También un muro frente al resto de Europa

Se hace muy cuesta arriba entender el desprecio y la soberbia con la que Pedro Sánchez venía despachando los legítimos temores de algunos socios comunitarios

La Razón, , 01-08-2026

Veintidós países de la Unión Europea reclaman a Bruselas mejores mecanismos de control y seguridad de las fronteras exteriores, frente al fenómeno migratorio y ante el espectáculo de la indefensión de Ceuta, territorio de la UE, literalmente invadida por decenas de miles de ciudadanos marroquíes en una acción a caballo entre la pasividad cómplice de Rabat y la impotencia de Madrid. Que Francia se haya desmarcado de la posición mayoritaria de nuestros socios tendría mayor significado si no fuera porque, al mismo tiempo, ha decidido reforzar la vigilancia de su frontera con España para impedir el paso de más inmigrantes africanos, al calor del acuerdo de libre tránsito de Schengen, que Italia ha dejado en suspenso en lo que se refiere a nuestro país. Con todo, lo más grave es comprobar que la reacción del Gobierno español sigue la misma tónica de su política interior, señalando a todos aquellos que no se pliegan a sus designios ideológicos, en este caso, nuestros socios europeos, como egoístas, insolidarios y, prácticamente, fuera de la ley por expresar sus temores y desacuerdos con el modelo de gestión de la emigración irregular y de sus fronteras del Ejecutivo español. Ese maniqueísmo se convierte en un acto reflejo en la política exterior de España, lo que, a la postre, significa el aislamiento cada vez mayor de una diplomacia puesta al servicio de los intereses domésticos del inquilino de La Moncloa. Ciertamente, se hace muy cuesta arriba entender el desprecio y la soberbia con la que Pedro Sánchez venía despachando los legítimos temores de algunos socios comunitarios como Francia, Italia, Dinamarca, Alemania, Suecia, Países Bajos y Bélgica, países que siempre se han mostrado solidarios con España, ante el proceso extraordinario de regularización de inmigrantes y el inevitable efecto llamada de tal medida. Socios, todo hay que decirlo, con graves problemas de integración de las comunidades extranjeras. Saben que buena parte de la emigración irregular africana y del Oriente Próximo que llega a las costas españolas busca asentarse en el norte de Europa, donde ya tienen establecidas fuertes colonias. El creciente aislamiento es, como decimos, el resultado de utilizar la acción exterior como un instrumento más del relato político e ideológico gubernamental, buscando escenarios de confrontación que alimenten el discurso del muro, como sucede con Donald Trump y el gobierno de Israel, y que nos lleva a alinearnos con actores de dudosas credenciales democráticas. Y si, además, el Gobierno consiente el deterioro de los servicios de Información y del tejido diplomático, hasta el punto actual, en el que se ha demostrado la incapacidad para adelantarse a un movimiento de masas en un territorio conocido y familiar, se entenderá la suspicacia y el temor tanto entre nuestros socios europeos como en la opinión pública española, que genera la inacción de un ejecutivo que siempre va a remolque de los acontecimientos.

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