Cientos de personas protestan contra la prohibición de las 'cenas solidarias' en Donostia

Tras una cacerolada en la plaza de la Constitución, una cadena humana se encaminó a la plaza de Gipuzkoa para posteriormente recorrer algunas de las principales calles de la Parte Vieja de San Sebastián

Diario Vasco, Iñigo Galparsoro, 29-07-2026

Cerca de un millar de personas secundó este miércoles la movilización convocada por Kaleko Afari Solidarioak (KAS) en la Parte Vieja de San Sebastián para protestar por la prohibición municipal del reparto de cenas solidarias en la calle.

La protesta arrancó a las ocho de la tarde con una sonora cacerolada de varios minutos que antecedió a la marcha camino de la plaza de Gipuzkoa. Seguidamente, una cadena humana formada por dos hileras de unas cincuenta personas cogidas de la mano encabezó la movilización con una pancarta en la que se podía leer el mensaje ‘KAS prohibido, 300 pertsona afaltezeko alternatibarik gabe. ¡Dar de cenar no es un delito, es un derecho!’.

El recorrido transcurrió con absoluta normalidad y sin incidentes entre continuos gritos de «Afaltzea ez da delitua» («Cenar no es delito»), «Elkartasuna ez da delitua» («La solidaridad no es delito») y «KAS aurrera, debekuen gainetik» («Adelante KAS, por encima de las prohibiciones»).

La marcha partió desde la plaza de la Constitución y tras recorrer la calle San Jerónimo y el Boulevard alcanzó la plaza de Gipuzkoa, donde a la altura de la calle Andía dio media vuelta para volver a la Parte Vieja, camino de la plaza de la Constitución. Durante todo el recorrido estuvo acompañada por un amplio dispositivo de la Guardia Municipal, aunque no se registró ningún incidente.

Al término de la movilización, los organizadores leyeron un comunicado en el que reclamaron al Ayuntamiento que retire la prohibición hasta que exista «una alternativa real y viable» que garantice la atención a las personas que acudían a las cenas solidarias. El colectivo aseguró que la decisión municipal ha dejado «sin cenar desde ayer a más de 300 personas» y denunció que, a su juicio, todavía no se ha informado a esos usuarios sobre los recursos alternativos anunciados por el Consistorio.

KAS defendió además que durante los casi seis años de funcionamiento de la iniciativa ha ofrecido «repetidas veces» al Ayuntamiento su colaboración para buscar «alternativas más dignas y seguras», una propuesta que, según afirmó, nunca obtuvo respuesta. En el manifiesto, el colectivo acusó también al gobierno municipal de menospreciar y criminalizar las iniciativas solidarias ciudadanas y criticó las declaraciones del alcalde, Jon Insausti, por considerar que vinculan las cenas solidarias con la delincuencia.

La protesta terminó con una imagen que recordó al espíritu de las cenas solidarias, aunque sin reparto de alimentos. Unas 150 personas se sentaron en la plaza de la Constitución para cenar juntas, cada cuál con su propia comida tal y como recordaron los organizadores. Algunos incluso aprovecharon a comprar algún bocadillo en los bares de la zona para acompañar a los allí presentes.

Muchos de los asistentes a la cacerolada se mostraron totalmente en contra de la decisión de vetar las ‘cenas solidarias’. Es el caso de Iñaki, vecino de Egia, quien consideraba la medida «una salvajada». «Me parece que es buscar el voto racista, hay gente que necesita comer», explicaba, al tiempo que ponía en duda la veracidad de los informes que vinculan el reparto de comida en la calle con un aumento de la delincuencia: «No hemos podido tener acceso a esos informes, y los pocos datos que hemos visto están sesgados; no parece que tengan ninguna solidez».

Arantxa, de la Parte Vieja, también se mostraba rotundamente en contra. «Me parece mal porque el problema no está en las cenas sino en que hay muchas personas que están en la calle y que no tienen comida. Creo que la solución no son estas cenas, efectivamente, pero hay que buscar una alternativa y esa no pasa por prohibirlas», afirmaba. Esta voluntaria hacía hincapié en una realidad: «Estamos cubriendo un espacio que creemos que no es nuestro. El problema es que cuando el alcalde dice que van a reemplazar la labor que se hace en las cenas, está hablando de unas cifras que no van a cubrir las necesidades que en este momento tiene la gente que está en la calle».

Itziar, vecina de Zubieta, era de la misma opinión, ya que era totalmente contraria al veto anunciado por Jon Insausti. «Esa gente necesita comer, si no le va a dar él solamente a 100 personas, nosotros les damos más a 300 o 350. Si él quiere anularnos a nosotros, que puede ser una opción, que les dé a todos los que les damos nosotros, no solamente a 100 personas», criticaba.

Otra donostiarra presente en la marcha calificaba la decisión de «totalmente inhumana» porque se preguntaba: «¿Qué es más humano que dar a la gente de comer?». Y a continuación, no dudaba en aclarar el concepto de inseguridad. «No entiendo absolutamente nada qué problema de inseguridad creamos. La inseguridad será no dar de cenar, y que la gente esté con hambre. Eso la genera. Están mezclando churras con merinas. O sea, una cosa son los voluntarios que dan de cenar, y otra cosa es el trabajo, las trayectorias, lo que tendrían que hacer los servicios sociales, porque esta gente en ningún momento tiene ni vocación, ni formación para estar haciendo un acompañamiento, para estar haciendo diferentes trámites administrativos. Es simplemente dar de cenar y hacer algo de compañía, que sientan algo de calor humano, punto».

Ana, voluntaria de KAS, coincidía en su rechazo a la decisión. «Nos parece una medida totalmente injusta, racista y que además viene sin alternativa, que eso es una de las cosas más graves, ¿no? La prohibición no acaba con la problemática de la pobreza, ni de la exclusión, ni del hambre», afirmaba.

Para ella, es un modelo que es insuficiente: «Muchas veces va unido con mentiras de datos y no datos, no está respondiendo a la necesidad de comida que tiene la gente. Y nosotras sí que estamos respondiendo en el día a día con las cenas. Estamos abiertas a plantear alternativas, soluciones que tengan que ver con la responsabilidad de la institución, con responsabilidad comunitaria, de la ciudadanía también, y poder colaborar institucional y comunitariamente todo el mundo para hacer una Donostia mucho más inclusiva», argumentaba.

La movilización tuvo lugar la víspera de la reunión prevista entre representantes de KAS y el alcalde de San Sebastián. En ese encuentro, solicitado por el colectivo tras conocerse la prohibición, ambas partes abordarán el nuevo modelo de atención a las personas sin hogar impulsado por el Ayuntamiento. En el comunicado leído al finalizar la marcha, KAS emplazó a Insausti a aprovechar la reunión para demostrar si mantiene la prohibición o si, por el contrario, está dispuesto a abrir «vías de colaboración» con la plataforma.

Por su parte, el alcalde reiteró este miércoles que la decisión de prohibir el reparto de comida en la vía pública responde no solo a motivos de seguridad, sino también a un cambio de modelo de atención. Insausti defendió que el Ayuntamiento ha incrementado de 300 a 400 las comidas diarias del programa Otorduak y ha elevado de 1,5 a 2 millones de euros la inversión destinada a este servicio, aunque reconoció que la respuesta municipal «puede que no sea suficiente».

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