Los vigilantes de Tell, la zona cero del pogromo israelí en Cisjordania
Más de cuatro días después de que un enfrentamiento acabara con la vida de cuatro civiles palestinos y dos soldados israelíes, los habitantes de la aldea de Tell (gobernación de Nablus) atestiguan la intensificación de la campaña militar israelí en el norte de Cisjordania, con desplazamientos forzados, destrucción de cultivos, ataques de colonos, detenciones, y la instalación de francotiradores y puestos militares. Banderas fanáticas que aluden al Tercer Templo de Salomón han sido plantadas por los colonos en las afueras de la población palestina.
Gara, , 29-07-2026A las afueras de Tell, Fuad Ramadán y sus cultivos se han convertido en la primera línea de una nueva batalla, después de que el mismo viernes, inmediatamente después del enfrentamiento, 14 excavadoras israelíes subieran al valle y arrancaran las 50 higueras y los 40 olivos de los que vivía su familia, según cuenta su alcalde, Mundir Zeidán.
«Quieren aprovechar los problemas de la semana pasada para terminar de echarnos de nuestra tierra», explicó Ramadán, antes de que dos jóvenes colonos judíos aparecieran en la carretera que conduce hasta su casa y apresuraran al agricultor a subir a la azotea en busca de resguardo.
El pasado viernes, un grupo de colonos armados irrumpió sin coordinación previa con el Ejército en Tell, una localidad de las áreas A y B bajo control total de la AP y conjunto con Israel, según los Acuerdos de Oslo y se produjo un tiroteo cerca de una mezquita cuando decenas de vecinos trataron de expulsarlos.
En medio del choque, según la versión israelí, un palestino arrebató el arma a un miembro de las fuerzas de seguridad israelíes y abrió fuego, matando a un soldado y a un colono que ejercía como guardia de seguridad del asentamiento de Havat Gilad. El Ejército israelí reaccionó matando al autor de los disparos y a otros tres miembros de su familia allí presentes.
Tras lo ocurrido, el primer ministro, Benjamin Netanyahu, anunció nuevas operaciones militares en localidades señaladas como «focos de terrorismo», y los colonos de Havat Gilad prometieron vengar la sangre judía derramada.
GUARDIAS VECINALES PARA PROTEGERSE DE LOS COLONOS
Los colchones y las mantas en el terrado revelan que, desde que Tell se convirtiera en el foco de la violencia en la Cisjordania ocupada, los Ramadan pasan las noches a la intemperie para advertir al resto de vecinos más rápidamente de las incursiones de colonos o soldados israelíes en el pueblo.
Desde el tejado, Fuad señala hacia Asira y Madama al frente, al este Barja y, detrás, Havat Gilead. Todos son asentamientos israelíes construidos antes de los ataques de Hamas de octubre de 2023.
Pero entre ellos, y a escasos metros de la casa de esta familia palestina, ha surgido en la última semana una nueva presencia israelí: justo detrás de los olivos y las higueras arrancadas ondea desde el viernes pasado una bandera del Tercer Templo, el hipotético lugar sagrado del judaísmo que, según corrientes del sionismo religioso, sucederá a los dos primeros templos judíos destruidos por los romanos.
«Han puesto caravanas. Vienen, van… No van a parar hasta robarnos la tierra. Pero nosotros no nos vamos a ir», sostiene Fuad. Como este, son al menos tres los puestos militarizados que los colonos han plantado a las puertas del pueblo en la última semana.
El Ejército israelí, que también ha restringido severamente el movimiento, ha instalado francotiradores en algunas de las casas requisadas durante el enfrentamiento de Tell y cuya toma ha desplazado a al menos diez familias, según la Oficina de la ONU para Asuntos Humanitarios.
Asimismo, de los más de 130 palestinos detenidos por el Ejército israelí desde el 24 de julio en la Cisjordania ocupada, 31 eran habitantes de Tell.
«Estamos esperando algo más», confiesa a Efe y a un corrillo de hombres del pueblo un vecino mayor de Tell que prefiere no revelar su nombre.
«En este pueblo no había pasado algo así desde la Segunda Intifada», añade el anciano, en referencia al levantamiento palestino entre 2000 y 2005, y a la respuesta israelí, que castigó ferozmente a la gobernación de Nablus.
Según la Oficina de Medios del Ejecutivo palestino, la semana del 20 al 26 de julio las redadas aumentaron de 315 a 446 y los ataques de colonos, de 94 a 109.
Tras el tiroteo del viernes, Netanyahu ordenó como represalia expandir la ocupación del enclave y el ministro de Defensa israelí, Israel Katz, afirmó que las operaciones «antiterroristas» se ampliarán en las próximas semanas.
Ante las amenazas y los ataques de los últimos días, Zeidán advierte: «Cuando se sigue presionando, presionando y presionando a un ser humano, tarde o temprano se producirá una explosión y, si esa explosión se produce, no será ni en nuestro beneficio ni en el suyo».
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