La próxima será peor
Igual en Ceuta que con la Dana, los incendios, el apagón o la crisis ferroviaria
La Razón, , 03-08-2026Critican muchos a Albares por su discurso buenista ante Marruecos. Albares es un ministro de Exteriores lamentable, pero no le podemos reprochar que su estrategia frente a Rabat sea la de limar asperezas. Emplear palabras de mayor calibre no nos llevaría a nada positivo, aunque está claro que lo que no se debe hacer nunca es creer en la bonhomía de Mohamed VI. El rey alauí le dio un primer toque de atención a Sánchez en 2021, cuando colapsó Ceuta con diez mil inmigrantes. Tras aquello, nuestro Gobierno debió adoptar medidas para impedir que la situación se repitiera. El problema es que no hizo nada, salvo insistir en la misma política de brazos caídos dejando la frontera desprotegida, con una valla rota por muchos tramos y un espigón ridículo de apenas 40 metros superable con facilidad, sobre todo sí, además, los efectivos policiales encargados de protegerla son insignificantes. Tenemos a un Ejército desplegado en medio mundo (Líbano, Letonia, Rumanía, Bulgaria, países bálticos, Bosnia, Somalia, República Centroafricana, Mozambique, Senegal), contribuimos a la OTAN con 30 mil millones, y la Alianza ni se inmuta ante una agresión a nuestro territorio como la del pasado jueves, actuando además nuestro Gobierno con un miramiento extraordinario para evitar que se visualice al Ejército en la frontera Sur, la que de verdad nos importa.
El problema es que, después de esta última andanada, Sánchez tampoco va a hacer nada que vaya más allá de esa línea de boyas que ha desplegado en la playa, algo que debió hacer hace dos años, cuando el tribunal de lo contencioso local dictó una primera sentencia advirtiendo que la entrada de inmigrantes por mar abierto no permite devolución al no existir frontera. Las boyas son superables, pero al menos sirven como marca fronteriza, lo que da cobertura a las devoluciones en caliente.
Pero Sánchez, más allá de boyas y de recomendar canciones desde su privilegiada residencia veraniega de La Mareta, no va a hacer ninguna cosa que incomode mínimamente a Rabat. Él sabrá por qué. El argumento de que la invasión ha sido organizada sólo por las mafias se cae por su peso. Los inmigrantes que pagan dinero a las redes mafiosas son subsaharianos y no vuelven. Aquí lo que vimos es que el noventa por ciento de los que regresaron eran marroquíes, jóvenes y varones por más señas. Ergo hay datos que no cuadran. Tampoco cuadra la simpatía con la que el Mossad, Netanyahu y Trump saludaron la invasión. Sánchez, con su innecesaria exhibición de antiamericanismo, está hoy más sólo que nunca. No le apoya EE.UU, tampoco la OTAN y hasta 22 de los 27 países de la UE recelan de su estrategia migratoria.
La política ante Marruecos no puede ser otra más que la de la buena vecindad, aunque la firmeza que demostró Aznar en Perejil también es necesaria. Proteger nuestra frontera y a los ceutís es una obligación. La carta del Sahara la entregamos gratis, pero tenemos otras: más control a las importaciones agrícolas y al narcotráfico, amén de exigir dureza a la UE en las relaciones comerciales. No hacer nada, cruzarse de brazos ante la próxima embestida, que será peor, sólo se le puede ocurrir a Sánchez. La misma e inquietante inacción que con la Dana, los incendios, el apagón o la crisis ferroviaria.
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