La ciudad como refugio

La gran paradoja de nuestro tiempo es que algunos países que durante siglos promovieron la esclavitud y las migraciones forzadas, buscan criminalizar el acto más antiguo de la humanidad: ponerse en camino para vivir con dignidad

El País, Clara Brugada, 30-07-2026

En la Odisea de Homero, hoy revisitada por Christopher Nolan, Ulises renuncia a la inmortalidad con tal de volver a casa.

Desde hace más de 3.000 años, el arte universal ha narrado la historia de la movilidad humana, de la nostalgia por la tierra dejada atrás, del anhelo de encontrar un lugar donde sembrar raíces. Migrar es consustancial a la condición humana y, cada vez más en nuestra época, una auténtica odisea.

Desde luego, la historia de Ciudad de México es la historia de sus migraciones. Cuenta la cosmovisión mexica que hace más de 700 años un pueblo dejó su tierra de origen, Aztlán, en busca de una señal: un águila devorando una serpiente sobre un tunal. Ese pueblo encontró la tierra prometida sobre un islote del lago de Texcoco y ahí fundó Tenochtitlan. Hoy, Ciudad de México. Nacimos de una gran migración.

Desde entonces, nuestra ciudad ha abrazado a millones de personas de todos los rincones de México, atraídas por el desarrollo, el empleo y los servicios públicos.

A esas corrientes nacionales se suman diversas olas migratorias internacionales que han dejado una profunda huella: desde las y los españoles republicanos que huyeron de la Guerra civil hasta refugiados que escapaban de las dictaduras latinoamericanas en los años 70, pasando por comunidades provenientes de Oriente Medio, Europa y Asia.

Somos una ciudad hecha de migraciones, confluencia de pasos, mosaico de historias, combinación de raíces, constelación de orígenes, tejido de destinos. En Ciudad de México, nadie es extranjero.

Cuando entramos al Gobierno de la ciudad, la región atravesaba una presión migratoria sin precedentes: miles de personas sobrevivían en nuestras calles sin acceso a lo más elemental. Por ello, duplicamos la capacidad institucional de los albergues y refugios públicos.

Hoy, gracias a esa estrategia, la realidad es distinta. Las personas en situación de movilidad humana cuentan con la garantía de acceder a un lugar digno, con alimentos, servicios, atención psicológica, médica y acompañamiento integral, a través de un esquema que articula la ventanilla de primer contacto con la brigada humanitaria, llevando estos servicios a nuestras instalaciones, hospitales, espacios públicos y albergues.

En el primer semestre de este año hemos atendido a más de 5.600 personas por esta vía y hemos fortalecido el Padrón de Huéspedes —registro que garantiza el acceso gratuito a servicios públicos— que ya cuenta con más de 6.000 personas de 45 nacionalidades.

Garantizamos el acceso universal a la salud y a la educación para las infancias migrantes, con absoluta independencia de la situación administrativa de sus padres o madres: solo en lo que va de 2026, casi 320 niñas, niños y adolescentes se han incorporado al sistema educativo.

Además, acompañamos a las personas migrantes en la tramitación de documentos, visados y acceso a empleo.

Mirando al futuro, avanzamos hacia la creación de un gran centro multiservicios, donde las personas en movilidad puedan acceder, en un solo espacio, a salud, orientación jurídica, programas sociales, vivienda y vinculación con organizaciones civiles, para que la atención deje de estar fragmentada y se convierta en una verdadera puerta unificada de entrada a los derechos.

Además de fortalecer nuestra propia respuesta, impulsamos una alianza continental sin precedentes: trazar, desde las ciudades, desde lo local, una geografía de la solidaridad y la movilidad humana digna.

Por ello, entre el 29 y el 31 de julio, nuestra ciudad albergará el encuentro de la Coalición de Alcaldes de las Américas para la Migración.

Representantes electos del continente, desde Montevideo a Saint-Louis Missouri, pasando por la Región Metropolitana de Santiago y Bogotá, nos encontraremos en Ciudad de México para reafirmar nuestra visión de una migración digna. En un mundo donde se multiplican los muros, las ciudades deben ser puente.

Propondremos fortalecer la Coalición caminando hacia una gran alianza internacional de ciudades hospitalarias y cuidadoras. Defenderemos la creación de un programa internacional desde las ciudades para brindar, de forma coordinada, acogida, refugio y asilo a quienes huyen de la pobreza, de la violencia, de la guerra, de las dictaduras, de la persecución o del genocidio.

Hace más de 3.000 años, Homero comprendió que la gran aventura humana consiste en ponerse en camino. Que nuestra historia está hecha de travesías, naufragios y viajes. Desde entonces, cada generación se ha enfrentado al mismo dilema: tender la mano o señalar con el dedo. Reconocer a quien llega como un hermano o convertirlo en enemigo. El dilema de optar por la solidaridad o por la xenofobia.

La gran paradoja de nuestro tiempo es que algunos países que durante siglos expandieron imperios, intervinieron en otras naciones, promovieron la esclavitud y las migraciones forzadas —trazando con ello las rutas de la movilidad humana que hoy existen— buscan criminalizar el acto más antiguo de la humanidad: ponerse en camino para vivir con dignidad. Frente a ese retroceso moral tenemos el deber de levantar la voz.

Construyamos una nueva época de fraternidad y solidaridad universal. Para que, como los antiguos peregrinos que un día partieron de Aztlán, toda persona que se ponga en camino pueda encontrar, en cualquier ciudad del mundo, el águila, la serpiente y el tunal: la señal de que ha llegado, al fin, a un lugar al que llamar hogar.

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