Un albañil hondureño que trabaja en España, sobre el oficio: "En Honduras no hay oportunidades y falta trabajo también, entonces eso lo hace decidir a uno emigrar"

El trabajador ha detallado la evolución salarial que ha experimentado desde su llegada al país, con una progresión que puede llegar hasta los 80 o 90 euros diarios una vez consolidada la confianza con los capataces y jefes de obra

La Razón, Rodrigo Criado, 16-07-2026

Un albañil de origen hondureño ha explicado a través de unas declaraciones recogidas por El Español cómo es su experiencia trabajando en la construcción tras emigrar a España, detallando los motivos que le llevaron a dejar su país y la evolución salarial que ha experimentado desde su llegada.

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El propio trabajador explica el origen de su decisión de emigrar apelando directamente a la falta de oportunidades en su país. “En Honduras no hay oportunidades y falta trabajo también, entonces eso lo hace decidir a uno emigrar a estos países”, asegura.

Una vez en España, el albañil destaca además una diferencia notable en las condiciones materiales del oficio respecto a lo que conocía en su lugar de origen: “Las herramientas son mucho más cómodas, estamos hablando de materiales que en Honduras no se manejan, pero aquí en estos países sí”.

Albañiles desarrollan un muro de ladrillos que ajusta la temperatura en las casas según el climaAlbañiles desarrollan un muro de ladrillos que ajusta la temperatura en las casas según el clima istock
“Cuando vienes, ganas como un ayudante unos 50-55 euros al día”
Uno de los aspectos que más detalla el trabajador es el proceso de reconocimiento profesional al que se enfrenta cualquier albañil recién llegado, con independencia de la experiencia reunida en su país de origen. “Te conocen en tu país, que eres el albañil, pero aquí no. Cuando vienes, ganas como un ayudante unos 50-55 euros al día”, explica, describiendo el punto de partida salarial habitual para quien empieza de cero en una obra española.

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Esa situación, según relata, cambia con el tiempo a medida que demuestra su valía en el puesto. “Van viendo lo que vas haciendo en la evolución de tu trabajo, que lo vas haciendo bien, que ya te tienen confianza… te va subiendo hasta ganar 80 o 90 euros”, detalla, casi duplicando el jornal inicial una vez consolidada esa confianza con capataces y jefes de obra. Para él, la clave de esa progresión está muy clara: “Sobre todo es mostrar un buen trabajo… que vean que tu trabajo es bueno”.

En cuanto a la forma de acceder a los primeros empleos, el albañil reconoce que el proceso no es sencillo, y que buena parte de las oportunidades dependen de las redes de contactos dentro del propio sector. “Es un poco difícil encontrar trabajo aquí. Bueno, todo está en contactos, pero así se consigue trabajo, sí se consigue”, explica, apuntando a una realidad habitual entre trabajadores migrantes: la necesidad de apoyarse en compatriotas o conocidos ya establecidos para lograr una primera oportunidad laboral.

Albañil en una obra de construcciónAlbañil en una obra de construcción EUROPA PRESS Europa Press
“No importa la distancia, aquí lo que importa es que nuestros hijos tengan el pan cotidiano”
Aparte del ámbito económico, el testimonio recoge también el coste emocional de la migración. “Lo más difícil para todo inmigrante es dejar a su familia. Son muchos kilómetros de distancia y es difícil el día a día”, reconoce, describiendo una soledad que resulta especialmente dura de sobrellevar: “Estando aquí solo y la verdad es tremendo, es muy duro y difícil”.

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Pese a esa dificultad, el trabajador encuentra en el sacrificio un sentido que justifica, a su juicio, la distancia y la separación familiar. “No importa la distancia, aquí lo que importa es que nuestros hijos tengan el pan cotidiano”, sentencia.

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