Según cómo se mire
Gara, , 01-08-2026Es imposible despegar la mirada de los áticos madrileños y de las fronteras terrestres y marítimas de Ceuta y Melilla. El trasiego de personas por el espolón de El Tarajal forma parte de la incapacidad para comprender la fuerza del destino de miles de personas que acuden a una llamada imposible de detectar para aquellos que observamos el devenir del mundo como si nos fueran ajenas las vicisitudes de los otros, si los otros son esos otros que se empeñan desde las doctrinas más racistas en convertirlos en nuestros enemigos.
Porque el lenguaje empleado retrata la carga de intencionalidad política que se desprende en llamar a lo sucedido como invasión o incluso como una nueva marcha verde. Es cierto que cincuenta mil personas que cruzan de manera irregular una frontera tienen connotaciones más allá de la necesidad humanística, pero esos jóvenes que gritan y jalean, vestidos con camisetas de club de fútbol de LaLiga, no parecen, a primera vista, pertenecientes a ningún cuerpo selecto de los ejércitos del monarca alauí en modo operación secreta.
Conforme pasan las horas y debido a circunstancias que se entenderán mejor a la luz de los resúmenes de noticias, se ve cómo muchos de esos miles se están volviendo a Marruecos de manera voluntaria. ¿Habían sido engañados? Estamos ante una rara performance organizada por la internacional del odio porque hay imágenes de escuadrones fascistas pegando a los migrantes y hemos escuchado las proclamas de la extrema derecha española bicéfala aprovechando la ocasión para desgastar al Gobierno. Lo de Italia y Finlandia es la prueba del algodón ultra.
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