Japón, bastión del fujimorismo gracias a la diáspora «nikkei»
Casi el total de los peruanos residentes en Japón respaldó a Keiko Fujimori en unas elecciones que volvieron a evidenciar la singular relación entre la comunidad «nikkei» y el apellido Fujimori. La hija del dictador Alberto Fujimori se convertirá hoy en la presidenta de Perú para los próximos cinco años.
Gara, , 28-07-2026El 90,66% de los peruanos residentes en Japón respaldaron a Keiko Fujimori hija del controvertido presidente peruano de los años 90 en las últimas elecciones presidenciales, las cuartas a las que concurría. El resultado sitúa nuevamente al archipiélago como uno de los territorios exteriores donde el fujimorismo conserva mayor apoyo y pone de relieve la particular relación entre la diáspora nikkei y el apellido Fujimori.
El contraste refleja dos memorias muy distintas de un mismo legado. Para una parte de la comunidad peruana asentada en Japón, el fujimorismo continúa asociado a la estabilidad económica, al control de la violencia de Sendero Luminoso y al inicio de una etapa que facilitó la emigración de miles de peruanos nikkei hacia el archipiélago. Para otros, en cambio, representa la continuidad de un modelo político que consolidó profundas desigualdades y debilitó las instituciones democrá- ticas. «Keiko Fujimori ha ganado en votos, pero no en legitimidad moral ante una gran parte del país», sostiene Manuel Cansaya, miembro de la comunidad peruana de Kobe, quien considera que la campaña estuvo marcada por «el miedo, la manipulación y la defensa de un sistema pensado para unos pocos».
Lejos de tratarse de un fenómeno coyuntural, el apoyo al fujimorismo entre los peruanos residentes en Japón tiene raíces profundas. Para entenderlo hay que remontarse 30 años atrás: cuando Alberto Fujimori ganó las elecciones de 1990, su victoria fue seguida con enorme interés en Japón. Era el primer presidente peruano descendiente de inmigrantes japoneses y numerosos medios presentaron aquel triunfo como motivo de orgullo para la comunidad nikkei. Años después, tras abandonar Perú en plena crisis política, Fujimori halló refugio en Japón, donde permaneció protegido durante varios años gracias a su nacionalidad japonesa.
La mayor parte de la comunidad peruana en Japón llegó durante esa década, aprovechando la apertura migratoria para descendientes de japoneses que buscaban cubrir la demanda de mano de obra. Muchos vivieron desde la distancia los años del Gobierno de Fujimori, un periodo que parte de la diáspora continúa asociando con la estabilización económica tras la hiperinflación y con la derrota de Sendero Luminoso, aunque marcado también por graves vulneraciones de derechos humanos y escándalos de corrupción.
Ese recuerdo sigue condicionando la percepción política de una parte de la comunidad nikkei. «Japón fue el primer país que apostó por Perú cuando nadie quería hacerlo», afirma César Santana, quien resume una visión compartida por gran parte de la comunidad y considera que Fujimori sigue siendo valorado por haber recuperado la estabilidad económica y reforzado los vínculos entre ambos países. Cansaya, en cambio, sostiene que el respaldo a Keiko en Japón no puede ocultar la polarización que existe en Perú y que el nuevo Gobierno deberá responder a una sociedad profundamente dividida.
ADHESIONES INTENSAS Y RECHAZOS FRONTALES
Los datos confirman que Japón constituye una excepción en el comportamiento electoral de la diáspora peruana. Aunque Keiko Fujimori obtuvo un amplio respaldo entre los residentes en el archipiélago, el resultado contrasta con un país donde el fujimorismo sigue despertando adhesiones tan intensas como rechazos frontales. La diferencia refleja cómo la experiencia migratoria y la memoria política evolucionan de forma distinta cuando se miran desde el exterior.
Japón alberga una de las comunidades nikkei más importantes del mundo, formada en buena medida por descendientes de emigrantes japoneses que regresaron al país de sus antepasados en las últimas décadas del siglo XX. Para muchos de ellos, el apellido Fujimori mantiene un fuerte componente identitario que trasciende el debate político peruano. Alberto Fujimori no solo fue el primer presidente de origen japonés de Perú; también simbolizó un vínculo histórico entre ambos países que todavía conserva peso emocional.
Entre los propios peruanos residentes en Japón conviven, sin embargo, generaciones y experiencias distintas. Mientras unos siguen identificando el fujimorismo con la estabilidad económica y el orden de los años 90, otros consideran que el nuevo Ejecutivo deberá demostrar que es capaz de superar la polarización política y responder a los problemas sociales que continúan marcando la realidad peruana.
Treinta y seis años después de la llegada de Alberto Fujimori al poder, Japón continúa siendo el territorio donde el fujimorismo conserva uno de sus respaldos más sólidos dentro de la diáspora peruana. La historia política de Perú y la memoria de su comunidad nikkei siguen avanzando juntas, aunque el país de origen haya tomado un camino marcado por una profunda división.
(Puede haber caducado)