Cruzar fronteras, aprender un idioma y empezar de cero
El proyecto OPEN, de la Fundación Koine, acompaña a personas migrantes en situación de vulnerabilidad como Radwane Khabla y Nabila Doudou, que confían en el castellano como primer paso hacia el empleo y una vida mejor en Navarra
Diario de Noticias, , 19-07-2026Radwane Khabla y Nabila Doudou, dos personas migrantes procedentes de Marruecos y Argelia, respectivamente, y usuarias del proyecto OPEN, dejaron atrás sus países “para cambiar la vida, para un futuro mejor” y para que “nuestros hijos puedan tener una mejor educación”, apuntan. Porque, en muchos casos, no hay ni trabajo ni grandes oportunidades y la formación tampoco es especialmente boyante. “Trabajamos muy barato y no me puedo permitir vivir en Marruecos con mi familia en condiciones dignas”, expresa Radwane. Él abandonó su país en avión y viajó hasta Turquía. Pero no se pudo quedar y no le quedó otra que cruzar seis países caminando durante 60 días: “Lo pasé muy mal porque apenas podía coger el bus para que no me capturara la policía”, relata. Al tiempo, por fin, llegó a Navarra en 2024 y, aunque haya sido difícil, está comenzando una nueva vida. Pero para ello, es imprescindible –porque todavía hay quienes no admiten que su aportación a la diversidad cultural es maravillosa– conocer el idioma.
Koine Aequalitas pone en marcha en Pamplona un centro ocupacional para personas migrantes en situación de vulnerabilidadEnrique Conde
Por ello, hace apenas un mes –y después de realizar alrededor de 50 entrevistas– participa en el proyecto OPEN, un centro ocupacional para personas migrantes en situación de vulnerabilidad, en situación administrativa irregular en la mayor parte de los casos, ideado por la Fundación Koine Aequalitas. Se trata de un proyecto con el que se ofrece un espacio flexible para fortalecer competencias clave, mejorar el dominio del castellano y ampliar redes de apoyo sociales. “Estoy estudiando castellano. Y estoy muy contento porque he aprendido muchas palabras a lo largo de este mes”, indica. “Una vez aprendamos, lo que espreamos es recibir más formaciones, trabajar y mejorar nuestras condiciones de vida”, añade Nabila, quien llegó en octubre de 2025 a la Comunidad Foral junto con su marido y sus tres hijas. En su caso, no se imaginaba continuar en Argelia sabiendo que la posibilidad de recibir una buena educación para sus hijos estaba pendiendo de un hilo. En su caso, viajaron hasta Turquía y, desde allí, tuvieron que atravesar diez países –Grecia, Montenegro, Kosovo, Eslovenia, Croacia, Italia, Francia, etc.– andando, en el autobús, en tren… “Estuvimos dos meses viajando”, indica. Actualmente, vive junto a su marido y sus tres hijos en la bajera de un amigo: “Nos hizo este favor temporal”, explica. Y a pesar de que las circunstancias no sean favorables, Nabila confía en que el futuro sea lo más luminoso posible. Por eso, para ella es esencial aprender castellano porque funciona a modo de muñeca rusa. “Si sé castellano, podré seguirme formando. Y si me formo, tendré más oportunidades laborales y un mejor futuro para nuestra familia”, especula. En ese sentido, Radwane menciona que él no puede conversar con la gente porque no lo entiende, de ahí que esté trabajando muy duro para aprender nociones de castellano urgente. “No me gusta no estar en el proyecto OPEN porque ya llevo dos años en Pamplona, llevo todo este tiempo solo viviendo en una tienda de campaña y aquí estoy formándome y tengo la posibilidad de formarme en cocina, que me apetece mucho”, indica.
Por su parte, Nabila no se cansa de repetir que se siente afortunada. No porque las circunstancias hayan sido fáciles –ni la bajera prestada, ni los dos meses de viaje, ni la incertidumbre de empezar de cero en un país que apenas conoce–, sino porque, dice, alguien ha confiado en ella. “Que te den esta oportunidad, que te digan que puedes, que te acompañen… eso ya es mucho”, resume. Para ella, el proyecto OPEN no es solo clases de castellano: es la prueba de que su historia no se ha cerrado, de que todavía hay margen para imaginar –y, poco a poco, tocar– una vida distinta para sus hijos. Radwane piensa en quienes vendrán detrás. A los que todavía no han llegado, a los que están por el camino que él ya recorrió, les desea suerte y les lanza un mensaje que repite con la misma convicción con la que habla de sus clases de cocina: que sepan que se puede, que él es la prueba de que merece la pena resistir.
Acompañar paso a pasoPaula Ruiz, responsable del proyecto OPEN.Oskar Montero
Detrás de historias como las de Radwane y Nabila hay un proyecto que lleva apenas un mes en marcha, pero que se ha gestado durante casi un año. Paula Ruiz, responsable y directora del área que ejecuta OPEN, explica que la idea nació de una necesidad detectada por la Fundación Koine Aequalitas: “Detectábamos que hay muchas personas de origen migrante que necesitan ser acompañadas, necesitan integrarse en la sociedad”, relata. Así, en este centro de día prelaboral las personas pueden aprender castellano “de una manera transversal”, porque es la base, explica, para poder acceder después a una formación oficial, a un puesto de trabajo o, sencillamente, a integrarse en la sociedad. A eso se suma, añade, la voluntad de impulsar formación con prácticas no laborales que sirvan de primer contacto con el mundo del trabajo, así como de generar vínculos con empresas por si surge la oportunidad de que alguna de esas personas acabe quedándose a trabajar.
El proyecto, cuenta Paula, se articula en tres tandas de 15 personas cada una, con una permanencia mínima de cuatro meses y máxima de doce. La primera está testando el oficio de cocina. Cuando llegue el segundo grupo, hacia octubre o noviembre, y también el tercero, ya en 2027, se volverán a valorar intereses, expectativas y experiencias previas para decidir hacia qué oficio enfocar la formación de cada tanda. La lógica, explica, es “testar con tres grupos diferentes para ver qué metodología funciona mejor” y que, con el tiempo, pueda replicarse tanto en Navarra como a nivel nacional o incluso internacional.
Cohesión comunitariaSalma Hmamouchi, referente comunitaria del proyecto, es quien pone cara al acompañamiento diario. Su labor, describe, consiste en apoyar a los técnicos que imparten las clases de castellano y estar disponible “por si necesitan alguna ayuda en claves culturales, apoyo lingüístico y tal”. Uno de los aspectos en los que más trabaja, señala, es el choque cultural: entender el paso de una cultura a otra y cómo las distintas nacionalidades que conviven en el centro van, poco a poco, “amoldándose a lo que tenemos aquí”. Además de las clases de castellano, el proyecto ha incorporado ya formación en higiene y hábitos saludables de la vida diaria y contempla formación técnica y prácticas no laborales. Cada persona cuenta con un acompañamiento individual a cargo de un técnico o técnica de referencia, y también recibe un apoyo emocional a través de pequeñas “píldoras” pensadas para que se sientan acompañadas en ese plano. Ambas coinciden en que la cohesión del grupo es clave para que el proyecto funcione. Que haya buen ambiente, que la gente venga a gusto y sienta que es “un lugar seguro” donde va a encontrar a personas con las que estar bien, más allá de que muchos no se conocieran entre sí antes de llegar al centro. Paula, por su parte, reconoce que asumir la dirección del proyecto fue “un reto” al principio, precisamente por tratarse de algo nuevo cuyo funcionamiento no estaba garantizado. Pero, dice, el respaldo de un equipo técnico “maravilloso” y de los tres referentes comunitarios que trabajan actualmente en OPEN ha hecho que todo vaya “sobre ruedas”. Con el proyecto previsto para concluir hacia septiembre de 2027, el objetivo final, resume Paula, es dejar una metodología capaz de replicarse y de mejorar la calidad de vida de personas migrantes en situación de alta vulnerabilidad, tanto en Navarra como, si el testeo funciona, más allá de sus fronteras
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