El Gobierno exige a Feijóo que desautorice a Rajoy y el PP atribuye el comentario sobre la selección francesa a «un sarcasmo»

Albares considera «intolerables» las palabras del expresidente y Sémper insiste en que son «sin mala intención»Paula De las Heras y María Eugenia Alonso MadridPaula De las Heras y María Eugenia Alonso Madrid

Canarias 7, Paula De las Heras y María Eugenia Alonso Madrid, 13-07-2026

La polémica en torno al artículo de Mariano Rajoy sobre los jugadores de la selección francesa de fútbol, con la que este martes se enfrentará España en la semifinal del Mundial, ha cobrado ya auténtica dimensión política. El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, exigió este lunes a Alberto Núñez Feijóo que desautorice al expresidente del Gobierno. En declaraciones a la prensa en Bruselas, antes de una reunión de ministros de Exteriores de la UE, el jefe de la diplomacia española calificó el texto de «absolutamente inaceptable» y, aunque eludió mojarse respecto a si podría o no constituir delito de odio, sí adujo que encubre una argumentación «extraordinariamente peligrosa». En el PP intentan minimizar el comentario de su exdirigente, que consideran «sarcástico» y «sin mala intención» y que enmarcan en el apoyo del exmandatario a la selección de Luis de la Fuente. «Son comentarios a favor de España. Lo circunscribiría en ese perímetro y no le daría otra interpretación», afirmó el portavoz nacional, Borja Sémper.

La controversia arrancó el fin de semana a raíz de un artículo de opinión en el que el también exlíder popular, que desde hace años ejerce de comentarista deportivo ocasional, analizaba el nivel de juego del equipo del país vecino y en el que alegó que posee «una plantilla de altísimo nivel», pero añadió: «Eso sí, sin franceses». Las primeras reacciones llegaron desde España, antes incluso de que se pronunciara ningún dirigente francés: el ministro de Transportes, Óscar Puente, calificó a Rajoy de «zoquete post franquista corrupto» y afirmó que nunca fue realmente «moderado».
«Lamine Yamal o Nico Williams representan más a España que los odiadores racistas que abundan en las redes», dice también Bolaños

La reacción en Francia fue igualmente inmediata y transversal. Olivier Faure, líder del PS francés, respondió que la selección «solo está compuesta por franceses» y que Francia «no es una nación étnica». Fabien Roussel, del PCF, habló de «racismo burdo». La ministra de Ultramar, Naïma Moutchou, denunció «odio metódico y banalizado» hacia Francia. Y la propia Embajada de Francia en Madrid salió a recordar en redes que 23 de los 26 convocados nacieron en Francia y que los tres restantes también son franceses.

Pedro Sánchez ya entró al cruce el domingo con un mensaje en X que concluyó con un «Francia, nos vemos en semifinales. Que gane el mejor y que pierda el racismo». Este lunes por la tarde, el presidente del Gobierno viajaba a París para participar en una reunión de la Coalición de Voluntarios para Ucrania y, posteriormente, asistirá a una cena organizada por Emmanuel Macron en el Elíseo, aunque fuentes de Moncloa precisan que no está previsto que comparezca ante los medios, por lo que no se espera un pronunciamiento público adicional sobre el asunto. Pero varios miembros del Ejecutivo, ya se refirieron al asunto a lo largo de la mañana.

«Antifrancés y antimarroquí»
Albares, por ejemplo, advirtió de que «nada que de cerca o de lejos pueda encubrir racismo, xenofobia, representa a España» e incluso acusó al PP de ser un partido «antifrancés», por haber bloqueado la semana pasada en el Senado la ratificación del Tratado de Amistad con Francia, pendiente ahora de que el Constitucional se pronuncie sobre si se ajusta a la Carta Magna (los populares creen que el artículo que prevé que un ministro francés pueda participar, al menos una vez cada tres meses y de forma rotatoria, en una reunión del Consejo de Ministros español choca con el ordenamiento español).

En la dirección nacional del PP confían en que la polémica se diluya y avisan de que no van a «convertir esto en lo que quiere el Gobierno». «Esa expresión es sin mala intención», quitó hierro Sémper en la habitual rueda de prensa de los lunes en Génova. Para sortear la polémica el también vicesecretario de Cultura ironizó con que «probablemente» Rajoy esté de acuerdo en que, para jugar en la selección nacional de Francia, «hay que ser francés» porque, de lo contrario, no sería posible, al igual que ocurre en otras selecciones.

«Lamine Yamal o Nico Williams representan más a España que los odiadores racistas que abundan en las redes», dice también Bolaños

Con todo, Albares —que también llegó a reclamar a El Debate, el medio que publicó el artículo de Rajoy, que lo retire y que publique una rectificación dejando claro que no comparte lo expresado— aseguró que este asunto no ha abierto crisis alguna con Francia y afirmó que ya trasladó la posición del Gobierno español a su homólogo, Jean-Noël Barrot, con quien tenía previsto hablar ese mismo lunes en Bruselas. «El racismo, la xenofobia, son enfermedades graves con dos síntomas que son la estupidez y el odio, y España —zanjó— no tiene ninguna de las dos».

El ministro de la Presidencia y Justicia, Félix Bolaños, se sumó también al debate, aunque con un matiz. Bolaños calificó las palabras de Rajoy de «desafortunadas» pero optó por «dejar fuera» al expresidente de sus críticas más duras, por «respeto institucional». Su dardo se dirigió de forma genérica contra los «odiadores profesionales» y, más concretamente, contra el PP al que acusó de ejercer «el gamberrismo institucional y el gamberrismo internacional» por su bloqueo al Tratado de Amistad. «Lamine Yamal o Nico Williams son tan españoles como los odiadores racistas que abundan en las redes sociales en nuestro país», defendió.

También desde Sumar el ministro de Derechos Sociales, Pablo Bustinduy, defendió que las palabras de Rajoy provocan «bochorno» y «vergüenza ajena» y exigió al PP que «salga a pedir perdón». Bustinduy aprovechó además para marcar las diferencias entre quienes se valen del «chascarrillo» para «normalizar el racismo» y el Gobierno, que ha impulsado una regularización extraordinaria de inmigrantes para extender derechos. «Hasta la extrema derecha francesa lo ha criticado», subrayó.

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