De CDC a Junts

La Vanguardia, Silvia AnguloSilvia Angulo, 15-07-2026

Estamos más enamorados de Cataluña que de un partido”. Con esta frase, hace diez años, Artur Mas dio por clausurada la etapa de Convergència Democràtica de Catalunya (CDC), cercada por casos de corrupción que erosionaban su credibilidad, para dar paso al PDeCAT, una nueva formación con la que pretendía relanzar el espacio posconvergente. Ni el PP ni el PSOE se han atrevido, a lo largo de su historia, a desprenderse de sus siglas, a pesar de haber sufrido en sus propias carnes corruptelas políticas y económicas. Los herederos de Convergència, en cambio, renunciaron a ellas para romper simbólicamente con ese pasado.

El PDeCAT fue el sucesor de CDC, aunque el liderazgo acabó desplazándose hacia Junts per Catalunya que afronta diez años después un punto de inflexión. No se trata solo de la sentencia que dará a conocer mañana el TJUE, que determinará el futuro de Carles Puigdemont y su previsible regreso a Catalunya en qué condiciones y en calidad de qué. Las decisiones de Junts siguen siendo determinantes para el devenir de la legislatura de Pedro Sánchez. Los posconvergentes —aunque a muchos de sus dirigentes les incomode el calificativo— se han propuesto erosionar la estabilidad parlamentaria del presidente del Gobierno, y, por ahora, están logrando ese objetivo.

Sin embargo, esta estrategia de desgaste no le está dando a Junts rédito electoral. Los últimos sondeos rebajan sus expectativas, como refleja el último barómetro del Centre d’Estudis d’Opinió. Mientras tanto, Aliança Catalana empieza a consolidarse como una amenaza real para el espacio posconvergente y aspira incluso al sorpasso en algunos municipios. En Salou, por ejemplo, ya ha comenzado a pescar en el caladero electoral de Junts.

Ese avance explica también algunos de los movimientos tácticos de la formación de Puigdemont. En Girona, Gemma Geis ha optado por abandonar el gobierno municipal para marcar distancias antes de las próximas municipales. El objetivo es evitar que el desgaste de un ejecutivo compartido con la CUP y ERC, especialmente en ámbitos como la vivienda, la seguridad o inmigración, le pase factura en las urnas.

En JxCat son conscientes de que Aliança está librando la batalla en un terreno más amplio que el de la inmigración. En Barcelona, por ejemplo, la formación de Sílvia Orriols pretende disputar el voto posconvergente con un discurso centrado en los problemas cotidianos y en la gestión municipal. Igual, diez años después, Junts necesita una nueva reinvención.

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