Ceuta: la tragedia detrás del ruido

Una crisis migratoria, decenas de reacciones interesadas y una pregunta que sigue sin respuesta: ¿quién recuerda a las víctimas?

Público, Diego Cruz Torrijos, 03-08-2026

A la hora de escribir estas notas las autoridades cifran en 94 los fallecidos en la crisis migratoria que ha tenido como epicentro a Ceuta tras el intento de llegar a España desde Marruecos. Una cifra que se suma a los miles que, según Caminando Fronteras, murieron en 2025 (más de 3.000) y en el primer semestre de 2026 (1.400) en rutas que, iniciadas con la esperanza de una vida mejor, terminan demasiado a menudo segando las vidas de hombre y mujeres jóvenes principalmente, así como la de decenas y decenas de niños y niñas menores de edad.

Lo que no podemos permitir es que pase el recuerdo de cada una de las víctimas que han perecido buscando un lugar mejor en el que desarrollar sus capacidades e intentar cubrir al menos sus necesidades

Esa fosa común, bautizada como “cementerio sin lápidas”, alberga un número de muertos que quedará en la incógnita y que, pasado el «ruido» actual, dejará de ser noticia. Sin lápidas, o sea, sin identidad: 35.205 migrantes desaparecidos en el Mediterráneo desde 2014, según la Organización Internacional para las Migraciones, cuyos familiares siguen esperando noticias.

Y ha tenido que ser una avalancha humana, al parecer programada o al menos permitida por la reputadísima monarquía constitucional del Reino de Marruecos, que deja ver, sin sutileza, una dictadura bajo el poder omnímodo del rey Mohamed VI y su camarilla, el Majzen, que controla el país por encima del gobierno y del Parlamento. Eso ha convertido, aunque en segundo plano, a Marruecos en protagonista de esta tragedia.

En este lamentable acto de agresión territorial (casi resuelto gracias al Gobierno de España, el de la Ciudad Autónoma y la inmensa mayoría de la población ceutí, que ha hecho frente al puñado de desalmados ultraderechistas que llegaron a Ceuta buscando rédito indecente cuando no cuando no a provocar mayores incidentes) hemos podido oír de todo.

Empezando por Núñez Feijóo quien, seguramente asesorado por el fino analista Tellado, declaró en Ceuta, sin sonrojo ni pruebas, que “de forma concreta todo parece indicar que se conocía desde principios de esta semana, una supuesta ocupación premeditada” culpando al Gobierno de España de una “España invadida” por la regularización masiva de inmigrantes irregulares…

No contento con esta muestra de su peculiar sentido de Estado, ofreció otra de probado patriotismo: contactar con diversos “líderes europeos” para compartir su “preocupación.” ¡Así entiende el Sr. Feijóo la defensa de los intereses de España!

En línea similar, ¿pura coincidencia?, Santiago Abascal, el escaqueado del servicio militar aficionado a las ceñidas camisas militares, exhortó con el pecho hinchado a que s”i el Gobierno no echa a los inmigrantes lo harán los españoles,” en un nuevo intento de crispar y dividir a una sociedad que, como la ceutí, vive la convivencia como valor a preservar, como ya demostró en 2021 al declararlo persona non grata.

La Conferencia Episcopal (CEE), con distintas voces, ha dado otra vez una de cal y otra de arena. La de arena, protagonizada por el siempre locuaz Sr. Argüello, presidente de la Conferencia, que califica de “invasión” lo ocurrido en Ceuta, prosiguiendo con una disertación algo enrevesada sobre los peligros de la demografía, eso sí denunciando que con “la instrumentalización de los migrantes” “se juega con la vida y se utiliza a las personas en favor del lucro y del poder”. Y casi en paralelo, la de cal, del director de Migraciones de la CEE, el sacerdote Fernando Redondo, para quien “lo que está pasando no tiene nada que ver con la regularización extraordinaria, que ha sido muy positiva y era necesaria”.

De Europa, mejor casi no hablar, porque me produce rabia, pena y repugnancia comprobar cómo algunos socios comunitarios (bajo el liderazgo de gobiernos de extrema derecha, una derecha que pierde su centralidad, y la inefable primera ministra danesa Mette Frederiksen, siempre dispuesta a emular los mensajes más reaccionarios sobre la emigración) han mostrado, en palabras de Josep Borrell, que “la solidaridad europea ha brillado por su ausencia.” Mención aparte merecen Portugal, Francia, Luxemburgo, Irlanda y, fuera de la Unión, el Reino Unido (¡bienvenido, Andy Burnham!), que ha ofrecido su apoyo a España.

Estas reacciones ultras recibieron rápida y contundente respuesta de Pedro Sánchez en una carta a las instituciones europeas en la que, además de pedir una reunión urgente de ministros del Interior (que se celebrará el martes 4 de agosto), señala como motivo el “prejuicio, las noticias falsas, la ignorancia o el interés político”. Respuestas como la inútil postura de Italia, Finlandia y Dinamarca sobre Schengen, que Sánchez califica de “egoísta, polarizadora e ilegal” no están vinculadas, o no solo, con los incidentes en Ceuta ni con el temor a que esos inmigrantes lleguen a sus países, pues, como bien sabían, ni uno solo ha salido de Ceuta.

Es, más bien, otra invectiva contra lo que el gobierno progresista liderado por el PSOE significa en el ámbito internacional como ejemplo de dique a la ultraderecha, y a lo que, supongo circunstancialmente, se unen la señora Friederiksen y algún otro “despistado”. ¿O no hemos visto las declaraciones sobre este asunto de Trump, Diaz-Barlat o Elon Musk? Pues eso.

Y para concluir este repaso declarativo no debemos, por cortesía institucional, olvidar al rey Felipe VI, de quien hemos sabido, por un mensaje de la Casa Real, que “eleva el tono “y expresa su “indignación por los graves acontecimientos” de Ceuta, y pide “medidas” para que no se repitan. Lamento haberme perdido qué intervención previa llevó a Su Majestad el Rey, Don Felipe de Borbón y Grecia, a considerar conveniente elevar el tono, ni desde con qué intensidad anterior lo había hecho. Igual desconocimiento tengo sobre contra quién se dirige esa indignación por los “graves acontecimientos” (esto si lo he entendido, lo de graves digo): si seguimos lo que sugieren los medios de la derecha, obviamente es, oh sorpresa, contra Sánchez.

Explicación que no puede ser cierta viniendo de un monarca, ejemplo de jefatura del Estado bajo estricto respeto a su papel constitucional, así como de indubitable patriotismo… ¿No creen?

Y si no es así, como prejuzgan esos medios que consideran a Sánchez culpable de todo, ¿a quién interpela? A riesgo de aventurarme, ya que no hay información concreta de la Casa Real en este sentido, bien podría tener en mente a su “querido hermano “Mohamed VI (o primo segundo, que aquí me hago un lío), afeándole, en una curiosa versión de la frase de Miguel Gila “alguien ha matado a alguien… y no miro a nadie”, su actuación en la nada espontánea salida de Marruecos de unos 50.000 súbditos el día de la Fiesta del Trono, aniversario de su coronación, que al parecer a muchos no motivaba…

Pero todo esto sobre quién dijo qué pasará página con la unidad de todas las instituciones del Estado, reforzando la seguridad que garantiza la convivencia de esta ciudad que, no conviene olvidarlo, es frontera de Europa con África, y atendiendo sus históricas reivindicaciones socioeconómicas que incidan positivamente en su desarrollo futuro.

Lo que no podemos permitir es que pase el recuerdo de cada una de las víctimas que han perecido buscando un lugar mejor en el que desarrollar sus capacidades e intentar cubrir al menos sus necesidades. Mujeres, hombres, niñas y niños que, huyendo del hambre o la guerra, espoleados por intereses espurios o ilusionados por el «paraíso» que prometen las imágenes televisivas… terminan engrosando las estadísticas de ese “cementerio sin lápidas” que debe dolernos y avergonzarnos cada día.

Gritemos que no nos acostumbramos a este drama de brutal perversidad inhumana. Denunciemos a quienes lo provocan y tendamos con vigor la mano a quienes la necesitan. Trabajemos para devolver a una sociedad, demasiadas veces con los brazos caídos, el impulso necesario para hacerla más digna, más justa y, en definitiva, más humana.

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