crisis de ceuta

Un hangar a -5° para custodiar a los 77 fallecidos que dejó la avalancha de Ceuta

Las autopsias casi están terminadas y se buscan formas de colaboración con Marruecos para identificar a los fallecidos

El País, Juana Viúdez, 05-08-2026

Una gran habitación diáfana a -5° es el espacio que han terminado ocupando los cuerpos de las 77 personas que perdieron la vida el jueves en la última entrada multitudinaria de migrantes desde Marruecos por el espigón fronterizo de Ceuta y cuyos cadáveres fueron recuperados en el lado español de la frontera. Un intenso olor invade el lugar, mantienen quienes han trabajado allí estos días. “Ni respirando con lentitud se alivia”, afirman. Conforme pasa el tiempo, el cerebro lo atenúa y pasa a segundo plano. La magnitud de esta tragedia, en la que el ansia por salir del agua hizo que muchas de las personas terminaran escalando sobre otras y hundiéndolas en el mar, activó el protocolo para grandes catástrofes con víctimas múltiples. El antiguo hospital militar de Ceuta, un complejo castrense con varios edificios, terminó convirtiéndose en una gran morgue en cuestión de horas. Y se creó un gabinete de crisis, formado por forenses del Instituto de Medicina Legal y agentes del Servicio de Criminalística y de la Comandancia de la Guardia Civil de Ceuta, en el que también colaboraron militares.

En las primeras horas, tras la entrada irregular de más de 70.000 personas del jueves, se recuperaron del mar 20 cuerpos. Al día siguiente fueron unos 40. Y no había espacio para albergarlos. La ciudad apenas cuenta con seis cámaras frigoríficas. Uno de los edificios del viejo hospital militar se convirtió en el mejor espacio disponible para llevarlos. Estaba deteriorado por falta de uso, pero tenía grandes salas unidas entre sí y una antigua sala de autopsias. En sus instalaciones se ha puesto en marcha en los últimos días todo un engranaje en el que médicos forenses hacían autopsias “a piñón”, los militares se encargaban de los traslados de los cuerpos de un lado a otro y guardias civiles trabajaban en la recogida de huellas y muestras de ADN para poder identificarlos. Cuanto más tiempo se tardara, más complicado sería. Tanto para poder recoger bien las muestras como para la conservación de los cadáveres. Hasta la noche de este martes se habían identificado dos.

Imagen cedida por Guardia Civil en la que se puede ver a varios miembros de criminalística trabajando en la morgue del antiguo hospital militar de Ceuta.
Este delicado trabajo requiere de una metódica organización. El comandante Sergio Munguía, biólogo forense y especialista del Servicio de Criminalística de la Guardia Civil, recitaba este martes de carrerilla cómo lo dispusieron. La primera parada de los cuerpos era una estancia en la que los marcaban con bridas y un número de identificación. En un segundo espacio, tomaban las huellas, entintando toda la mano, y realizaban la reseña, un registro en el que se incluyen los datos de la persona, como fotografías, y otros datos de relevancia. Después, los llevaban a la sala de autopsias, donde han tenido picos de trabajo de entre 20 y 30 exámenes en un solo día. El último destino de los fallecidos ha sido el hangar. En esa gran habitación refrigerada, encima de cada cadáver, se ha ido colocando un tubito con las muestras de ADN y el número de brida que le corresponde. Además de los 77 fallecidos de la avalancha del día 30 de julio, se custodian otros dos cuerpos recuperados el mismo jueves, antes de la gran entrada, y el día de antes. Hasta ayer se habían practicado 77 autopsias y se prevé que las dos restantes terminen este miércoles, aunque todavía pueden añadirse nuevas víctimas.

La mayoría de los fallecidos, entre los que hay una mujer y algún niño, estaban sumergidos en la zona del espigón. Desde esas mismas rocas que los migrantes pretendían alcanzar, en muchos casos familias al completo, se divisaban este martes numerosas prendas de ropa hundidas en el fondo del mar. Los intentos de los nadadores de encaramarse cuanto antes y subir hasta la parte española hicieron que los que estaban debajo se fueran sumergiendo. Una parte importante de las víctimas tiene lesiones en la cabeza, según fuentes conocedoras de los exámenes forenses. Los que quedaban debajo de esta montaña humana se fueron hundiendo y terminaron ahogándose, según otras fuentes.

La forma en la que se ha organizado la gestión de esta crisis en Ceuta se inspira en la que ya usaron en el accidente del vuelo de Spanair en el aeropuerto Madrid-Barajas en agosto de 2008, en el que se registraron 154 muertes. Allí usaron el recinto de Ifema como una morgue provisional y un centro de atención a familias. En este caso, la oficina en la que las familias pueden denunciar se ha abierto este martes en las dependencias de aduanas de la frontera de El Tarajal. El centro estará abierto desde las 8.00 a las 21.00 y además disponen de un correo electrónico ce-cmd-ceutapjlaboratorio-identificacion@guardiacivil.org para presentar denuncias por desaparición. La Guardia Civil ha pedido a los denunciantes que aporten el mayor número de datos posibles, como descripciones físicas, operaciones médicas, cicatrices, tatuajes o los objetos personales que llevaran. Hasta este martes por la mañana, los agentes tenían dos denuncias.

El trabajo para que los números pasen a ser nombres y apellidos tiene todavía camino. Nadie esconde que resultará complicado y la colaboración de Marruecos es esencial. “Se están buscando mecanismos de cooperación policial con las autoridades magrebíes para que les permitan cotejar la información con sus bases de datos, sobre todo de huellas dactilares, ya que es lo más rápido y no requiere implicar a familiares”, precisa Munguía. El Centro de Coordinación Policial de Tánger y la agregada de Interior en la Embajada de España en Rabat trabajan en ello”, asegura el comandante Munguía. Además de los agentes de criminalística, también participan en el dispositivo miembros de Policía Judicial de Ceuta.

Los agentes han comprobado si las huellas dactilares de las víctimas están en las bases de datos españolas. Así han obtenido las dos primeras identificaciones. Algunas de las víctimas venían con documentación, pero “de momento” no es la vía que se empleará, sino que se priorizan las huellas y el ADN, reconocidas internacionalmente y avaladas por Interpol. “Es el método más científico”, incide el comandante. Los agentes de criminalística han utilizado en Ceuta por primera vez el Identisat, un sistema propio que permite transmitir las huellas dactilares en tiempo real a través de un satélite, ideado para agilizar el intercambio de información.

Las primeras muestras biológicas de los fallecidos se enviaron este lunes en helicóptero a Madrid, convenientemente refrigeradas. “La cadena de custodia es fundamental”, observa el mando. “Se toman con hisopos de cavidades cardiacas, sangre, dientes (como premolares), huesos largos (fémur o tibia) o esternón. A las familias también se les pide que aporten estas muestras”. En el momento en el que se produzcan coincidencias, los agentes lo comunicarán al juzgado número 3 de Ceuta, encargado del caso, que podrá autorizar la repatriación. En caso contrario, los fallecidos seguirán identificados con un número y se autorizará el enterramiento de sus restos.

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