Bajan los delitos en Barcelona pero el estigma de la inseguridad se mantiene en los barrios vulnerables

Público, Oriol Daviu, 30-07-2026

La cuestión de la inseguridad es un elemento repetidamente estudiado. Uno de los indicadores más utilizados en la capital catalana es la Encuesta de Victimización de Barcelona. El estudio permite estudiar la serie histórica sobre la criminalidad, si aumenta o baja, y compararla con los barómetros municipales sobre preocupación por la seguridad. Recientemente los datos evidencian un distanciamiento entre ambos indicadores, la criminalidad baja un 11,2% este semestre, y la preocupación por la seguridad se mantiene en segunda posición en el Barómetro Municipal.

Los resultados refuerzan la idea de que hay otros factores distintos a los de los delitos que están provocando esa sensación de inseguridad. Sin embargo, este mismo martes, Collboni interpeló a los partidos de izquierdas para endurecer las penas de cárcel por tenencia de armas de fuego y para los cultivos y tráfico de marihuana. “Si no se ocupa la izquierda, se acaba ocupando la extrema derecha con unos objetivos y unas consecuencias completamente indeseables”, advertía el alcalde de Barcelona.

El comunicado de la última Junta Local de Seguridad de Barcelona, ponía el foco en otra dirección. La oficina de comunicación de la Junta destacaba en una nota de prensa este julio que hay “otros factores” que influyen en la percepción de los ciudadanos sobre la seguridad, como los relacionados con “la calidad del espacio público, la limpieza, la convivencia ciudadana, situaciones de exclusión social, el sinhogarismo o los flujos turísticos”. Unos factores que sufren en mayor grado los barrios de rentas más bajas, con el problema agravado que causan estigma social hacia quien vive y sufre la vulnerabilidad.

La oficina de comunicación de la Junta de Seguretat apelaba, por este motivo, a hacer un análisis de la seguridad “con una mirada transversal” que integre factores “policiales, sociales, urbanísticos y de convivencia”.

“La percepción de la inseguridad es un fenómeno complejo y multidimensional y no sólo depende del nivel de delincuencia de una ciudad o de un barrio”, expresa Marta Murrià, jefa del área de convivencia y seguridad del Instituto Metrópoli de la UAB. La investigadora es autora del reciente informe Percepción de inseguridad en Barcelona, que mapea la sensación de seguridad en los 73 barrios de Barcelona.

El estudio relata algunos de los factores que agravan esta sensación y que no tienen que ver de forma directa con la criminalidad. Se apuntan elementos como la falta de vínculos comunitarios en el barrio, la presión turística, el estigma social, la falta de iluminación en las calles, los efectos de concentrar salas de ocio nocturno, o el desconocimiento y poco uso de la policía de proximidad.

El resultado muestra que la percepción de inseguridad es mayor en los barrios céntricos y periféricos de la ciudad, donde algunas de estas situaciones son más frecuentes. A pesar de la coincidencia en algunos barrios de Ciutat Vella, se evidencia que hay otros factores que también afectan a la percepción de seguridad en los barrios periféricos, que no son propiamente los hechos delictivos.

El estudio utiliza unos indicadores cuantitativos mixtos a partir de encuestas y otros registros administrativos. Según estos datos, los ciudadanos de 19 barrios de los 73 de Barcelona perciben el barrio donde viven como inseguro. El estudio marca el umbral cuando el 30% o más de la población expresa que su barrio no es suficientemente seguro. Dentro de este grupo hay tanto áreas de la periferia como Ciutat Meridiana, Vallbona o el Besòs i el Maresme, como barrios céntricos como son el Poble Sec, La Barceloneta o el Gòtic. Pero sólo en los últimos dos barrios hay una correlación con la tasa de delitos.
La percepción de inseguridad en barrios vulnerables
“Una cosa que hicimos en el informe es clarificar qué es la percepción de inseguridad”, relata Murrià. La investigadora considera que en los barómetros municipales no se puede aducir que la población se siente insegura en base a lo que se pregunta. “Sólo se pregunta por si se considera un problema, no por la percepción”, destaca.

Un primer elemento general que enuncia como causante de esta percepción es la “desinformación” o el “caos informativo” de noticias y publicaciones que generan alarma social. Murrià alerta de una gran cantidad de publicaciones y comparticiones de contenidos relacionados con la seguridad, que sobrerepresentan lo que pasa en realidad. En este punto, el estudio de Metròpoli también descubrió que según qué segmento de la ciudadanía, existía tanto “desconfianza” hacia las redes sociales como también hacia los medios tradicionales.

Ante esta cierta desconfianza y alarmismo informativo, Murrià considera que la solución al problema “es compleja”, y apela a “mejorar la comunicación institucional”, para evitar que publicaciones provoquen “discursos de odio, racismo, o ataque a determinados colectivos”. Este primer elemento sería justamente uno de los puntos que afecta más a los barrios de rentas bajas, generando “estigma” precisamente por esta imagen “de espacios más deteriorados”, unos mensajes que “hace tiempo que se dan”, destaca la investigadora.

A la vez que existen estos elementos más “estructurales”, la socióloga apela también a una dimensión más “situacional”. Los barrios periféricos, por ejemplo, tienen “menos accesibilidad y transporte público para volver a casa por la noche o tienen espacios mal iluminados”, factores de seguridad que “afectan sobre todo a las mujeres” y apunta que revertir estas carencias ayuda también a mitigar la sensación de peligro.

“En estos barrios periféricos también se da una cierta paradoja”, resalta Murrià, porque “las mismas personas de estos barrios nos decían que, quizás hay gente de fuera que se siente insegura cuando los visita, pero la gente que vive en ellos conoce los espacios, conoce los vecinos y las vecinas, y eso también es un factor protector”.

En el otro lado de la moneda, en este aspecto, se encuentran los barrios más céntricos, que han sufrido la gentrificación y la presión turística y donde también hay más cantidad de espacios de ocio nocturno, que son predictores para la sensación de inseguridad. “Los cambios que se han producido en estos barrios han hecho que se rompan los tejidos vecinales y comunitarios, nos lo hemos encontrado en Ciutat Vella o en las zonas céntricas del Eixample debido a los alquileres turísticos o de temporada”, destaca la investigadora del Instituto Metrópoli.

El turismo también genera “más oportunidades delictivas”, porque a los turistas les roban más, y “si estás cerca, tienes más posibilidad de que te roben”, resalta Murrià, y avisa que también “genera que se ensucien más las calles o que haya más ruido nocturno”.

En opinión de la socióloga, este elemento se debería solucionar desde un prisma del “modelo de ciudad”, haciendo “cambios en los planes de usos, con el fin de que no haya determinados tipos de comercios, hoteles o licencias de pisos turísticos”.

La investigadora del Instituto Metrópoli recuerda que “la solución a un problema complejo no puede ser solo una única solución”. Murrià habla de la integración de “diversos actores” y “diversas políticas”.

Apela a abordar las dimensiones estructurales, como "mejorar las condiciones de vida en los barrios o reducir desigualdades, por ejemplo a través del Plan de Barrios o con “inserción laboral”, y también a abordar las dimensiones situacionales, como “la mejora de los espacios públicos y los usos que se hacen”, así como también “mejorar la comunicación”.

Evidentemente también está la cuestión policial. Durante la investigación salió a la luz que la población desconoce que en Barcelona existe una policía de barrio, es decir, un servicio policial “de proximidad”. “Lo que genera confianza es que se conozca a la policía, que se patrulle a pie y que se establezca una relación de confianza con la población del barrio”, considera Murrià.

La investigadora es consciente de que la confianza hacia la policía “depende del segmento de población”, ya que personas racializadas “se pueden sentir más inseguras”, mientras que la presencia en espacios donde se vuelve a casa de noche, donde no hay comercios ni gente, la presencia sí que genera confianza". Por tanto, “es complejo” saber cuándo conviene aumentar la presencia policial y hay que evaluarlo para cada situación.

Collboni reclama endurecer penas
La Junta Local de Seguridad del 20 de julio –que reunió a la consejera de Interior y Seguridad, Núria Parlón, al alcalde de Barcelona, Jaume Collboni y al director de la Policía, Josep Lluís Trapero – evidenciaba el choque entre los indicadores de criminalidad y la preocupación por la seguridad en Barcelona. Los hechos delictivos se han reducido un 11,2% en la ciudad durante el primer semestre de 2026, pero el barómetro municipal coloca la inseguridad en la segunda preocupación de la población barcelonesa, sólo superada por la vivienda. La paradoja es que hay un 12% menos de delitos que hace diez años, cuando la seguridad se encontraba en la sexta posición en el ranking de preocupaciones ciudadanas.

Tanto el Ayuntamiento como el Departamento de Interior han reclamado en las últimas semanas que la pena de prisión por tenencia de armas de fuego aumente de los dos años actuales a los cinco y para los grandes cultivos y tráfico de marihuana pase de la franja de uno a tres años a otra de seis a nueve, una modificación normativa que se debe debatir en el Congreso de los Diputados.

Este mismo martes, Collboni aseguraba en una entrevista a la ACN que la seguridad es una demanda de los barrios vulnerables, y apelaba a los partidos de izquierdas a apoyar el endurecimiento de penas. “La izquierda tiene que entender que la seguridad hoy es una demanda que nos hacen los sectores más vulnerables de la sociedad y los barrios más vulnerables de nuestra ciudad y los tenemos que atender”, aseguraba.

El alcalde recordaba que Barcelona ya cuenta con programas de prevención juvenil y trabajos comunitarios en los barrios, pero que la política de la seguridad no puede descansar sólo en la vertiente “preventiva”. “Cuando nosotros decimos que tenemos que poner el acento ahora en endurecer las penas es porque el resto de cosas también se están haciendo”, afirmaba.

El alcalde afirmó que si pudiera cerraría todas las tiendas cannábicas en Barcelona: “No aportan nada a la ciudad”. Con todo, argumenta que la ley no les deja prohibir actividades económicas que no están “taxativamente” prohibidas.

Texto en la fuente original
(Puede haber caducado)