Los forenses ya han examinado la mitad de los 80 cadáveres recuperados de la tragedia de Ceuta

El hospital militar de la ciudad autónoma se ha convertido en el centro de operaciones para tratar de identificar a las víctimas con la ayuda de tecnología satelital de la Guardia Civil

Diario Vasco, C. P. S., 03-08-2026

Jóvenes y mayores, pero también algunas mujeres y niños, son las víctima mortales de la mayor tragedia vinculada a la inmigración que ha ocurrido en España. Todos perdieron la vida ahogados y/o aplastados cuando una avalancha humana, favorecida por el nulo control marroquí en su frontera, cruzó el espigón del Tarajal desde la localidad marroquí de Castillejos con destino a Ceuta los dos últimos días de julio.

En total se han recuperado 80 cuerpos, de los que la mitad ya han sido examinados, según fuentes militares. La última cifra oficial de fallecidos, hecha pública ayer por el Gobierno, ascendía a 72. Por su lado, Marruecos confirmaba once víctimas mortales.

El hospital militar ceutí se ha convertido en el centro de operaciones para el trabajo conjunto de guardias civiles y forenses, quienes se afanan por acelerar las autopsias de los fallecidos. Se sabe, por ejemplo, que uno de los fallecidos es un adolescente de unos 13 años, pero el grueso son jóvenes de entre 20 y 30 años y hay al menos una mujer (aunque se debe concretar la existencia de otra más).

No obstante, el único identificado plenamente hasta ahora es un varón de unos 60 años que estuvo durante muchos años trabajando de jardinero en un chalé en Ceuta y regresó a Marruecos tras el estallido del coronavirus. Murió cuando ya había cruzado a nado el espigón del Tarajal. Para conocer el nombre de las víctimas el Servicio de Criminalística de la Guardia Civil está aplicando tecnología pionera. Se trata de un sistema que permite enviar al instante huellas dactilares vía satélite y sin necesidad de una red móvil.

Este lunes se prevé el traslado de todos los cadáveres a la nueva cámara de conservación que se ha montado en el hospital militar de Ceuta. Desde allí todas las huellas dactilares de los fallecidos deben estudiarse con los bancos de datos de otros países, especialmente Marruecos, y el ADN aportado por familiares. La mayoría de los cadáveres puede ser reconocido con una reseña dactilar que luego hay que comparar con algún dato del cuerpo.

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