«Nuestra labor es por una buena causa»

La decena de voluntarios recibió con estupefacción la decisión del consistorio donostiarra, al que piden «un comedor social» cuanto antes

Diario Vasco, J. A., 28-07-2026

«Sin una alternativa, sin un sitio al que puedan acudir, hoy se puede montar un pollo…». Poco más querían añadir la decena de voluntarios que este lunes recibieron con estupor e indignación la decisión del Ayuntamiento de Donostia de prohibir las cenas solidarias en la calle a sin techo «por seguridad». Y no era por falta de ganas de hablar, más bien que la aparición de la patrulla de guardias municipales fue inesperada. Una sorpresa desagradable. «Tenemos que reunirnos todos los voluntarios, ver qué hacer… Hacer algo así y de esta manera, de un día para otro, no son formas», se quejaban.

La tarde comenzó como un día más, con varias personas esperando en los soportales de la plaza Constitución para las 19.30 horas. Antes de las 20.00 horas una decena de voluntarios tenía preparada la mesa habitual donde colocan las cenas –este lunes macarrones, un trozo de pan y jogurt de postre, por ejemplo– para dar lo que para muchos de los asistentes es la única comida caliente que se llevan a la boca. «Hoy han sido cerca de 130, solo aquí. Rondamos los 300-350 cada noche, 365 días al año. En total son más de 100.000». Así es, 109.500 por abajo, 127.750 por arriba.

Lo que ninguno de los asistentes esperaba era la llegada de los agentes, sobre las 20.10 horas, con la notificación de que a partir de hoy no pueden dar continuidad a las cenas solidarias en ninguno de los tres puntos habituales, es decir, la plaza Constitución, la plaza Gipuzkoa y el entorno de Anoeta. Una decisión comunicada en apenas 10 minutos, pero que fue suficiente para enrarecer el ambiente. Los voluntarios trataron de continuar con la máxima normalidad, repartiendo las cenas. Una vez acabada su labor, que recalcan una y otra vez que la hacen de forma «voluntaria» y sufragada en su totalidad «de nuestros bolsillos», llegó el mal trago de dar la noticia a los allí presentes. «Al menos el día de mañana –por hoy– no podemos venir», aclaraban. Primero en castellano y después traduciéndolo a varios idiomas, a viva voz e incluso a través de aplicaciones del teléfono.

Seis años de trabajo
Todavía asumiendo la noticia, los voluntarios ponían en valor todo lo que han realizado desde aquel noviembre de 2020 que comenzaron con «seis senegaleses», recordaban este lunes. Desde entonces, insistían, su labor no ha parado. Ni en pandemia, ni en fines de semana, vacaciones o festivos. Hasta las 300-350 personas que atienden cada día. «Nosotros llevamos el control con el ticket». Así fue este lunes. Respetando el orden de llegada, cada persona recibía un número que debía entregar cuando le llegaba su turno en la cola. No fue la única fila de la noche, ya que una vez supieron que a partir de este martes no podrán acudir, se repitieron las hileras y los grupos reducidos. «¿Por qué no nos dejan cenar? Molestamos a los turistas, respondía alguno tirando de sarcasmo.

«Sin papeles, sin dinero, sin un sitio donde dormir, es muy difícil. Necesitamos una solución», requerían los usuarios. Porque el futuro se le vuelve aún más oscuro. «Muchos repetimos, hay algunos que fallan un día y luego vuelven». Lo demostraban los abrazos entre algunos de ellos y lo secundaban los voluntarios. Preguntados por su nombre o por una foto, todos rehuían la cámara. «No, no, se sales una vez… Quedas ’marcado’», explicaban. Tanto que a la hora de sacar la fotografía principal de la noticia varios de los asistentes abandonaron la escalinata de la antigua Biblioteca Municipal.

Demasiadas dudas
La decisión del Ayuntamiento dejó este lunes muchas interrogantes y muy pocas respuestas. Lo que sí tenían claro los voluntarios es que hoy martes debían parar, acatar la comunicación. Insistían en que su labor es por «una buena causa», que en muchos casos el plato de cada noche es el único que ingieren esas personas. «Nosotros no queremos estar aquí, pero si no hay alternativa…», apuntaba una mientras recogían. La reclamación de un comedor social se repetía.

Por desgracia, alguno de los voluntarios se esperaba algo parecido. No este lunes, pero sí algún día. El precedente de la decisión de prohibir las cenas en Egia, de la que en noviembre se harán dos años, volvía a ganar presencia con las mociones presentadas por el PP en el ayuntamiento donostiarra, la última este pasado junio. «El Gobierno municipal la descartó, pero Ibabe ya abrió la puerta», recordaba.

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