Política
El conflicto fronterizo de Ceuta en mapas y gráficos
La ciudad autónoma se convierte en epicentro del mayor tensionamiento migratorio con Marruecos tras la crisis diplomática de 2021
Diario Vasco, , 01-08-2026La multitudinaria entrada en Ceuta, en lo que hasta el miércoles había sido un goteo, de entre 50.000 personas mayoritariamente de procedencia magrebí según los cálculos del Ministerio de Interior y 60.000, según los del Gobierno de la ciudad autónoma, constituye la mayor crisis de estas características de las registradas en los enclaves de soberanía española en el Norte de África.
El territorio ceutí, situado a 28 kilómetros de Algeciras en el Estrecho de Gibraltar, conforma junto a Melilla la única frontera terrestre de un Estado miembro de la Unión Europea en el continente africano. Lo que lo convierte en un bastión estratégico entre el océano Atlántico y el mar Mediterráneo.
La cercanía de Ceuta a núcleos marroquíes como Castillejos, Tetuán y Tánger, junto con la disparidad socioeconómica existente entre la democracia española y el reino aluí, convierte su frontera en un punto poroso de constante presión migratoria. Una presión llamada a estar bajo control por los acuerdos bilaterales en esta materia entre los gobiernos de Madrid y de Rabat, pero que, periódicamente, Marruecos utiliza como elemento de fuerza para hacer valer sus intereses o expresar sus malestares.
El perímetro fronterizo de la ciudad autónoma ceutí articula sus puntos de mayor tensión entre la orografía montañosa del interior y sus dos extremos costeros.
En el norte, los bosques del Jbel Musa cubren la aproximación a las entradas marítimas por Benzú, mientras que en el interior, la accidentada topografía de la Finca Berrocal reduce la visibilidad y facilita los saltos a la valla.
La vertiente sur de El Tarajal, colindante con Castillejos, aúna el paso terrestre con su espigón marítimo, lo que lo erige en el punto con mayor volumen de incidencias del perímetro y en el escenario de la última crisis fronteriza desencadenada con Marruecos que obligó el jueves al Gobierno de Pedro Sánchez a movilizar a la Unidad Militar de Emergencias.
En el paso de El Tarajal, la entrada en masa de miles de personas —iniciada en la madrugada del jueves y con su punto álgido durante la mañana y mediodía del viernes— fue fruto en la mayoría de los casos de las maniobras para bordear a nado del espigón sur, el cruce a pie por la escollera en bajamar y los conatos de avalancha en la aduana. A lo que se sumaron los saltos sobre el muro perimetral que delimita el Polígono Industrial de El Tarajal.
Mientras, el CETI permanece colapsado tras duplicar sus 512 plazas oficiales y albergar a cerca de 1.000 residentes llegando a tener otros 800 migrantes acampados fuera, lo que desató conatos de acceso forzoso forzando a la Policía a intervenir con antidisturbios y a derivar la atención a naves auxiliares. En paralelo, el sector de Benzú —cuyo paso fronterizo lleva cerrado desde hace años— registró intentos secundarios de entrada a nado desde Beliones por parte de grupos que buscaban esquivar el grueso del despliegue policial.
La «avalancha humana» – un «ataque a la integridad territorial» de España, en palabras del presidente Pedro Sánchez, aunque sin señalamiento a la, cuando menos, pasividad marroquí – , obligó a desplegar un amplio dispositivo de seguridad para intentar controlarla y llevó a la saturación de los centros de acogida. Ambos gobiernos pactaron el jueves la agilización de las devoluciones, aunque la gran mayoría de quienes se adentraron en Ceuta han regresado ya por propia decisión.
Desde el jueves, el Gobierno viene manteniendo en Ceuta un despliegue extraordinario de las Fuerzas Armadas, la Policía Nacional y la Guardia Civil. Mientras las tropas militares continúan colaborando en la contención del perímetro fronterizo, los refuerzos policiales llegados desde la Península mantienen blindados los accesos terrestres y marítimos con unidades antidisturbios, personal de filiación, buceadores del GEAS y medios aeronavales para asegurar la zona y coordinar los rescates.
El Gobierno ha comenzado a colocar en el mar las boyas anunciadas para que ejerzan un efecto disuasorio tras la sentencia de este julio del Tribunal Supremo que veta las expulsiones de inmigrantes ‘en caliente’ cuando estos lleguen a nado. Prohibición basada en que en el mar no existen barras y vallas como en el mar. El presidente Sánchez anunció la medida el viernes, en su comparecencia en suelo ceutí.
Las 50.000 entradas registradas entre el jueves y el viernes equivalen casi el 60% de la población total de Ceuta (83.595 habitantes) en apenas 48 horas.
Para entender la magnitud de la crisis, si lo comparamos con la población de España, supondría la llegada a todo el territorio nacional de más de 29 millones de personas en solo 48 horas. Por poner en contexto, la crisis de mayo de 2021 también en Ceuta, con 10.000 entradas, representaba, hasta ahora, el mayor desafío de tensionamiento migratorio en la historia reciente de España. Este episodio ha multiplicado esa cifra por cinco.
Como en aquella crisis de apariencia migratoria pero de fondo diplomático, la casi totalidad de los inmigrantes que han entrado estos dos días a Ceuta ya han regresado a Marruecos. El Ministerio de Interior elevaba ya el viernes la cifra, en una vuelta acelerada que alienta las sospechas sobre la permisividad de Marruecos, de quienes han vuelto a 48.300.
Pero el episodio tiene otro rostro aún mucho más dramático. El balance de víctimas mortales en Ceuta ascendía este sábado a 67 personas fallecidas, las que se han podido contabilizar: baste consignar que en las costas malagueñas han aparecido en las últimas jornadas cuatro cuerpos más arrastrados por la corriente.
Las crisis de Ceuta en mayo de 2021 y Melilla en junio de 2022 constituyen los precedentes más graves de la tensión fronteriza actual, evidenciando la instrumentalización del control migratorio por parte de Marruecos ante discrepancias diplomáticas con España —como el caso de la atención médica a Brahim Gali en 2021 o los recientes acercamientos a Argelia y la ley de nacionalidad saharaui—. Mientras que el episodio ceutí conllevó la entrada sin precedentes de unas 10.000 personas, el trágico salto al puesto del Barrio Chino en Melilla dejó un saldo indeterminado de fallecidos, desencadenando en ambos casos intensas tormentas políticas en España por la pasividad de Rabat y la gestión del Ministerio del Interior.
Marruecos instrumentaliza la presión migratoria como baza de presión geopolítica frente a España y la UE para obtener concesiones económicas y diplomáticas, utilizando la vulnerabilidad fronteriza para tensionar el contencioso sobre la soberanía de Ceuta y Melilla. La crisis ha provocado tensiones políticas en España —con Italia patrocinando su exclusión del ‘espacio Schengen’ y animando una carta de 22 socios comunitarios para blindar la Unión—, mientras que asesta un duro golpe reputacional a Marruecos tras la conmemoración del reinado de Mohamed VI, con su ambición al fondo, en entredicho, de albergar la final del Mundial de 2030.
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