José Manuel García-Margallo: «La política de apaciguamiento con Marruecos no da resultado, alienta el siguiente chantaje»
Para el exministro de Asuntos Exteriores, la crisis en Ceuta es «existencial» porque afecta a la nación y la Constitución y urge a una defensa «firme»de los intereses en juego
Diario Vasco, , 02-08-2026José Manuel García – Margallo (Madrid, 1944) comienza la conversación declarándose «muy preocupado» por la multitudinaria entrada de ciudadanos magrebíes en Ceuta que ha sacudido la España inmersa en el verano y recuerda que fue diputado por Melilla hace medio siglo. Una huella personal que, sumada a sus responsabilidades como ministro de Exteriores entre 2011 y 2016 en el Gobierno de Mariano Rajoy, permea sus reflexiones sobre una crisis que atenta, a su juicio, contra las bases constitucionales que sustentan la nación y la democracia españolas.
- ¿Qué es exactamente lo que ha ocurrido en Ceuta?
- Representa una crisis extraordinariamente grave. Es un recado que Marruecos nos ha querido dejar y que en cualquier momento puede repetir. Lo que nos han dicho es que ellos escriben el guion. No es una crisis migratoria, no es una crisis local. Es una crisis que afecta al concepto mismo de soberanía e integridad territorial de la nación española. Es una crisis existencial.
- ¿Existencial?
- Sí, porque estamos discutiendo si se respeta o no se respeta la unidad de España, la soberanía y la integridad territorial que constituyen los fundamentos mismos de la Constitución. Su artículo 2 dice que la Constitución se fundamenta en la unidad indisoluble de la nación española, patria común e indivisible. Eso es sobre lo que estamos discutiendo.
- ¿Cabe, entonces, hablar de invasión? ¿O es un término exagerado?
- Bueno, hay uno intermedio que, a mi juicio, es muy gráfico: inundación migratoria.
- Pero eso parece remitir a un fenómeno espontáneo y el episodio en Ceuta no lo parece, ¿no?
- No, no lo es en absoluto. El presidente del Gobierno ha hecho unas declaraciones contradictorias, que demuestran que vive en una realidad virtual. Decir que esto es un fenómeno provocado por las mafias es realismo mágico.
- ¿Por qué?
- Porque no es posible que unas mafias, por poderosas que sean, movilicen a 50.000 o 60.000 personas en un periodo tan corto. Y no es posible que si han sido las mafias las que lo han hecho, a través de los mensajes en redes sociales amplificando el impacto de la sentencia del Tribunal Supremo que dice que no se puede aplicar la devolución ‘en caliente’ de quienes llegan a nado, los servicios de información marroquíes no lo supieran. Porque si algo funciona bien, son esos servicios de información. Hay una Dirección General de Estudios y Documentación que controla todos los movimientos poblacionales. El presidente ha dicho, además, que la colaboración con Marruecos es espectacularmente buena. Con lo cual, si eso es así, no se entiende que esa dirección general no se lo haya comunicado a sus colegas del CNI y que el CNI no se lo haya comunicado al Gobierno. Entre otras cosas, porque ya había varias señales de que esto se iba a producir. Entonces, lo que ha habido aquí son negligencias muy importantes.
- El Gobierno insiste en que no recibió ninguna alerta del CNI en los días previos. ¿Eso es creíble?
- No es creíble que los servicios marroquíes no lo supiesen. Lo que sí es creíble es que no se lo hayan comunicado al CNI. Lo cual es gravísimo, porque demuestra una operación orquestada y deliberadamente ocultada a un Gobierno con el que se dice que tiene la mejor de las colaboraciones.
- Argumentar que las mafias han utilizado de forma torticera esa sentencia que veta las repatriaciones exprés, ¿deja a los pies de los caballos al Supremo?
- Yo no creo que haya una interpretación torticera porque solo cabe una interpretación posible de esa sentencia: que no se puede aplicar la devolución en frontera a quien ha entrado a nado. Lo que no se entiende es que el Gobierno no adoptara entonces una modificación legislativa inmediata o pusiera medios para establecer una separación física, que es lo que está haciendo ahora. Si la redacción de la disposición adicional décima de la Ley de Extranjería permite esa interpretación que ha efectuado el Supremo, pero esa interpretación se considera contraria a los intereses nacionales, se corrige por una norma, que puede ser un decreto ley o una proposición de ley. Con lo cual, el efecto de la sentencia habría sido ninguno.
- Pero usted no cree, en todo caso, que este colapso sea atribuible a los grupos que trafican con seres humanos.
- Las autoridades de Marruecos han leído la sentencia y han visto que había una ventana de oportunidad para provocar una crisis de esta magnitud en Ceuta. ¿Usted qué cree que habrían hecho los británicos si se les hubiesen metido 50.000 españoles en Gibraltar?
- ¿La visita del presidente Sánchez a Argelia y la nacionalización de saharauis nacidos bajo administración española permiten establecer una causa – efecto?
- Sobre el viaje a Argelia, no tengo la menor duda. Las relaciones en el Magreb han sido siempre el escenario más complicado para España y hay que llevarlas con guante de seda. Ahora, Marruecos aprovecha que este es un momento de máxima debilidad del Gobierno. Países como Italia, Francia, Finlandia, Dinamarca… nos están diciendo que somos un problema; Dinamarca, que tiene una presidenta socialdemócrata. Este es un lío de primera magnitud porque somos el enfermo de Europa que tiene, además, un virus contagioso.
- Y visto lo visto, ¿España está en condiciones de seguir considerando a Marruecos un socio fiable?
- La responsabilidad de cualquier Gobierno es defender los intereses de la nación a la que pertenece. Marruecos siempre ha argumentado que la voluntad de recuperar Ceuta y Melilla es inamovible. El problema es que España tiene que saber cuál es su interés nacional y defenderlo con la misma determinación con que lo defienden los marroquíes. Hemos tenido un ejemplo muy reciente, el contencioso sobre Gibraltar. España tenía toda la legislación, incluidas resoluciones de la ONU, a favor de la restitución de la integridad territorial y de la soberanía. Los británicos querían mantener la soberanía del Peñón. ¿Gran Bretaña no es fiable? No, Gran Bretaña defiende sus intereses. El problema es que los españoles no defiendan los intereses españoles. Ese es el tema. Se ha erosionado el sentimiento patriótico hasta límites insospechados.
- ¿Hay alguna garantía de que esa multitud que entró y se fue en 48 horas no vaya a volver mañana?
- Depende de la seriedad con que España se tome el tema. No le puedes pedir a un señor que tiene intereses contrarios que renuncie a ellos. Lo que sí tienes que explicar con toda claridad es que tú vas a ser extraordinariamente firme en defender a los tuyos. El apaciguamiento lo conocemos desde Múnich 1938, cuando Churchill le dijo a Chamberlain aquello de «tenías que elegir entre el deshonor y la guerra, elegiste el deshonor y tendrás la guerra». La política de apaciguamiento nunca ha dado resultado; al revés, alienta el siguiente chantaje. Y lo primero es estar convencidos de esto, toca los fundamentos de la nación y de la Constitución y, por tanto, vamos a defender la españolidad de Ceuta y Melilla con los medios que hagan falta. Reino Unido no nos ha declarado la guerra por reclamar Gibraltar, pero ha defendido su interés con uñas y dientes.
- ¿Qué parte de las críticas que está recibiendo el Gobierno de Sánchez de los aliados europeos pueden ser razonables y qué parte pueden estar entrando en un terreno injusto o insolidario?
- El problema es que todos hemos aprobado el espacio Schengen para la libre circulación de personas. Y todos sabemos que cuando un emigrante entra en el territorio de un país, en este caso España, puede moverse con absoluta libertad por todo el espacio Schengen. Por eso las regularizaciones masivas no representan un problema que afecte a España, afectan a toda la Unión Europea. Schengen prevé el establecimiento de restricciones a la libre circulación de personas cuando se considera que hay una amenaza. Y es obvio que la entrada de 50.000 personas en territorio comunitario, territorio Schengen, es una amenaza para todos los miembros de la UE.
- La legalización de los inmigrantes en situación irregular ha recibido el aval de la Iglesia y los empresarios.
- Claro. ¿Cómo no va a aprobar el empresariado que haya más mano de obra y en mejores condiciones laborales? Pero Italia dice: el problema no es si les conviene o no a los empresarios españoles, es si me conviene a mí o no.
- ¿El trasfondo de esta crisis es el giro histórico del Gobierno sobre la posición española en el Sáhara?
- Tiene que ver indirectamente. Tiene que ver con que Marruecos se ha convertido en un aliado prioritario para Trump desde que firmó los Acuerdos de Abraham [entre Israel y varios estados árabes]. Marruecos ve la debilidad del Gobierno español y ve su fortaleza en una alianza estratégica prioritaria con Estados Unidos.
- El desafío vivido en Ceuta, ¿envía también un mensaje a Feijóo si gobierna?
- No, esto es un aviso a España como nación. El problema es que la política exterior española, que siempre se ha hecho por consenso porque es de Estado, se ha convertido en una política unilateral y al servicio de la posición personal del presidente, no del interés de la nación. Se justifica por principios, pero que Sánchez hable de principios es como que el Papa Borgia lo hiciera de la castidad. Nadie está en contra de respetar la dignidad de los inmigrantes. Pero tú no puedes invitar a tu casa a todo el que quiera entrar porque todos están incómodos. La emigración tiene que ser regular, entre otras cosas para que los emigrantes que estén en España tengan unas condiciones dignas de empleo, de vivienda, de acceso a servicios públicos… Y los recursos no son infinitos.
- ¿Le preocupa que el resultado final de esta crisis le dé gasolina a Vox?
- Pues tanto me preocupa que si el PP no manejase esta situación como debe manejarla, yo dejaría de ser del PP a los cinco minutos.
- ¿Y qué es manejarla bien?
- Saber defender que estamos hablando de la soberanía nacional y de la integridad territorial, y, por tanto, de los fundamentos de la Constitución. De la democracia española.
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