“No hay ninguna flexibilidad”: desalentados los estudiantes internacionales en EE UU por los nuevos límites a sus visas

Las nuevas restricciones migratorias y el clima de incertidumbre que traen han hecho que algunos evalúen otros destinos para sus estudios

El País, Dilan Gohill, 29-07-2026

Los estudiantes internacionales matriculados en universidades estadounidenses continúan viviendo las consecuencias de la ofensiva contra la inmigración lanzada por el Gobierno de Donald Trump. Ahora, los alumnos con visado F-1 estarán sujetos a un límite estricto en el que pueden permanecer en Estados Unidos por solo cuatro años, según una norma finalizada este mes por el Departamento de Seguridad Nacional. Se trata del más reciente de una serie de cambios —que incluyen la verificación obligatoria de las redes sociales de los solicitantes de estas visas y la reducción del período de gracia tras su graduación— que han generado incertidumbre entre estos estudiantes.

“No hay ninguna flexibilidad”, opina un alumno de tercer año de la Universidad de Stanford, procedente del Reino Unido, que prefiere omitir su nombre por temor a posibles represalias del Gobierno. De hecho, todos los estudiantes universitarios consultados por este periódico afirmaron que temían que hablar abiertamente de política pudiera poner en peligro su situación migratoria o su futuro en Estados Unidos dentro del clima actual.

La nueva normativa del Gobierno federal elimina la “duración del estatus”, una política que permitía a los estudiantes internacionales permanecer en EE UU durante el tiempo que les tomara completar su programa académico. La sustituye por un límite fijo de cuatro años. Además, reduce el período de gracia tras la graduación de 60 a 30 días. Para muchos estudiantes, el cambio trastoca una de las características definitorias de la educación universitaria estadounidense: la libertad de explorar antes de comprometerse con una especialidad.

A diferencia de lo que ocurre en muchos países, donde los estudiantes solicitan directamente el acceso a una especialidad concreta, algunas universidades estadounidenses animan a los estudiantes a dedicar sus primeros años a evaluar distintas disciplinas antes de elegir una especialidad. Esa flexibilidad también da cabida a dobles titulaciones, especializaciones secundarias y programas acelerados o combinados de estudios subgraduados y maestría, que pueden requerir un semestre o un año adicional. Solo en la Universidad de Stanford, en California, aproximadamente uno de cada tres estudiantes cursa uno de esos programas y obtiene los títulos de estudios subgraduados y máster en unos cinco años.

Sin embargo, según las nuevas normas, los estudiantes internacionales afirman que ahora esas decisiones deben tomarse con mucha más antelación. Los planes de añadir una segunda especialidad, cursar un título simultáneo o retrasar la graduación incluso un solo trimestre podrían requerir solicitar una prórroga de la estancia, lo que dificulta mucho más la exploración académica.

Un estudiante de segundo año de Stanford procedente de Nueva Zelanda describe el límite de cuatro años para el visado como incompatible con los valores educativos tradicionales estadounidenses. “Al empezar no tenemos una especialidad escogida; básicamente, puedes cambiarla hasta que te gradúes”, explica. “Existe una gran presión por saber lo que quieres y planificarlo con mucha antelación, cuando no se espera lo mismo de los estudiantes no internacionales. Me parece bastante injusto”, agrega.

Otro estudiante de Stanford, de último año y procedente del sur de Asia, señala que ahora necesita un trimestre adicional para completar una doble especialidad, en lugar de graduarse con una especialidad principal y una secundaria. Según explicó, con la normativa anterior, ese trimestre extra habría sido algo habitual. Ahora, sin embargo, requeriría una prórroga formal de la estancia. “Es tan arbitrario”, afirma. “Va a suponer una carga innecesaria para el Gobierno de EE UU, que tendrá que tramitar más asuntos, como si no tuviera ya suficiente trabajo”.

Un estudiante de Harvard, originario de Suecia, habla en una manifestación contra las políticas de Trump, en Cambridge, en 2025.
Erin Clark (Getty Images)
“La peor situación en materia de libertad de expresión”
Las cifras más recientes sobre la cantidad de visados aprobados para estudiantes internacionales corresponden al año fiscal 2024, antes de que Trump volviera al poder y pusiera en marcha las nuevas restricciones, por lo que aún no está claro en qué medida esos cambios afectarán a la matriculación en el futuro. En ese período, se aprobaron aproximadamente seis de cada diez solicitudes de visado de estudiante F-1, con 400.737 visados concedidos de un total de 679.290 solicitudes en todo el mundo, de acuerdo con el Departamento de Estado.

En el año académico 2024-2025, el número total de estudiantes internacionales en EE UU aumentó un 4,5%, hasta alcanzar la cifra récord de 1.177.766. Sin embargo, cabe destacar que la matriculación de nuevos estudiantes internacionales descendió un 7,2%, hasta los 277.118, lo que supone una continuación de la desaceleración iniciada el año anterior, según un informe del Instituto de Educación Internacional (IIE) y el Departamento de Estado. La India fue el principal país de origen, con 363.019 estudiantes, casi un tercio del total, seguida de China. California acogió al mayor número de estudiantes internacionales; después, Nueva York y Texas, que registró el crecimiento más rápido entre los principales Estados.

El proceso de obtención del visado ya era complicado antes de los cambios anunciados este mes, dificultades que comienzan mucho antes de que los estudiantes lo reciban. Para muchos futuros solicitantes, el mero hecho de visitar EE UU para conocer universidades depende de su país de origen.

Los viajeros procedentes de países incluidos en el Programa de Exención de Visado, que abarca la mayor parte de la Unión Europea, suelen recibir la autorización en cuestión de días. Los solicitantes de algunos de los países que envían el mayor número de estudiantes internacionales a las universidades estadounidenses, como China, la India y Pakistán, se enfrentan a esperas de meses e incluso años para las entrevistas del visado de turista. Por ejemplo, un estudiante consultado por este periódico, que esperaba visitar universidades estadounidenses antes de matricularse, recibió su visa de turista después de haber sido admitido, de haber obtenido un visado F-1 y de haber comenzado sus clases.

La Administración Trump también ha suspendido y posteriormente reanudado las entrevistas para visados en varias ocasiones, y ha exigido a los solicitantes que mantengan cuentas públicas en redes sociales sujetas a revisión por parte del Gobierno.

Varios estudiantes sostienen que este escrutinio les ha hecho mostrarse reacios a hablar públicamente sobre temas políticos. “No se me permite asistir a manifestaciones. No se me permite publicar nada en las redes sociales”, afirma el estudiante de Nueva Zelanda, que desactivó su cuenta de Instagram antes de llegar al país por temor a que sus publicaciones antiguas pudieran utilizarse en su contra. El universitario explica que la oficina de estudiantes internacionales de su universidad le había aconsejado expresamente que evitara las manifestaciones y las publicaciones políticas. “Te hace sentir un poco como un delincuente, cuando no lo eres”, opina.

“Es la peor situación en materia de libertad de expresión que he visto nunca en un país occidental”, señala, por su parte, el estudiante del Reino Unido.

Esa preocupación es el objeto de una demanda federal en curso. El Stanford Daily, el periódico estudiantil independiente de dicha universidad, ha demandado a la Administración Trump por su aplicación de la ley de inmigración contra los estudiantes no ciudadanos, alegando que ha tenido un efecto disuasorio sobre la libertad de expresión. Según la demanda, que continúa pendiente, varios miembros internacionales de la redacción del periódico han retirado sus firmas o han abandonado la publicación por temor a que sus reportajes pudieran poner en peligro la validez de sus visados. Preocupaciones similares surgieron repetidamente en las entrevistas realizadas para este reportaje.

Los estudiantes consultados afirman que el efecto acumulativo de los cambios les ha generado incertidumbre sobre sus perspectivas a largo plazo en Estados Unidos y les ha hecho darse cuenta cada vez más de que otros países podrían ofrecerles un futuro más acogedor.

“Es desalentador porque la [nueva política] da por sentado que somos una carga para la sociedad estadounidense”, considera el estudiante del sur de Asia. “Sin embargo, contribuimos en gran medida a algunas de las tecnologías, inventos e investigaciones. (…) Venimos a este país aportando dinero, ideas y diálogo. Enriquecemos a todas las instituciones de las que formamos parte y, cuando se aprueban este tipo de políticas, la verdad es que nos animan a buscar otros lugares”.

“Toda la retórica que hay detrás de las posturas contrarias a los estudiantes internacionales o a la inmigración se basa en que ‘vendrán a quedarse con nuestros recursos y luego se volverán a su país de origen”, comenta el estudiante de Nueva Zelanda. “Pero si ponen tantas trabas para quedarse en EE UU, eso no hará más que fomentar más esa tendencia”.

Algunos estudiantes señalan que la preocupación general no se limita a las políticas de solo Trump, sino a la creciente imprevisibilidad del sistema de inmigración del país. Según explican, dado que cada Administración adopta un enfoque radicalmente diferente al de su predecesor, planificar los estudios y la carrera profesional en Estados Unidos se ha vuelto cada vez más difícil. “No puedo cambiar mi nivel de vida cada cuatro años en función del partido que esté en el poder”, dice el estudiante del sur de Asia.

Texto en la fuente original
(Puede haber caducado)