Los peones de Marruecos

Esto de emplear seres humanos como herramienta o palanca de políticas silenciadas es tornillería antigua y no supone ninguna novedad

La Razón, , 03-08-2026

La valla de Ceuta es un fracaso de la política y un descarrilamiento de lo moral. Creíamos que era un asunto del pasado el emblema, entre medieval y moderno, de que el fin justifica los medios. Ahora nos encontramos con que la alfarería de la política actual ha reavivado esta hoguera remota del pragmatismo y ha dado un renovado fuelle al lema de Maquiavelo, que ya creíamos sentenciado con las democracias, que venían con el propósito, entre ilusionante y quimérico, de poner un acento humano a la res publica y desterrar lo terrenal que existía en las razones de los gobernantes y los intereses que suelen cabildear sus gobernanzas. Pero ahora asistimos a cómo los alauitas se pasan toda esta movida occidental y consienten, o alientan, que se lancen miles de inmigrantes para impugnar la frontera española, como ya hicieron en el Sáhara Occidental.

Esto de emplear seres humanos como herramienta o palanca de políticas silenciadas es tornillería antigua y no supone ninguna novedad, pero viene a confirmar el calado moral de los naipes que maneja el vecino de abajo y a probar la realidad de que los hombres siempre hemos sido material de desecho en la historia, mera hojarasca, escarcha de los días, como quien dice.

Los hombres están hechos de ilusiones y esperanzas, como el bronce está hecho de cobre y estaño, y lo que nadie resalta es que se ha jugado con las perspectivas de unos desesperados a los que se les ha vendido el pufo de que tienen cabida en una Europa que cada vez los quiere menos.

Apuntan algunos que esta oleada de inmigrantes que se nos ha colado por las gateras de la frontera ha sido animada por las mafias, quizá porque las mafias gozan de mala fama y son un comodín oportuno, una excusa socorrida para sosegar las aguas y pasar por encima de intenciones ocultas y soslayar expansionismos que nadie quiere escuchar. Trump, que considera la diplomacia que le alaben el ego, está dando patente de corso, nueva carta de naturaleza, a muchas políticas almidonadas, de esas que considerábamos del pasado, donde Ceuta no es un suceso, solo un envite, y los seres humanos no cuentan nada.

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