El mundo de par en par
Michael Steinberger: "Palantir sería la herramienta ideal en manos de un régimen autoritario"
El reportero estadounidense publica 'El filósofo de Silicon Valley', el retrato definitivo de Alex Karp: un doctor en Filosofía al frente de una empresa cuyo 'software' guía los misiles de Ucrania y las deportaciones de Trump
El Mundo, , 17-07-2026Una tarde de septiembre de 2021, un corredor de mediana edad trotaba a paso sospechosamente lento por una carretera del norte de New Hampshire cuando un coche destartalado le salió al paso. “Por aquí debe de haber un laboratorio de metanfetamina”, comentó el hombre a sus escoltas, varios ex comandos noruegos en bicicleta que precedían a un Chevrolet Suburban negro de cristales tintados. La pareja de rostros demacrados que ocupaba el vehículo pasó de largo con recelo, y razones no le faltaban. ¿Quién era aquel tipo? ¿Un testigo protegido? ¿Tal vez un capo de la droga? De vuelta en su finca de 200 hectáreas, el corredor saludó en alemán a sus cuatro asistentes austriacos, propuso a su invitado una sesión de tiro en el jardín y guardó ambos teléfonos en una jaula de Faraday: “Los chinos estarían locos si no intentaran escuchar mis llamadas”. Aquel tipo que jamás aprendió a conducir había sido el año anterior el CEO mejor pagado del planeta, con una retribución de 1.100 millones de dólares. Se llama Alex Karp y dirige Palantir.
El invitado de aquella tarde era Michael Steinberger (1967), reportero de The New York Times Magazine y compañero de promoción de Karp en el Haverford College, que había subido a New Hampshire a proponerle un libro. El resultado, El filósofo de Silicon Valley (Shackleton Books), llega ahora a España convertido en el retrato definitivo de un personaje inverosímil: doctor en Filosofía por Fráncfort, judío birracial, disléxico severo y ajeno por completo a los negocios y la informática, Karp transformó una idea de su amigo Peter Thiel en un coloso de 400.000 millones de dólares cuyo software emplean la CIA, el Mossad, el Pentágono, el ejército ucraniano y el ICE que ejecuta las deportaciones de Donald Trump. Steinberger atiende a EL MUNDO por videollamada mientras media Europa, del NHS británico a la Inteligencia francesa, pasando por el Gobierno español, se revuelve contra la empresa que promete defender Occidente.
Conseguir el escrutinio de un CEO paranoico de la privacidad como Alex Karp no parece sencillo. ¿En qué momento sintió que dejaba caer la armadura corporativa y qué cree que esperaba obtener a cambio?
Escribí en 2020 un reportaje sobre él para The New York Times Magazine y eso fue lo que llevó al libro. Pero nos habíamos visto varias veces en 2019, cuando estaba documentando el reportaje, y desarrollamos una relación fluida. Parecía disfrutar hablando conmigo. Así que, para cuando acudí a New Hampshire a plantearle la idea, se mostró muy abierto. Y, una vez que decidió que estaba dispuesto a colaborar en el libro, ofreció una colaboración total, siendo increíblemente generoso con su tiempo, poniendo a mi disposición a toda la gente de la empresa, a su hermano, etc.. Tuve un grado de acceso a él bastante inusual. Y lo que quería sacar de esto… Había, creo, un componente personal: después de que Palantir saliera a Bolsa, quería que se le reconociera como la persona principalmente responsable del éxito de la compañía, y un libro era una manera de conseguirlo.
Retrata a Karp y a Peter Thiel como dos mentes que discutían con ferocidad, como animales salvajes, en la Facultad de Derecho de Stanford. ¿Quién dirige realmente Palantir y, sobre todo, de quién es su ideología?
Yo diría que es Karp quien dirige Palantir. Thiel no ha estado implicado en las operaciones del día a día desde el principio. Tuvo la idea de la empresa, pero nunca la dirigió. De hecho, incluso en los primeros tiempos de Palantir se le veía rara vez por la oficina. Y luego, como cuento en el libro, ofreció dejar el Consejo de Administración de la compañía durante la primera presidencia de Trump, porque se había convertido en una figura muy tóxica, muy controvertida. Pero Karp dijo que no, no sólo porque se sentía leal a su amigo, sino también porque, según me aseguró: “Dependo de su consejo, de sus aportaciones”. Así que Karp es quien dirige la empresa y quien ha establecido su ideología. Él y Thiel coincidían en muchas cosas, a pesar de que hace 20 años, cuando arrancaron, se hallaban en bandos políticos opuestos. Pero, en cuanto a la visión del mundo, es muy de Karp. Tiene una visión muy oscura, piensa que la Humanidad es propensa a la violencia y al caos. Y ésa es la creencia fundacional que dio origen a Palantir.
Karp es alumno de Habermas, Peter Thiel, de Rene Girard, y actualmente las compañías de inteligencia artificial están fichando filósofos como si fueran deportistas de élite. ¿Es ésta la venganza de la filosofía?
Bueno, puede que lo sea. Una de las cosas que distinguieron a Karp en Silicon Valley durante muchos años fue su formación en Humanidades y, en concreto, en Filosofía. Pululaban otras personas por allí con ese perfil, pero desde luego no en los niveles más altos ni entre las grandes figuras del valle. Todos venían de los Negocios y la Tecnología mientras Karp exhibía su doctorado en la Universidad Goethe de Fráncfort y su conexión con Habermas. Así que era muy distinto.
Un hombre cuya tesis doctoral trataba sobre la retórica del fascismo, que le dijo “Mi mayor miedo es el fascismo”, hoy apoya el gobierno marcadamente autoritario de Donald Trump. Usted señala el 7 de octubre como el punto de inflexión de su metamorfosis. ¿Fue convicción o estamos ante un CEO que se pliega a los vientos dominantes?
Ambas cosas. Karp es una figura interesante. La explicación sencilla es que dirige una empresa que hace una enorme cantidad de negocios con el gobierno estadounidense. Y, cuando Donald Trump vuelve a ser presidente, la primera regla para hacer negocios en el Washington de Donald Trump es no cabrear a Donald Trump. La segunda regla es hacer todo lo posible por ganarte su favor. Palantir depende mucho de los contratos públicos y, por ello, Karp se muestra como un líder empresarial astuto. Pero también parece necesitar encontrar justificaciones que vayan más allá de la mera necesidad financiera. Busca, en su propia cabeza, un propósito más elevado. El 7 de octubre lo sacudió enormemente. Quedó profundamente perturbado por lo que había ocurrido en Israel y por lo que percibió como un estallido de antisemitismo en Europa y Estados Unidos. Aunque siguiera llamándose a sí mismo progresista, ya estaba muy desencantado con los progresistas y los demócratas de Estados Unidos, pero esto lo alejó todavía más. En última instancia, decidió que la política exterior y la inmigración eran las razones que le permitían subirse al carro de Trump.
“La empresa se ha vuelto tan tóxica que gobiernos e instituciones están diciendo: ‘¿Sabes qué?, por bueno que sea el ’software’, no queremos seguir usándolo’”
El Sistema Nacional de Salud británico amenaza con romper su contrato con Palantir en 2027, el Gobierno español ha pedido a los organismos públicos que no lleguen a acuerdos con ellos y la desconfianza hacia la empresa se extiende por Europa. ¿Es el marco regulatorio del viejo continente el muro contra el que siempre se estrellará la visión panóptica de Karp?
La reacción de rechazo en Europa es real, y también hay rechazo en los propios Estados Unidos. Pero la cuestión siempre ha sido que, en fin, el software de Palantir es muy bueno, como defienden las organizaciones e instituciones que lo usan. Por ejemplo, el servicio de inteligencia interior francés está poniendo fin a su contrato con Palantir. Es una relación que llevaba unos 10 años, desde los atentados de 2015. No creo que los franceses estuvieran con Palantir porque quisieran usar el software de una empresa tecnológica estadounidense; lo usaban porque pensaban que era importante, que funcionaba y que era mejor que cualquier alternativa que pudieran encontrar. Pero la empresa se ha vuelto tan tóxica que gobiernos e instituciones están diciendo: “¿Sabes qué? Por bueno que sea el software, no queremos seguir usándolo”. Eso sugiere que Palantir puede tener un problema serio entre manos, y no solo en Europa: los demócratas del Congreso han estado muy enfadados con la empresa, han prometido investigarla si recuperan el poder. Y Palantir es más fácil de sustituir que algo como Microsoft o Amazon, porque no es un producto de consumo.
Usted detalla los primeros esfuerzos de Palantir por crear controles de privacidad que equilibraran seguridad y libertades civiles. Viendo el uso opaco que hacen de ellos la policía de Los Ángeles o el ICE bajo la presidencia de Trump, ¿queda sin sentido la ética en el diseño de software si el cliente tiene intenciones maliciosas?
Ése siempre fue el riesgo con Palantir, que no controla cómo se usa su tecnología. Hay ideas equivocadas sobre Palantir: no controla los datos, no almacena los datos, no vende los datos. La cuestión es que, por robustas que sean esas barreras de protección integradas en el software, al final del día depende del cliente, del usuario, vigilar su propio uso. Y la suposición de Palantir siempre ha sido: “Damos por hecho que nuestros clientes cumplen con sus leyes y que se comportan de maneras éticas, responsables y legales”. Pero, ¿qué pasa si te encuentras con un cliente que no lo hace? Ahora mismo hay un tipo de gobierno muy distinto en Estados Unidos, y la preocupación es que hay personas en el poder a las que no parece preocuparles demasiado violar la ley. Y la realidad es que la de Palantir es una tecnología muy poderosa, sería una herramienta ideal en manos de un régimen autoritario. Es algo que podría provocar un deterioro real del Estado de derecho y de las protecciones de la privacidad si cae en las manos equivocadas.
¿Será la de Ucrania la primera guerra que gane Palantir?
Ucrania nos muestra el futuro de la guerra, y Palantir ha estado muy implicada desde el principio. Primero, porque el ejército estadounidense usaba la tecnología de Palantir para ayudar a Ucrania, y luego porque Palantir suministró la tecnología a los propios ucranianos. Y ha desempeñado un papel muy importante en la capacidad de Ucrania para resistir el asalto ruso inicial y luego para frenarlo con tanto éxito. Como quizá haya visto, Karp estuvo en Kiev recientemente. Se reunió con Zelenski. Lo cual fue bastante interesante, porque está claro que Trump no parece ser un entusiasta de Zelenski, no parece importarle especialmente que Ucrania gane. Pero sí creo que, si Ucrania sigue teniendo éxito y si esto acaba en última instancia con lo que se llamaría una victoria ucraniana, Palantir podrá reclamar con razón una parte significativa del mérito. Karp desde luego no va a decir, ni nadie más en Palantir, que la tecnología de la empresa fuera mágica. Lo que ha hecho esto posible es la valentía de los propios ucranianos. Pero la tecnología de Palantir ha desempeñado un papel significativo en el esfuerzo bélico.
Dos cosas sobre Irán. Primera: ¿qué parte de la abrumadora superioridad militar mostrada por Estados Unidos e Israel es obra de Palantir? Y segunda: ¿abrirá el abrupto final de la guerra impuesto por Trump una brecha con los halcones proisraelíes como Alex Karp?
La tecnología de Palantir, su plataforma de software estrella, llamada Foundry, es una especie de columna vertebral de un programa del Pentágono llamado Maven Smart System, que es el programa de selección de objetivos por inteligencia artificial. Palantir reemplazó a Google en ese proyecto, creo que en 2018. Maven se usó en Venezuela, en la operación que atrapó a Maduro. Se ha usado de forma bastante extensa, creemos, primero en el ataque estadounidense contra Irán del verano pasado para destruir las instalaciones nucleares, y en esta última guerra. Así que podemos asumir que mucha de la selección de objetivos se estaba haciendo a través de Maven, y por tanto a través de Palantir. Y, desde luego, Karp ha dado a entender, con todas las letras, que está muy orgulloso del papel que Palantir ha estado desempeñando en las recientes acciones militares de Estados Unidos. Sabemos que los israelíes no están contentos con cómo han ido las cosas. Y no sé qué diría Karp; desde luego no lo va a decir en público. No creo que esté descontento con Trump y con el resultado aquí. Pero, si ahora surge una brecha real entre Trump y los israelíes, creo que eso va a ser motivo de preocupación para mucha gente proisraelí en Estados Unidos, y para quienes han pensado que Trump sería una opción más segura para Israel.
El 18 de junio cundió el pánico en X, la antigua Twitter, por un mensaje especialmente provocador de Karp. ¿Cuál es la razón de todo esto?
A Karp le gusta ser provocador. Siempre se ha enorgullecido de hablar sin rodeos, con franqueza, de no ser un CEO típico. Hace años me dijo: “La mayoría de los CEO llevan dentro a un pequeño político, son muy cuidadosos con lo que dicen”. Él no juega a ese juego: dice lo que piensa y lo que le pasa por la cabeza. Pero creo que aquel tuit hizo daño a la empresa, porque recibió muchísima atención, obviamente no solo en Estados Unidos, sino aún más, creo, en Europa. Y esto fue, por decirlo en los términos militaristas que le gustarían a Karp, algo así como lanzar una granada dentro de la tienda de campaña. Y se ve, por ejemplo, en el informe parlamentario en el Reino Unido, ese informe que insta al gobierno a poner fin al contrato con el NHS: lo citaron ahí. Así que no fue algo muy prudente, diría yo. No se lo he preguntado, pero sospecho que, si pudiera retirar ese mensaje, lo haría.
He leído que Karp le atribuye a usted el síndrome de desquiciamiento por Trump (Trump Derangement Syndrome). ¿Acepta el título honorífico? Y, por cierto, ¿a Karp le gustó su libro?
Yo le respondí que lo que él sufría era el Trump Denial Syndrome [el síndrome de negación de Trump], por fingir que lo que vemos delante de nuestros propios ojos no es lo que vemos. Así que hemos ido y venido sobre eso. Ha repetido varias veces que no ha leído mi libro, pero dudo que sea verdad. Estoy seguro de que lo ha leído, y quizá más de una vez. Había mucho de Trump en el libro, porque tenía que haberlo. Esta es una empresa que es un gran contratista del gobierno; Peter Thiel fue el mayor partidario de Trump en el mundo de los negocios. Así que, ¿cómo iba a escribir este libro sin eso? Le di algún que otro palo a Trump, pero creo que estaban todos muy justificados. Y, de hecho, lo que el propio Karp y el propio Thiel dijeron sobre Trump fue mucho más duro que nada de lo que yo dije. Karp tiene esta base de fans muy entusiasta, se parece un poco a Elon Musk en eso; son los inversores minoristas de los que siempre habla los que respaldaron las acciones cuando Wall Street no estaba entusiasmado. Y mucha de esa gente parece ser predominantemente masculina, y parece ser en su mayoría partidaria de Trump. Y no recuerdo que Karp expusiera este argumento directamente, pero en esencia era: “Bueno, esto va a cabrearlos y te va a costar lectores”. Y yo dije: “Mira, así funciona el periodismo: si el 30% de la gente piensa que la Tierra es plana, no dejas de decir que la Tierra es redonda porque el 30% piense que es plana y los vayas a molestar y no vayan a leer tu libro. No funciona así”. Ahora, más en serio, creo que es muy importante para Karp, desde luego por razones de negocio, pero también quizá por razones personales, insistir en que Trump no es una desviación de la norma estadounidense y en que no supone una ruptura con 250 años de lo que ha venido antes. Es lo que quiere creer. Así que creo que Karp, sea cual sea la crítica que tenga al libro, sabe que es preciso. Y diría que, al final del día, le gustó bastante ser el sujeto del libro.
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