La verdadera prioridad nacional
La Vanguardia, , 26-07-2026Todo empezó con aquella afirmación de Thatcher de que “la sociedad no existe; existen únicamente individuos que deben velar por sus propios intereses”. Y en el 2008, la respuesta que los gobiernos dieron al cataclismo financiero fue un disparate: millones de euros de los contribuyentes para salvar a los bancos mientras se imponía una implacable austeridad a esos mismos contribuyentes. Fueron los años en los que Catalunya quería ser “campeona de la austeridad”, según dijo el entonces president Artur Mas; años en los que se dejaron hechas jirones la sanidad y la educación públicas del país. Aún hoy lo estamos padeciendo.
Aquellas políticas de austeridad, que golpearon a las clases medias y trabajadoras, debilitaron sin remedio el Estado de bienestar y contribuyeron a acelerar la deriva independentista. Ese cóctel alumbró un monstruo que acabó devorando a sus creadores y de cuyas cenizas ha surgido el experimento de Sílvia Orriols. El hartazgo social ha mutado. Del sueño de asaltar los cielos de las plazas del 15 – M se ha pasado al resentimiento y al odio hacia los más débiles, los inmigrantes, alentados por fuerzas políticas que buscan el caos para después imponer un orden de acento marcial. En las próximas elecciones, denlo por descontado, las extremas derechas eclosionarán, agiten la bandera que agiten, para promover esa desfachatez que es la prioridad nacional.
Pero, a pesar de todo, termino el curso con esperanza. Porque saber que existen alternativas al caos actual supone un poco de luz en estos momentos de oscuridad. Sabemos que es posible dar otro tipo de respuesta a este hartazgo social. Permítanme volver a Mamdani. Hace poco, el alcalde de Nueva York recordó lo que Reagan definía como “las nueve palabras más terribles del idioma inglés”: “Soy del Gobierno federal y estoy aquí para ayudarle”. Mamdani, por el contrario, afirmó que lo realmente terrible es tener que decir: “Trabajé todo el día y no puedo alimentar a mi familia”.
Esta debe ser la máxima obsesión de un gobernante: que nadie se encuentre en esta situación. Solo entonces todo ese odio se podría reconducir hacia un proyecto compartido de esperanza y futuro para nuestro país. Esa debe ser la única prioridad nacional.
Que tengan un buen verano.
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