Disculpas

Canarias 7, Gaumet Florido Las Palmas de Gran Canaria, 15-07-2026

Recuerdo que una de las lecciones que se nos intentó transmitir en la carrera de Periodismo es que el reconocimiento del error no solo no lesiona la credibilidad de la información del medio, sino que la refuerza. El lector tiene así una garantía extra de veracidad respecto a lo que lee. Y se nos ponía de ejemplo al New York Times y su ejemplarizante fe de erratas diaria.

Esa máxima, la del reconocimiento del error y la posterior, si fuera preciso, petición de disculpas, me parece perfectamente extrapolable a la vida cotidiana. Puede ser, si se quiere, un principio rector de la conducta. Alguna vez la he practicado en este formato periodístico, el de la opinión, que fue el que usó Mariano Rajoy para ofender a los franceses, a su selección y a los que rechazamos toda forma de racismo.

Nadie es perfecto. Rajoy tampoco. Habría bastado con unas disculpas a tiempo y se habría evitado estar en boca, y para mal, de medio mundo. Peor lo hizo el PP, que cometió el error de cargarse el muerto y meterse en un soberano lío por pretender defender lo indefendible.

La casualidad quiso que en la misma semana la actualidad nos proporcionara un ejemplo del efecto balsámico de unas disculpas a tiempo. A todos, o casi todos, se nos encogió el alma cuando vimos llorando y abandonando el plató de Malas Lenguas, el programa de TVE, a la periodista Marta Gómez Montero.

No tenemos claro los motivos de su aflicción, pero sí el desenlace: han hecho las paces. ¿Por qué? Porque tanto el presentador como el presidente de RTVE le pidieron disculpas en público y en privado. Entremedias, palmeros de uno y otro bando ya habían iniciado otra guerra civil en redes. Pues eso, yo cogería recorte. Creo que ganamos todos.

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