Burnham promete un «nuevo ciclo político y económico» tras Starmer

Andy Burnham asumió el cargo de primer ministro británico ante Carlos III y debutó en Downing Street 10 prometiendo combatir el sinhogarismo, reindustrializar la isla y devolver el poder a «todos los códigos postales» de Gran Bretaña, en un momento de fuerte y continuada inestabilidad política en la que el laborismo se encuentra en horas bajas.

Gara, Markel DE BILBAO CATEDIANO, 21-07-2026

«Soy muy consciente de que soy la sexta persona que pasa por esta calle en los últimos años y el séptimo primer ministro desde 2016», recalcó el nuevo primer ministro británico Andy Burnham en su primer discurso en Downing Street 10. Tras su dimisión el mes pasado, Keir Starmer presentó ayer formalmente su renuncia como jefe del Gobierno en una audiencia privada con el rey Carlos III para dar paso así al que el pasado viernes fue nombrado nuevo líder del Partido Laborista británico.

Consciente de la inestabilidad que la designación de un nuevo primer ministro, el séptimo en 10 años, refleja no solo a nivel doméstico, sino también internacional, Burnham quiso subrayar que «es un momento de reflexión y nueva resolución» y que, por ello, «requiere que mi generación de políticos elevemos nuestro juego y estemos a la altura del nuevo desafío».

Frente a su nueva residencia y sin atril ni papeles a los que recurrir, el nuevo primer ministro británico anunció que su primera orden «será la de poner fin al hecho de que haya tantas personas durmiendo en la calle». Así, subrayó, «los principios estándares correctos» serán situados «en el corazón del Gobierno» que aspira a «situar el cuidado de las personas en el centro de todo lo que hagamos». Enlazando su intención de fortalecer la atención a la dependencia, con el fortalecimiento de la economía y la descentralización del poder gubernamental y económico, Burnham aseguró que va a llevar el poder «a todos los códigos postales del territorio», además de construir «una nueva economía» bajo un mayor control público e impulsar un proceso de reindustrialización.

Además de la coyuntura política actual, el premier trató de buscar y reflejar otras motivaciones detrás de sus aparentemente renovados objetivos. Así, marcado políticamente por las huelgas mineras de los 80 contra el Gobierno de Margaret Thatcher, Burnham dejó un recado a la ya fallecida líder neocapitalista. Aunque sin mencionarla explícitamente, y con una doble intención de señalar el camino que sus políticas pretenden recorrer, el exalcalde de Manchester denunció que «en los ochenta, el Reino Unido vivió una serie de giros erróneos. Se centralizó el poder político, se privatizó el poder económico y fueron desindustrializadas amplias partes del país que todavía no se han recuperado». Por ello, prosiguió, «debemos cambiar la política, para hacerla más colaborativa y menos competitiva». Es este último apunte se encuentra uno de los principales retos para el nuevo Ejecutivo que Burnham debe formar, pero no el único.

CAMINO POR RECORRER
Burnham toma ahora las riendas de un país con una deuda del 94,2% del PIB que ha limitado no solo políticas sociales, sino las tan demandadas inversiones en defensa que ya se están llevando adelante en el Viejo Continente. Además, y algo fundamental a nivel social, el nuevo premier debe decidir si mantiene la línea dura migratoria que redujo la migración neta a 171.000 personas en 2025, casi la mitad que un año antes.

Burnham prometió aliviar el coste de la vida con medidas como la congelación de alquileres, abaratar el transporte público y recortar la «tasa verde» en la luz. Su cumplimiento está por ver.

En el plano político, tiene que reconstruir un Partido Laborista muy debilitado en las municipales y autonómicas de mayo y redefinir la relación con la UE sin tocar el Brexit, en medio de negociaciones sensibles sobre agricultura, energía y visados juveniles. Al mismo tiempo, deberá gestionar una «relación especial» con Estados Unidos deteriorada bajo el mandato de Donald Trump y fijar una postura más clara sobre Israel, Gaza, Irán y Oriente Medio. Ha de recordarse que Starmer no solo no mantuvo una posición neutral en el genocidio palestino, sino que Gran Bretaña fue, y es, uno de los principales aliados de Tel Aviv. No hay más que recordar los drones británicos que sobrevolaban Gaza día tras día con el fin de proporcionar información al Gobierno de Netanyahu.

Andy Burnham arranca su mandato entre grandes expectativas y advertencias veladas: deberá demostrar que su apuesta por más Estado, reindustrialización y protección social puede convivir con unas cuentas tensionadas, una política exterior convulsa y un Partido Laborista que ya no goza del entusiasmo de hace apenas dos años.

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