Las 24 horas que incendiaron Ceuta: «Es imposible atenderlos, nos tienen atemorizados»
Marlaska se felicita de haber revertido la situación en poco más de un día pero los ceutíes tuvieron que levantar barricadas, colocar vallas en los accesos a los barrios y defenderse casi solo
Diario Vasco, , 02-08-2026«Hemos revertido la situación en 24 horas». Así retrató ayer el ministro del Interior, Fernando Grande – Marlaska, la respuesta a la grave crisis migratoria que se desató en Ceuta el pasado jueves, cuando más de 50.000 migrantes, según el Ejecutivo, cruzaron la frontera marroquí rodeando el espigón del Tarajal y accedieron a territorio español. De ellos, 67 perdieron la vida en el intento.
«La hemos revertido solos con la cooperación de Marruecos», añadió el ministro, que llegó a calificar a Rabat como un «socio absolutamente fiable que no es ninguna amenaza, ni para Ceuta, ni para el resto de España». Lo hizo en una rueda de prensa desde la Delegación del Gobierno de la ciudad autónoma, a la que se trasladó junto a Pedro Sánchez. Marlaska valoró la situación aún como «difícil y compleja» en una jornada más calmada, en la que se pudieron reabrir al tráfico las fronteras de Ceuta y Melilla. Tanto Rabat como Madrid, defendió el ministro, han dado respuesta a los acontecimientos «garantizando la seguridad de sus respectivos territorios e impidiendo llegadas ilegales», en alusión también al intento de entrada de varios cientos de personas en Melilla el pasado viernes. El Gobierno aseguró que han abandonado Ceuta «casi todos» los inmigrantes irregulares aunque «es muy difícil concretar el número de salidas». Ni siquiera Marlaska da la crisis por cerrada del todo.
De hecho, a lo largo de la noche del viernes al sábado vecinos de la ciudad autónoma levantaron barricadas y colocaron vallas en los accesos a los barrios. Se apostaron allí, armados con palos y cadenas, y sólo dejaban pasar a los nacionales. Denunciaban intentos de robos en las casas y negaban ser racistas pero tenían claro que «si nos marchamos, volverán». Todos preferían mantenerse en el anonimato. En algunos puntos hubo incluso altercados, peleas y agresiones que fueron captadas en vídeos que circulan por las redes sociales. Interior optó por los califica de «no relevantes».
Los ceutíes no daban crédito a lo que vivían en sus calles y se encerraron en sus casas por temor a nuevos altercados. El centro de la capital estuvo ayer desierto desde primera hora de la mañana, con muy pocos comercios abiertos, incluidos supermercados y sucursales bancarias: solo algunas de estas últimas oficinas levantaron la persiana y, al poco, tuvieron que desistir de su empeño porque la presión a la que estaban sometidas era brutal. Igual que venían con teléfonos móviles envueltos en plásticos protectores, los migrantes no se olvidaron de sus tarjetas de crédito, que intentaban hacer valer ante los cajeros y a pie de mostrador. «Es imposible atenderlos, nos tienen atemorizados», se quejaba un empleado de banca cerca de la plaza de la Constitución, literalmente rodeado por magrebíes que igual pedían cambiar un fajo de billetes de la moneda corriente en su país – y que traían en un bolsillo del traje de neopreno con el que nadaron hasta España – que un cargador portátil para el teléfono, una botella de agua o un cigarro rubio.
La tarde de ayer transcurrió con una calma mayor pero que sigue lejos de la ansiada normalidad. Los inmigrantes seguían saliendo de entre las colinas y escondiéndose entre matorrales para burlar los controles que se extienden por la ciudad. Eran grupos menos numerosos y los vecinos lo habían notado y comenzaban a poblar las calles. Algunos comercios fueron reabriendo, no sin cierta timidez. Algunos lo hicieron con un vigilante en la puerta y otros con cajas improvisadas que hacían de barrera ante infortunios. Se dejaba notar el despliegue de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, entre los que se cuentan la Policía Nacional, la Guardia Civil, la Policía Local de Ceuta y el Ejército.
Los magrebíes se congregaban por decenas frente a los locales que habían levantado la persiana, incluso ante los que tenían visos de hacerlo en algún momento. En su mayoría se manejaban con educación, aunque también hubo quien perdió las formas. No es la misma estampa que hace días se veía en los muy escasos comercios abiertos, donde se producían tensiones que terminaban en griterío e incluso agresiones cuando los tenderos trataban de salvaguardar el orden ante la insistencia de los inmigrantes.
«Jugársela»
«Ayer abrir era jugársela pero hoy todo está mucho más tranquilo», aseguró el dueño de un comercio mientras hacía guardia en la puerta para controlar entradas y salidas. Es la medida que ellos tomaron ayer para abrir, que dos atiendan y uno mantenga un orden que, a media mañana, permanecía inalterado. En su tienda, que hace las veces de estanco y papelería, lo que peligra es el tabaco.
A solo unas pocas calles de él, la carnicería y charcutería Al Aqsa enseñaba su mostrador vacío. «Está la cosa muy mal, no me dejaron poner las cosas de la carnicería», contaba su dueño, un autónomo para el que varios días de cierre se han convertido en cuantiosas pérdidas. La entrada de su establecimiento estaba protegida con unas antiguas cajas de fruta y botellas de zumo apiladas hasta la altura de la rodilla, que poco pueden hacer si alguien se decide a entrar. Fuera había algunos que querrían hacerlo pero esperan. Quienes tenían dinero compraban. «Algunos te quieren pagar pero vienen con dirham y no acepto».
(Puede haber caducado)