Cientos de africanos llegados cada día a las costas ceutíes revientan las costuras de la ciudad
El presidente advierte de que la situación es de “colapso” y pide al Gobierno una respuesta “contundente y sin dilación”
El País, , 30-07-2026Cientos de jóvenes africanos jalonan el camino empinado que sube al centro de acogida de inmigrantes de Ceuta, en el monte del Jaral. Abajo, la playa. Los muchachos dormitan en las aceras, fuman, miran sus teléfonos móviles y se arraciman de inmediato cuando ven a alguien que quizá puede ayudarlos. Hacen señas con las manos hacia la boca para pedir comida o muestran sus heridas, que ya tienen algunas curas de urgencia. Algunos acaban de llegar, otros llevan ya unos días esperando unos papeles que les permitan entrar en el centro de acogida temporal, si es que hubiera plazas, algo imposible. Son muchos y han ido entrando a nado desde la costa africana más cercana a la ciudad autónoma, después de varias horas de mar buscando la madrugada española. La Guardia Civil, Salvamento Marítimo y las organizaciones humanitarias se empeñan en dar una bienvenida digna a estos muchachos, en su mayoría marroquíes, que llegan por cientos aprovechando, según dicen unos, los días de verano, como han hecho otros años, y según otros, por el efecto llamada que ha supuesto la sentencia del Tribunal Supremo que impide la devolución inmediata de quienes alcanzan la costa sin vulnerar los elementos de protección de la frontera.
En la semana y media que se prolonga ya esta contingencia migratoria, Ceuta cuenta con unas 2.000 personas que han llegado a sus costas. Tan abultado número de inmigrantes en tan poco tiempo ha reventado las costuras de la ciudad, que vive una grave tensión administrativa, con los servicios de alojamiento colapsados y el presidente, Juan Vivas, dando la voz de alerta para que el Gobierno central preste ayuda. A Ceuta le toca atender a quienes dicen ser menores de edad, unos 40 o 50 nuevos cada noche, según datos de la Presidencia de la localidad. Pero los adultos entran cada día por centenares y las organizaciones humanitarias se enfrentan a un completo desafío. De tarde en tarde se cuentan algunos muertos. Este miércoles, la Guardia Civil ha recuperado los cuerpos de dos varones ahogados mientras intentaban entrar en la ciudad autónoma. Son 29 los fallecidos en lo que va de 2026, según el conteo del instituto armado.
En la calle que sube curvada hasta el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) los jóvenes africanos han improvisado sombrajos para huir del sol, lo mismo en las cunetas que colonizando las barrancas del cerro; cuelgan la ropa lavada en las ramas de los árboles y todo está lleno de bolsas de plástico, un paisaje cercano al vertedero. Hace calor y la calle huele a sudor. Los muchachos están muy delgados, pero no todos pierden la sonrisa, aunque no faltan los que miran al horizonte desnortados, solos, sentados sobre la pared del edificio. Algunos patean con arte el balón y suena una megafonía en vete a saber qué idioma, pero se necesita mucho más para despertar a las decenas de ellos que duermen tirados aquí y allá, como si les debieran una eternidad de sueño.
Desde la medianoche a las tres de la tarde de este miércoles, 117 inmigantes han sido rescatados por la Salvamar Atria, de Salvamento Marítimo, y la embarcación LS Hipatia, de Cruz Roja Española, cuando intentaban alcanzar la costa ceutí, en medio de la presión migratoria que pone a Ceuta en su particular abismo veraniego. Para una ciudad como Ceuta, de algo más de 83.000 habitantes, esto supone “un colapso”, según su presidente. Ha pedido al Gobierno una “respuesta contundente y sin dilación”.
El ministro de Interior, Fernando Grande Marlaska, prefiere llamar a la calma y recordar que no es la primera vez que se dan estos picos migratorios que no alteran, dicen en Interior, una política que “está funcionando” y que va reduciendo las entradas cada año. Ante la petición de medidas diplomáticas con Marruecos que sugiere Vivas, responden en Interior que la comunicación con el país vecino ya existe y que “están colaborando” con este repunte. Las embarcaciones marroquíes, en efecto, también se afanan en sacar gente del agua, que a primeras horas de la mañana aparece sembrada de flotadores.
Entre las medidas urgentes, el Ejecutivo ceutí ha propuesto modificar cuanto antes la Ley de Extranjería para recuperar la figura del rechazo en frontera; trasladar a adultos y a menores a otras comunidades autónomas; reforzar los medios materiales y humanos de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad; e intensificar la colaboración con Marruecos para contener las entradas irregulares.
Vivas ha insistido en la necesidad de establecer un “mando único” que permita coordinar de forma “eficaz y ágil” la respuesta de todas las administraciones implicadas. El presidente ha insistido en que la fórmula jurídica es secundaria y que lo urgente es activar, o al menos estudiar, ese mecanismo de coordinación: “Lo importante es que se ponga en marcha, o se estudie la posibilidad de poner en marcha, ese mando único de gestión de la crisis”.
Vivas ha advertido de que, si no se aplican medidas “adecuadas y proporcionales a la dimensión del problema” y se mantiene la intensidad del flujo de entrada, Ceuta podría alcanzar cifras similares a las de mayo de 2021, cuando más de 10.000 personas accedieron a la ciudad desde Marruecos. En el caso de los menores extranjeros no acompañados, la sobreocupación alcanza un 1.600 % respecto a la capacidad prevista, informa Presidencia.
El presidente ha subrayado que en los últimos 12 meses se han encontrado alrededor de 60 cadáveres en el mar, un dato que ha calificado como el más “grave y doloroso” de esta crisis.
Por su parte, el Gobierno plantea, entre las medidas de emergencia, habilitar recursos extraordinarios para aliviar el colapso de los centros de acogida y acelerar las salidas de migrantes mediante los mecanismos previstos en la legislación. La Delegación del Gobierno en Ceuta trabaja ya en la localización de espacios adicionales para adultos que no puedan acceder al CETI y permanecen acampados.
Es el caso de Mohamed Ouziad, de 24 años, que se acerca a decir que tiene un problema en la espalda, bajo su camiseta de algodón que un día fue blanca. Su compañero, de 21, también llamado Mohamed, reposa en el suelo su pierna con una venda elástica a la altura de la rodilla. Han llegado de Casablanca. Unos metros más abajo está Hamza Sousi, de 21, que ha llegado de Tánger y en las afueras del CETI recibe la visita de un primo hermano ceutí, pero no se quiere mover de allí, espera solucionar sus papeles, esa es la prioridad. Habla con su padre por teléfono y está delgado como un sarmiento; a las seis de la tarde dice que su última comida fue un trozo de pan con mermelada a las ocho de la mañana. Su primo le sirve de intérprete: “Son muchos hermanos, pero no es que tengan necesidad, es que este quiere cambiar su mundo, lo ha intentado varias veces. No sabe nada del Tribunal Supremo. Su padre, mi tío, era tan ceutí como yo, pero se fue a Marruecos”, dice. Antes de montar en la moto dice: “Luego igual subo a traerles algo de comida”.
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A la entrada del CETI, donde los muchachos africanos curan sus heridas, se levanta una pancarta que anuncia el centro hípico de la ciudad y abajo está la playa, con decenas de ceutíes pasando la tarde entre sombrillas y baños de ola. Es la peculiar esquizofrenia que caracteriza a las tierras de frontera en tiempos migratorios.
Más de 400 personas, según los cálculos estimados por fuentes policiales, aguardan entrar en el CETI, cuyo recinto tiene cubiertas sus 512 plazas e incluso aloja a algunas más. Y los que vendrán hasta que acabe esta campaña. Las barcas de la Guardia Civil y de Salvamento Marítimo llegan estos días a la costa cargadas de jóvenes exhaustos que se encaminan hacia las dependencias policiales y posteriormente son derivados al CETI, que hoy es lo mismo que decir a la calle.
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