todo —incluido al bien de España y de Europa— el deseo de echar a Sánchez. Con este PP son prácticamente imposibles políticas de estado. Denuncia la regularización de inmigrantes, cuando el Gobierno de Aznar hizo lo mismo. Estigmatiza la falta de principios del Gobierno, pero compra la vergonzosa prioridad nacional de Vox porque para perseguir su prioridad real, recuperar el poder, no duda en aparcar principios. La lista de hipocresías fuera del ámbito migratorio también es muy abultada.

En la dimensión europea han aflorado hipocresías muy notables. En primer lugar, por parte del Gobierno Meloni, movido a la sobreactuación por su debilidad interna. Golpeada por la derrota en el referéndum sobre la reforma de la justicia, por el ascenso de un general retirado —Vannacci— aún más a la derecha que ella, por las dificultades en la reforma de la ley electoral, Meloni sintió que era necesario un golpe teatral para afianzarse. Activó la excepción de Schengen cuando la enorme mayoría de los migrantes llegados a Ceuta han regresado enseguida a Marruecos, y para los que no, no consta que haya traslados hacia la Península. Ceuta, además, no es parte del espacio Schengen. No parece creíble que nadie vaya a llegar a Italia. Meloni se ha anotado el éxito de que 21 Gobiernos subscribieran la carta que envió a Bruselas, pero la realidad de los hechos la deja en una posición menos cómoda de lo que parece. Desde Von der Leyen para abajo muchos en la UE han ido recogiendo cable ante la constatación de una reacción excesiva y desviada. La reunión de ministros de Interior y Justicia de la UE de este martes va en esa dirección de poner la sordina.

En segundo lugar, está la hipocresía de Dinamarca, que ha buscado con razón solidaridad europea por la amenaza a Groenlandia, y de otros socios del Este y del Norte que la reclaman ante el reto ruso, pero en esta circunstancia han optado por un cálculo meramente partidista. Repitamos: partidista, porque no es ni de interés nacional ni europeo. No, España no es el mayor sostén de Ucrania y se niega a elevar su gasto militar al 5% del PIB como han asumido los demás —otra cosa es si lo harán todos, por ahí va otra hipocresía—, pero no se puede de ninguna manera acusarlo de país insolidario. Sí contribuye a apoyar a Kiev y a la seguridad conjunta, y es un socio europeo constructivo.

Hay razones para discrepar de la regularización masiva de sin papeles, pero esto no debería haber conducido a un acto político egoísta que daña a un socio y al conjunto del proyecto común. ¿Tiene relación directa la regularización con la entrada masiva de migrantes en Ceuta? No, según reconoció este martes el comisario de Migraciones de la UE, del PPE. ¿Hay un riesgo de relevante trasvase de los llegados a Ceuta a otros países? No. ¿Hay riesgos significativos de seguridad? No hay elementos racionales para creerlo. ¿Porque la farsa Schengen entonces? Por inconfesados cálculos políticos: cabalgar la ola de la mano dura migratoria para ganar votos e infligir un golpe a un Gobierno que se desmarca de algunos consensos, y a veces provoca irritación por ello. En algunos de esos casos, la provoca porque delata vergüenzas ajenas, como en ejemplos de sumisión ante Netanyahu o Trump.

Y en ese sentido se pueden señalar más hipocresías. Desde Italia, por ejemplo, se ha apuntado como una de las razones para reactivar controles Schengen la exigencia de evitar riesgos terroristas. Objetivo loable. Pero cabe intuir que más que los migrantes que siguen en Ceuta, el peligro procede de operaciones militares ilegales y desproporcionadas que fomentan resentimiento y odio, y ante las cuales muchos mantienen una culpable sumisión. La devastación y el castigo colectivo que ha impuesto Israel en Gaza como respuesta al ataque terrorista de Hamás sin duda fomentarán odio duradero; la ilegal acción contra Irán no ha desalojado su despreciable régimen, pero sí ha golpeado una escuela de niñas y dañado infraestructuras. Algunos gobiernos europeos avalan todo esto con el silencio o críticas débiles e inanes.

Otro plano de hipocresía es el alarmismo catastrófico sobre las llegadas irregulares. Estas deben sin duda ser frenadas. Pero desde 2023 están en caída, y en 2025 las entradas irregulares detectadas fueron en todo el continente 180.000, según datos de Frontex. La cifra real, sumando las indetectadas, es por supuesto superior. Sin duda un problema, pero desde luego no una amenaza civilizatoria. La devastación por el cambio climático, los daños a la salud mental y a las capacidades cognitivas por culpa de tecnologías y plataforma son mucho más graves.

Poner a todos en un mismo saco es antipolítica, populismo barato y deshonestidad intelectual. En la feria de las hipocresías hay gradaciones. Marruecos, por supuesto, se lleva la palma, por su responsabilidad directa o indirecta en un episodio trágico. Meloni y quienes encabezaron el movimiento para sacar partido político de la crisis de un socio van detrás. El Gobierno español, además de los graves errores de gestión en no ver venir la crisis, sin duda tiene elementos de hipocresía criticables en su relación con Marruecos, pero en este episodio es víctima de golpes bajos que no merecía.

La feria de la hipocresía de la crisis de Ceuta evidencia dos cosas. Primero, que el Gobierno de Sánchez se ha situado en el lado correcto de la historia en asuntos clave como Gaza o Irán y esto le ha granjeado simpatías en el sur del mundo, pero objetivamente se halla ahora muy marginalizado en Europa. Y, segundo, Europa, en vez de cerrar filas, tiende a deshilacharse de forma suicida, sea en los futuros aviones de combate o en Ceuta.

Sale perdedor Marruecos, que como mínimo ha mostrado que una multitud de sus ciudadanos quiere huir de él, y que no es un socio muy de fiar, como reclama; pierde España, que ha sufrido sin adecuada previsión un golpe duro, tras muchas concesiones; pierden los europeos que se han querido aprovechar mostrándose oportunistas, y pierde la UE en su conjunto. Lo peor: decenas de personas han perdido la vida. Mientras, los chinos avanzan con su arrolladora capacidad de prepararse para el futuro y aplastan nuestra industria, y las tecnológicas estadounidenses aplastan nuestra capacidad de pensamiento autónomo, sobre todo la de nuestros jóvenes.

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