Trump consagra a Bukele como modelo para el continente americano
El presidente de El Salvador es recibido en la Casa Blanca justo después de postularse para un tercer mandato, que era ilegal hasta la reciente reforma de la Constitución
Canarias 7, , 17-07-2026Donald Trump recibió este jueves en la Casa Blanca al presidente de El Salvador, Nayib Bukele, convertido ya en algo mucho más influyente y poderoso que el mandatario de uno de los países más pequeños del continente. El líder salvadoreño ha sido encumbrado en Washington como el principal socio de la nueva política iberoamericana de Estados Unidos y como referente de un modelo basado en el control territorial, la guerra frontal contra las organizaciones criminales, el endurecimiento migratorio, la concentración del poder ejecutivo y, sobre todo, una estrecha alianza con el republicano.
Lejos quedan los días en que Bukele era tratado como una suerte de apestado en Washington. Viajó a la capital estadounidense tras la investidura de Joe Biden, en 2021, con la expectativa de ser recibido en la Casa Blanca, pero la Administración demócrata le cerró las puertas. Aquella distancia política precedió a una etapa marcada por el descontrol migratorio, la pérdida de control fronterizo y una relación cada vez más tensa con varios Gobiernos de la región.
La invitación de ahora demuestra que Bukele tiene las puertas abiertas. Ya estuvo con Trump en abril de 2025. En esta ocasión fue un encuentro de trabajo, sin séquito ni recibimiento oficial. Es además un respaldo personal, pues se produce pocos días después de que el presidente latinoamericano fuera proclamado candidato para las elecciones de febrero de 2027, en las que aspira a un tercer mandato consecutivo gracias a la eliminación de los límites a la reelección. El inquilino de la Casa Blanca no ha cuestionado esa reforma y, por el contrario, ha aumentado públicamente su respaldo al dirigente salvadoreño.
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Bukele participó en marzo en la primera cumbre del Escudo de las Américas, convocada por Trump en su complejo de Doral, en Miami. La iniciativa reunió a una docena de Gobiernos latinoamericanos y caribeños totalmente afines, entre ellos Argentina, Ecuador, El Salvador, Paraguay, Costa Rica, Panamá y República Dominicana, y dio origen a una coalición más amplia de 17 países. Su objetivo es coordinar Inteligencia, operaciones policiales y recursos militares contra los cárteles, el narcotráfico, el blanqueo de capitales y la inmigración irregular, además de contener la influencia de China en el continente americano. El grupo prepara ahora una nueva reunión en Ecuador.
La visita culmina una alianza construida alrededor de intereses muy concretos. Bukele ha puesto el Centro de Confinamiento del Terrorismo, el famoso Cecot, al servicio de la política de deportaciones de Trump y aceptó en 2025 a centenares de venezolanos enviados desde EE UU bajo la acusación de pertenecer a organizaciones criminales. El acuerdo permitió a Washington expulsar a personas que no podía devolver directamente a sus países y ofreció al líder salvadoreño reconocimiento político, financiación y acceso privilegiado a la Casa Blanca. El secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, llegó a presentar la relación entre ambos presidentes como un ejemplo de seguridad y prosperidad para todo el continente.
El encuentro con Trump se produce, además, cuando Washington comienza a recibir a los representantes de una nueva generación de gabinetes conservadores latinoamericanos. Esta misma semana, Rubio estuvo con el vicepresidente electo de Colombia, José Manuel Restrepo, acompañado por el equipo económico del próximo presidente, Abelardo de la Espriella. La visita buscaba preparar la transición del 7 de agosto, recomponer la cooperación antidroga y asegurar el respaldo de EE UU y de los organismos multilaterales al nuevo Gobierno de Bogotá tras los años turbulentos del izquierdista Gustavo Petro.
El encuentro entre Trump y Bukele se produce en un momento en que Washington ha comenzado a recibir a los representantes de una nueva generación de gabinetes conservadores latinoamericanos
La victoria de De la Espriella representa uno de los cambios más importantes de esta transformación continental. Colombia, durante décadas el principal aliado estratégico de Washington en Sudamérica, se había alejado de EE UU bajo el mandato de Petro. El triunfo del candidato conservador devuelve al país al eje de la Casa Blanca y ofrece a Trump un socio dispuesto a endurecer la lucha contra las guerrillas, el narcotráfico y la inmigración irregular. El futuro mandatario ha prometido cancelar negociaciones con los grupos armados y construir prisiones de máxima seguridad inspiradas en el sistema salvadoreño.
Colombia no es un caso aislado. La reciente victoria de Keiko Fujimori en Perú, por un margen de apenas unas 50.000 papeletas, se suma a las de José Antonio Kast en Chile, Daniel Noboa en Ecuador, Javier Milei en Argentina, Nasry Asfura en Honduras y Laura Fernández en Costa Rica. El denominador común no es una doctrina económica uniforme, sino una respuesta de mano dura al aumento de la delincuencia, la inmigración, el desgaste de los Gobiernos de izquierda y la percepción de que las instituciones tradicionales han perdido el control.
La nueva derecha continental
El modelo de Bukele aparece repetidamente en esa nueva derecha. Fujimori ha prometido levantar una prisión basada en el Cecot, obligar a trabajar a los reclusos, militarizar las fronteras y dar prioridad a la seguridad ciudadana. De la Espriella ha presentado propuestas semejantes en Colombia. Trump ha encontrado así un denominador común con dirigentes que no necesariamente reproducen toda su agenda, pero comparten su preferencia Ejecutivos fuertes, fronteras controladas, castigos severos contra el crimen y una relación bilateral directa con Washington.
La Casa Blanca acompaña esa red de alianzas con una política de presión máxima sobre los gabinetes que considera adversarios. Brasil es el ejemplo más reciente. La Administración anunció este miércoles aranceles del 25% sobre miles de productos brasileños, que entrarán en vigor el 22 de julio, después de una investigación iniciada bajo la llamada Sección 301 de la Ley de Comercio. Washington acusa al Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva de mantener barreras injustas en sectores como el etanol, los pagos electrónicos y la propiedad intelectual. El país latinoamericano sostiene que la medida tiene una motivación política y ha anunciado que estudia represalias.
Foto de familia de los participantes en la primera cumbre del Escudo de las Américas.
Foto de familia de los participantes en la primera cumbre del Escudo de las Américas. (Reuters)
La ofensiva comercial coincide con el acercamiento de Washington a Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro y candidato frente a Lula en las elecciones de octubre. El aspirante viajó la semana pasada a la capital estadounidense para pedir que los nuevos gravámenes se aplazaran hasta después de los comicios, consciente de que Lula intenta responsabilizar a su familia de una medida que perjudicará a los exportadores brasileños. La Casa Blanca niega que los aranceles sean una intervención electoral, pero la sincronía entre la presión económica contra Brasil y el apoyo político a un nuevo Bolsonaro resulta difícil de separar.
En Cuba, Trump ha ampliado las sanciones contra la cúpula política y militar, bloqueado gran parte de los suministros petroleros y castigado a entidades vinculadas a las Fuerzas Armadas. Las medidas han agravado una crisis energética que ha provocado sucesivos colapsos de la red eléctrica, aunque Washington atribuye la responsabilidad de fondo a seis décadas de gestión comunista y represión.
En Venezuela, la política es más contradictoria. Estados Unidos eliminó a Nicolás Maduro del poder, pero después ha mantenido contactos con figuras centrales del chavismo, como Delcy Rodríguez y Diosdado Cabello, especialmente tras los terremotos de junio. Dentro de la Administración conviven dos posiciones: una partidaria de aprovechar la crisis para impulsar una transición democrática y otra que prioriza la estabilidad, la reconstrucción, el petróleo y el control migratorio. Esa tensión revela los límites de la doctrina continental de Trump: la presión máxima puede derribar equilibrios existentes, pero la Casa Blanca necesita después encontrar interlocutores capaces de conservar el control del Estado.
Puertas abiertas en Washington
Bukele por su parte ha reducido drásticamente la violencia criminal y conserva niveles extraordinarios de popularidad, pero lo ha hecho bajo un estado de excepción prolongado, con decenas de miles de detenciones y denuncias de arrestos arbitrarios, torturas y debilitamiento de las garantías judiciales. Sus críticos señalan también que controla el Congreso, la Fiscalía y buena parte de la estructura institucional. El propio presidente salvadoreño ha respondido a esas acusaciones presentándose irónicamente como un «dictador ’cool’».
La Casa Blanca acompaña esa red de alianzas en América Latina con una política de presión máxima sobre los gabinetes que considera adversarios, con Brasil como ejemplo más reciente
La eliminación de los límites a la reelección y su candidatura a un tercer mandato elevan ahora la alianza con Trump a otro nivel. La Casa Blanca parece dispuesta a aceptar una creciente concentración de poder cuando el gobernante que la ejerce coopera totalmente en seguridad, migración y lucha contra el crimen. Para el líder republicano, el criterio decisivo no es que todos sus aliados reproduzcan el sistema político estadounidense, sino que sean eficaces, leales y estén dispuestos a alinearse con sus prioridades.
En poco más de un año de regreso al poder, el presidente Trump ha comenzado así a remodelar el continente mediante una combinación de respaldo electoral, sanciones, aranceles, cooperación policial y relaciones personales. No ha creado por sí solo el giro conservador: el desgaste de la izquierda, la inseguridad y las crisis económicas son fenómenos internos de cada país. Pero sí ha proporcionado a esa corriente un centro de gravedad completo en Washington y alrededor del inquilino de la Casa Blanca y un modelo ya veterano y probado desde San Salvador.
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