Por orden del señor alcalde esta noche no se cena

San Sebastián suspende de un tajo la iniciativa solidaria de ofrecer una comida caliente al día a las personas sin hogar

El País, Pablo Ordaz, 29-07-2026

El Partido Nacionalista Vasco es un partido católico, apostólico y romano. No en vano, los lehendakaris del PNV juran su cargo bajo la fórmula: “Ante Dios humildemente, en pie sobre la tierra vasca, en recuerdo de los antepasados, bajo el árbol de Gernika, juro cumplir fielmente mi mandato”. Es de suponer, por tanto, que muchos de sus votantes estarán escandalizados por la medida que acaba de tomar el alcalde de San Sebastián, el también nacionalista Jon Insausti. El lunes por la tarde, ordenó a la Guardia Municipal que se presentara en los tres lugares —Plaza de la Constitución, Plaza de Gipuzkoa y alrededores del estadio de Anoeta— en los que varios grupos de voluntarios vienen dando de cenar desde hace años a las personas que viven en la calle. El mensaje de los policías fue tajante: quedan prohibidas las cenas solidarias.

Los agentes se presentaron en la Plaza de la Constitución a las 20.10 del lunes. Para esa hora, los voluntarios ya habían montado la mesa en la que suelen colocar la cena que pagan de su propio bolsillo, y que consistía en un plato de macarrones, pan y un yogurt. “Hoy han sido 130 cenas solo aquí”, contaba un voluntario al Diario Vasco. “Rondamos las 300 o 350 cada noche, 365 días al año. En total, más de 100.000 cenas anuales”.

Las explicaciones llegaron un día después, y su lectura atenta provoca sonrojo, a ratos por vergüenza ajena y a ratos por indignación. Lo que el alcalde Insausti filtró a los medios es que la suspensión de las cenas solidarias se debe a tres informes de otros tantos departamentos municipales: Salud Pública, Espacio Público y Guardia Municipal. El primer motivo: la actividad nunca fue autorizada, se realiza de manera informal y no se sabe quiénes son las personas que acuden. El segundo: en esas cenas en la vía pública “se mezclan diferentes tipos de personas”, incluidas “personas conflictivas o muy conflictivas e incluso enfermas, tanto mentales como por problemas de consumos”. Y el tercer motivo: estas personas han generado problemas de convivencia y en ocasiones han provocado altercados entre ellos y con la policía. Por lo tanto, castigados todos sin cenar.

No se sabe si el alcalde Insausti se habrá dado cuenta de que esas razones conducen a su vez a dos conclusiones. Una, que ese grupo de gente solidaria no solo se merece un respeto, sino que representa la dignidad de una ciudad tan bella como indolente, tan rica como experta en mirar para otro lado. La segunda conclusión es su inconsistencia como gobernante: ¿qué son personas con problemas mentales o de adicción, que unos días vienen y otros no, que se pelean a veces, que no son agradables a la vista? Pues claro, ¿qué esperaba, que hicieran cola en la puerta de Arzak? Durante la pandemia, el psiquiatra Rubén de Pedro, jefe del equipo de cuidados a personas sin hogar del servicio vasco de salud, logró la confianza de muchas de las personas con problemas de salud mental de Bilbao, algunos sin hogar y otros abandonados en sus casas. “El reto es no dejar atrás a los que no pueden caminar solos”. Son dos formas de ver los problemas: un incordio que se arregla mandando a los guardias o una oportunidad.

Pero el alcalde no tiene que preocuparse. Los comentarios que muchos ciudadanos están dejando en la cuenta de Instagram de los voluntarios de “las cenas solidarias de la calle” (kalekoafarisolidarioak) o en el Diario Vasco —bajo nombres supuestos o exhibiendo orgullosos algunos de los apellidos más ilustres de la ciudad— son del tipo “ya era hora”, “con mis impuestos no”, o el consabido “si tanto los quieres, llévatelos a tu casa”.

Lo de “tuve hambre y me diste de comer”, tan católico, tan apostólico y tan romano, ya si eso.

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