Víctor Amado: «Con Marruecos hay que negociar siempre para perder lo menor posible»

Ve detrás de la crisis de Ceuta una estrategia de presión que utiliza la migración y a la vez da alas a la ultraderecha

Diario Vasco, Alberto Surio, 04-08-2026

Víctor Amado (Vitoria, 1972) es profesor de Historia Contemporánea de EHU y un experto en el mundo árabe y el Magreb. Le ha sorprendido la tragedia de Ceuta de vacaciones con su familia en Polonia. «Hasta aquí, con una ultraderecha muy fuerte, han llegado los ecos de esta crisis», afirma.

–¿Qué distingue esta crisis de la de 2021, cuando entraron en Ceuta unas 8.000 personas en 48 horas?

–Más allá del número –ahora se habla de entre 60.000 y 70.000, un arco muy alto–, son crisis de naturaleza distinta. La de 2021 tuvo una causa clara: la decisión de España de atender en un hospital de Logroño, en plena pandemia, al líder del Frente Polisario, Brahim Ghali. En 48 horas, Marruecos desestabilizó la frontera como respuesta. La actual es más difusa: no responde a una actuación concreta del Gobierno español, sino a varios factores: una sentencia judicial, llamadas a la movilización y una relajación evidente de las fuerzas de seguridad marroquíes en la custodia de su frontera. Pero ambas comparten algo: nos recuerdan cuán grande es la dependencia de España respecto a Marruecos, sobre todo en cooperación migratoria y antiterrorista.

–¿Es Marruecos un vecino fiable para España?

–No al cien por cien, y no puede exigírsele que lo sea. España debe manejar lo que yo llamo una relación asimétrica: dos realidades políticas muy distintas. España es una democracia consolidada, con división de poderes e instituciones fuertes; por eso es impensable que un gobierno español permitiera deliberadamente una apertura de fronteras, como sí pudo ocurrir del lado marroquí en 2021. En Marruecos, el poder está mucho más concentrado en lo que se llama el Majzén –Monarquía, Interior, Exteriores, seguridad–, y depende más de voluntades políticas puntuales. No es tanto un problema de confianza como de asimetría estructural: el Estado democrático termina respondiendo a presiones que en la otra sociedad ni siquiera se conocen ni se cuestionan.

–¿Se usa la migración como arma de presión?

–Sí, sin duda. La diferencia con 2021 es que allí hubo una relación causa – efecto muy clara; aquí no la hay tan nítida, pero el uso de la migración como palanca de presión es evidente. Y lo más grave es que a Marruecos esto le sale a coste político cero. No a coste cero para los 70 u 80 jóvenes que han muerto, ni para los 48.000 que serán devueltos, pero sí a nivel de responsabilidad política: no habrá factura. En España, o en cualquier país de la UE, una negligencia así sería inconcebible sin consecuencias.

El desgaste de Sánchez

–Y luego aparece la posición crítica con Sánchez de algunos socios de la UE. ¿Son reproches justificados?

–Yo no le daría más trascendencia de la que tiene. Es cierto que ha dejado a España en una posición algo aislada –incluso una primera ministra socialista, compañera de partido de Sánchez, fue de las primeras en criticarlo–, pero es más consumo político interno de cada Estado que una repercusión real a nivel comunitario. La propia Ursula von der Leyen primero calificó la situación de inaceptable y, al día siguiente, valoró positivamente la actitud del Gobierno español, reconociendo que se trata de una frontera europea y pidiendo responsabilidad a Marruecos. Hay mucho oportunismo y necesidades internas: ganas de debilitar a Sánchez porque ejerce un liderazgo que incomoda a otros. Y no hay que olvidar que 2027 es año electoral en muchos países europeos. Pero al final el Consejo de la Unión ha actuado como no podía ser de otra manera, con Meloni callada, y con mayores controles en las fronteras durante una o dos semanas.

–¿Es este discurso de la extrema derecha europea contra España por la inmigración solo electoralismo?

–Se podrá ser más o menos crítico con Sánchez, pero el tratamiento que ha dado su Gobierno a esta crisis ha sido, en términos generales, humanitario: no ha habido devoluciones al mar ni imágenes que serían inadmisibles en la UE. Lo que Meloni y otros buscan es golpear el llamado discurso ‘woke’ de la izquierda, más que discutir gestión migratoria. Y lo que más me preocupa de la extrema derecha, en general, no es su ideología sino su carencia de humanidad –algo que incluso la Conferencia Episcopal Española ha señalado ante posiciones como las de Vox – . Lo triste es que este discurso funciona electoralmente en Italia.

–¿O sea que conflicto con Marruecos siempre va a haber?

–El conflicto es inevitable; lo que hay que hacer es gestionarlo con la menor intensidad posible, marcando de vez en cuando límites claros. El precedente más extremo fue el islote de Perejil en 2002, una prueba de hasta dónde podía llegar España, que acabó resolviéndose con mediación internacional, no bilateralmente, así que exige el respaldo de los 27, que no siempre es fácil de conseguir. Como me dicen algunos diplomáticos: la relación con Marruecos consiste en negociar siempre para perder lo menos posible, hasta la próxima.

- ¿Se puede comparar esta crisis con una ‘Marcha Verde’ blanda’, recordando la que hubo sobre el Sahara en 1975?

- Es tentador visualmente, pero hay una diferencia fundamental: lo de ahora es gente saltando una frontera sin una orden política clara detrás, más una dejación de responsabilidad de las fuerzas marroquíes que una acción premeditada. La Marcha Verde de 1975 fue una operación casi militar, con población civil – muchos militares camuflados – utilizada deliberadamente en un contexto de descomposición del franquismo, y culminó en la ocupación efectiva del Sáhara. Lo de esta semana no tiene ni de lejos ese alcance

- ¿Qué papel han jugado las redes sociales?

- Central. Primero, difundieron una expectativa – basada en una sentencia del Supremo mal interpretada – de que quien llegara por mar no podría ser devuelto, cuando en realidad cabía la devolución en caliente. Segundo, facilitaron información logística sobre rutas. Tercero, amplificaron el fenómeno políticamente, con la extrema derecha hablando de ‘invasión’ e imágenes concretas. Pero las redes sin personas detrás no son nada.

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