Ceuta alcanza un centenar de muertos y es ya la mayor tragedia migratoria en España

3.000 militares y policías blindan la ciudad, donde cientos de migrantes aún se ocultan y buscan a sus allegados

Diario Vasco, Luis López, 03-08-2026

El hospital militar de Ceuta se ha acondicionado para acoger los cuerpos de las 72 personas que, a última hora de ayer, se habían recuperado del mar, según fuentes gubernamentales. Aunque desde la morgue hablan de 88 cuerpos, dos de ellos mujeres, y entre 13 y 16 niños. A las puertas del edificio decenas de jóvenes migrantes que habían entrado en la ciudad autónoma entre el jueves y el viernes, en la mayor y más dramática crisis migratoria que ha padecido una frontera española, esperaban para saber si entre los cadáveres estaba el hermano, el amigo o el primo del que no habían vuelto a saber desde que salieron del agua. Al otro lado de la frontera, cientos de familias marroquíes esperaban noticias de sus allegados. Esperaban que esos allegados de los que no tenían noticia desde hacía tres días estuviesen entre los rezagados en el regreso a Marruecos.

Aún está lejos de conocerse la dimensión real de la catástrofe humanitaria ocurrida la pasada semana. Las autoridades españolas han recuperado los cuerpos que están en la morgue ceutí a la espera de identificación. Y las marroquíes, poco transparentes, hablan inconcretamente de una veintena de cadáveres en sus aguas. En total, alrededor de un centenar de vidas perdidas. Pero hay decenas de personas desaparecidas. Y varios testimonios de quienes llegaron a Ceuta a nado apuntan que bracearon rodeados por cuerpos inertes.

Hay muchas más dudas que certezas en este episodio insólito. Entre el jueves y el viernes entre 50.000 y 60.000 personas procedentes de Marruecos entraron en Ceuta. La mayoría, nadando. Una avalancha humana que el Gobierno español achaca a las mafias, pero que los expertos creen que cuadra más con otro intento del país africano por meter presión a España con fines aún desconocidos. Porque semejante movimiento de gente implica una logística incompatible con la improvisación. Y la pasividad de las autoridades marroquíes, imprescindible para que todo esto haya ocurrido, es otro argumento en favor de esta tesis. También la ley del silencio que ha impuesto el régimen alauí en relación con este desastre.

La inmensa mayoría de esas personas, casi 50.000, regresaron por su propio pie a Marruecos una vez que se encontraron con Ceuta cerrada a cal y canto. Sin comida, sin agua y sin sitio donde dormir. Ninguna de las promesas de regularización que habían circulado en grupos de wasap y en redes sociales animando a la ‘invasión’ eran ciertas.

Sin embargo la crisis está aún lejos de cerrarse. La ciudad autónoma está blindada con 3.000 militares, policías y guardias civiles que velan por mantener la tranquilidad en un ambiente que sigue siendo tenso. En parte, porque siguen llegando, aunque muy puntualmente, personas que quieren entrar de forma irregular en territorio español. Pero, sobre todo, porque en Ceuta aún hay cientos o incluso miles de migrantes esperando a que baje el suflé de estos días para continuar con su periplo. La mayoría son jóvenes, pero también hay muchas familias y mujeres con niños pequeños.

En ocasiones están ocultos en lugares diversos: bajo unas escaleras, entre los arbustos de un parque, en calles poco transitadas. Pero la mayoría se han ido a lugares más alejados del centro urbano y, por lo tanto, de la Policía. Especialmente a las colinas próximas al Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI). A las puertas de esta instalación decenas de personas esperan a ser atendidas. La saturación es tal que algunas llevan meses ahí, mucho antes de que se desencadenase la crisis de la pasada semana, que ha transformado una situación crítica en absolutamente desesperada.

Previsiblemente esa situación se va a prolongar en el tiempo. El delegado del Gobierno en Ceuta, Miguel Ángel Pérez, dijo ayer que «vamos a acelerar los expedientes y ejecutar los retornos lo antes posible al país de origen». Pero no será rápido. Desde el Ministerio del Interior aseguran que se mantendrán los efectivos policiales y militares en la ciudad todo el tiempo que sea necesario. Tanto para ir localizando y expulsando a las personas en situación irregular, como para mantener el orden en las calles.

Aunque el centro de la ciudad está recuperando poco a poco la normalidad (abren tiendas, se llenan las terrazas, la gente va a la playa) sigue habiendo muchas incertidumbres. También temores a que aumenten los problemas de seguridad que incluso han provocado tensiones entre residentes. Hay vecinos y ONG que asisten a los migrantes que se agazapan en pequeños grupos en ciertas zonas, o que se juntan en grandes grupos en otras: les facilitan comida (algunos llevan días sin comer), agua y ropa. Pero, sobre todo, les dejan sus teléfonos para que puedan llamar a sus familias, para que les digan que siguen vivos. Sin embargo, parte de la población local presiona para que no se asista a esas personas de tal manera que la necesidad les obligue a marcharse de vuelta a Marruecos.

Por el lado sanitario la avalancha humana también ha saturando centros de salud y hospitales. En dos días fueron atendidos más de 1.600 migrantes, de los que uno permanece en la UCI y dos recién nacidos están ingresados.

En medio de semejante escenario, grupos de extrema derecha se desplazaron a Ceuta para generar aún más tensiones y se han podido ver desde la llamadas de Vox a «cazar» inmigrantes hasta la presencia de agitadores como Alvise Pérez o Vito Quiles, pasando por los neonazis de Nucleo Nacional.

Según explicó el delegado del Gobierno en Ceuta, la crisis migratoria provocó la llegada a la ciudad de una cantidad ingente de oficiales, que permanecerá en la localidad «el tiempo que se necesario». En total, la cifra asciende a los 3.000 efectivos entre miembros de las Fuerzas Armadas y las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. De esos 3.000, se movilizaron hasta 2.000 del Ejército, que llegaron a Ceuta ante la incapacidad de atajar la situación, y que se sumaron al contingente de 1.048 agentes de Policía Nacional y de la Guardia Civil que ya se encontraban sobre el terreno.

Texto en la fuente original
(Puede haber caducado)