«No me gustas, no me sirves para este puesto»: el caso de discriminación racial que denuncia un cocinero en Donostia
SOS Racismo documentó el año pasado 528 denuncias por discriminación racial, entre ellas la de Joseph, segundo jefe de cocina en un hotel de Donostia
Diario Vasco, , 15-07-2026«No me gustas, no me sirves para este puesto». Fue la fría respuesta que recibió de su superiora. Joseph, un profesional de origen extranjero que ejerce como segundo jefe de cocina en un hotel de Donostia, se quedó de piedra. Su testimonio describe un escenario de «trato vejatorio y hostil» por parte de la dirección de la empresa, un hostigamiento que comenzó en enero de 2025 y que se ensañó especialmente con él, único extranjero en puestos de jefatura del hotel.
Durante todo este tiempo se le ha impuesto, según denuncia SOS Racismo Gipuzkoa, una carga de trabajo superior a la que le corresponde. Sus derechos laborales se han visto «sistemáticamente vulnerados», algo que no ha ocurrido con sus compañeros. «A él no le respetan los festivos, dejándole libre solo un día a la semana cuando en realidad le corresponden dos. Por si fuera poco, las interrupciones de sus vacaciones para cubrir ausencias son constantes», denuncia la entidad.
El ámbito laboral, como refleja este caso, se ha convertido en uno de los escenarios donde la discriminación racial se manifiesta con mayor intensidad. El testimonio de Joseph viene recogido en el informe anual de la Federación de Asociaciones de SOS Racismo, un extenso informe de 91 páginas que recoge 528 denuncias registradas durante el año pasado, quejas que en realidad no son más que «la punta del iceberg de una realidad mucho más vasta y sombría», aseguran desde la organización.
Los casos analizados reflejan que la discriminación laboral no es un fenómeno uniforme sino que se adapta más bien al perfil de cada persona afectada. Joseph reconoce que sufrió un «desplazamiento del puesto de trabajo», obligado a realizar tareas de limpieza o mantenimiento ajenas a su cualificación. Todo ello acompañado de una campaña de difamación entre sus compañeros.
Fue entonces cuando el empleado del hotel donostiarra se armó de valor para pedirle explicaciones a la directora. De poco le sirvió. La respuesta le dejó de piedra: «No me gustas, no me sirves para este puesto», le dijo sin titubeos. Pese a sus palabras, no quiso despedirle, pero la situación derivó en una presión psicológica con el único fin de forzar su renuncia. Como consecuencia de ese hostigamiento, Joseph se encuentra actualmente de baja con un cuadro de «gran ansiedad y depresión», secuelas que se han somatizado en problemas físicos graves como «un brote de psoriasis y una llaga en la cabeza», según el reconocimiento médico al que ha sido sometido.
Es el relato de un informe que ofrece una radiografía del racismo «que también se manifiesta de forma mayoritaria en el ámbito vecinal». SOS Racismo Gipuzkoa alude a un caso muy concreto: el de E., un vecino de origen extranjero que fijó su residencia en Tolosa en julio de 2024. Apenas dos meses después de instalarse en la villa papelera, este hombre «comenzó a recibir quejas constantes de sus vecinos del piso inferior, acusando a su familia de ruidos nocturnos». Lo curioso del caso es que E. convive con un hijo, aquejado de un Trastorno del Espectro Autista. El chaval se acuesta a las 21.00 horas. A pesar de los reiterados intentos de la familia para resolver el conflicto mediante las vías del diálogo, la situación ha derivado en «acusaciones de arrojar orín sobre la ropa tendida, ensuciar el patio y generar un entorno de convivencia insostenible».
Esa misma violencia, que a menudo se origina en el entorno vecinal, se traslada con frecuencia al espacio público. Se extiende «de forma alarmante» a la comunidad educativa y los entornos de formación. SOS Racismo Gipuzkoa documenta la extrema gravedad de la situación sufrida por Zohra, una joven que cursó estudios de peluquería en Irun. La estudiante fue objeto de insultos, burlas. Se convirtió en la diana del uso mofante de expresiones como «Salam alaikum» por parte de tres compañeras. La situación, agravada por la inacción y complicidad del profesorado, llevó a Zohra a quitarse el hiyab para intentar frenar, sin éxito, el acoso.
Tras sufrir una fuerte crisis de ansiedad, que requirió atención en urgencias el 11 de abril de 2025, la joven decidió interponer cinco días después contra sus acosadoras una denuncia ante la Ertzaintza. Sin embargo, el ejercicio de este derecho derivó en una nueva escalada de la violencia: el 6 de junio, la madre de una de las alumnas denunciadas la esperó a la entrada de clase y, tras confirmar su identidad, la agredió físicamente con un golpe en la cara e insultos, en clara represalia por la denuncia presentada. Lejos de ampararla, señala SOS Racismo, el profesorado culpabilizó a Zohra del ataque por haber denunciado los hechos previamente, lo que sumado a la agresión física la llevó a un intento de suicidio ese mismo día.
También se han documentado diferentes situaciones en el transporte público. Todas ellas ilustran la «desprotección de los trabajadores racializados frente a la violencia y la falta de respaldo corporativo». Es el caso de A, recogido por SOS Racismo Gipuzkoa. La amarga vivencia de un conductor de origen extranjero de un autobús de línea del Goierri al que dos coches le adelantaron a gran velocidad cuando circulaba a la altura de Lazkao. Sorprendido por lo ocurrido, el chófer se colocó poco después a la altura de uno de ellos para preguntarle por la violenta maniobra. Poco después regresó el segundo vehículo.
A partir de ahí se desató una discusión tras la cual dos personas comenzaron a golpear el autobús. Cuando el chófer bajó con su móvil a hacer fotos para recoger testimonio gráfico de lo ocurrido, fue increpado y agredido físicamente por dos individuos. Mientras uno le sujetaba por detrás, el otro le golpeaba. Tras aquel ataque, A. se encuentra de baja por lesiones y estrés postraumático.
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