Los camisas pardas de ayer llevan togas negras hoy

Público, Alfredo Gonzalez Ruibal, 24-07-2026

Durante el auge del fascismo hace un siglo surgieron por todo el mundo milicias que sembraban el terror en las calles. En cada uno de los casos se identificaron por el color de su atuendo: en España los falangistas cantaban en el himno a su camisa nueva, que era azul; los ultras italianos eran los camiccie nere; a los miembros de la Sturmabteilung nazi se les reconocía por sus casacas pardas. El premio a la originalidad se lo llevan los fascistas mexicanos (que también los había): los matones de Acción Revolucionaria Mexicanista vestían camisa dorada.

Independientemente del color del uniforme, todos perseguían los mismos objetivos: el primero de todos, destruir la democracia liberal.

En tiempos de posfacismo, las milicias han mutado. En algunos casos se han convertido en cuerpos policiales con mandato legal, como el ICE en Estados Unidos. En España, han encontrado un nicho en empresas de desokupación, donde realizan la noble y patriótica tarea de expulsar de sus hogares a familias y ancianos.

Sin embargo, en términos generales lo de pasearse por la calle con uniforme paramilitar ya no se lleva. Es una de esas cosas que marcaron tanto al fascismo clásico que sus descendientes ideológicos no se atreven a reclamar públicamente: les ceden los derechos a grupúsculos neonazis que abrazan sin complejos el legado totalitario. En realidad, el apartamiento de la violencia paramilitar es parte del plan de legitimación del posfascismo desde 1945.

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