Los sueños rotos de quienes han cruzado la frontera: «Solo queríamos un futuro para mi hija»
El caos se instala en la ciudad autónoma mientras que los migrantes vuelven a su país y avisan a los compatriotas que quieren entrar en España: «Volved a Marruecos, no entréis»
Diario Vasco, , 01-08-2026Poco a poco, Ceuta observa la marcha de los 50.000 marroquiés que cruzaron la frontera creyendo que allí encontrarían un futuro mejor. La sensación por las calles de la ciudad, sumida en un miedo por el que todos los servicios permanecen cerrados, es que hay todavía muchas más personas que las que cifra el Ministerio de Interior, que señala que ya están en el país vecino 48.000 de los 50.000 que atravesaron la frontera para llegar al municipio.
El engaño con el que miles de personas acudieron a Ceuta se refleja en testimonios como el de Mostafa recogido por el diario ABC. Da gracias de que la frontera esté abierta para volver al hogar que abandonó el viernes por la mañana para enfrentarse a la travesía a nado que terminó en una ciudad cerrada a cal y canto por su llegada. «Estamos enfadados porque, cuando te abren, la puerta significa que eres bienvenido. A mí me han abierto la puerta, y entré entre los militares marroquís y españoles, me han dado la mano para que pase», lamentaba.
Cuando llegó, dice, no había acceso a agua, comida o un refugio. Mucho menos un trabajo. «Marruecos, no Ceuta. Ceuta.», fruncía el ceño. Miles de marroquíes como Mustafa pasaron la tarde del viernes desandando el camino recorrido y avisan desde el paseo marítimo a sus compatriotas de que se den la vuelta. «Volved a Marruecos, no entréis». Los que quieren entrar tiritan frente al cerco que el Ejército ha formado en la orilla de la playa con las piernas sumergidas hasta la rodilla y los brazos cruzados sobre el pecho.
«Estamos volviendo a España porque lo que han hecho está mal, porque solo hay una tienda abierta y todos se van a comprar en la misma y cuando llega todo el mundo…», se queja este marroquí. Son pocos los comercios que se atreven a elevar la persiana. El hambre y el calor aprieta. «Tengo un trabajo en Marruecos, de motos de agua, así que me vuelvo», cuenta un joven al que ABC conoció a su llegada y que vuelve a encontrar cuando cruza la frontera para volver con su «familia pequeñita pobrecita».
«Nos vamos porque no hay comida, tenemos dinero, pero no nos venden, no hay leche para la niña, todo está cerrado. Y nos han enseñado cuchillos y tirado piedras. Solo queríamos un futuro para mi hija», cuenta a El País Nabil, un joven de 30 años y conduce un Uber en Marruecos junto a su mujer, Wisal, que ha cumplido 23. Tienen allí una niña que padece de asma. . «No he comido, solo he dado vueltas por la ciudad y he dormido en la playa de la Almadraba», añade Adam Taher, al que el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes recomendó volver a casa. Tiene 16 años y viajó desde Casablanca para cruzar a nado de noche q el mar que une Ceuta con Fnideq.
Por la playa continuaban llegando marroquíes a nado en la tarde del viernes.«No hay comida, no hay agua», advertía un oficial a un recién llegado que, tirado en el suelo, no hace más que repetir la palabra «hospital». La marcha hacia Marruecos es relativamente tranquila, pero con algún momento de tensión. «Estaréis contentos» o «nos vemos luego» es lo que se escucha, entre adioses, en su retorno.
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