Jean-Marie Le Pen debe de estar aplaudiendo a Rajoy desde su tumba
El expresidente español, al decir que en la selección de Francia no juegan franceses, conecta con una vieja tradición en el país vecino
El País, , 13-07-2026Marine Le Pen debió de sonreír este fin de semana, o tal vez frunció el ceño de estupefacción, al leer las palabras de Mariano Rajoy sobre la selección francesa de fútbol. El expresidente del Gobierno español elogió en un artículo “la plantilla de altísimo nivel” de Francia, y añadió: “Eso sí, sin franceses”. Son palabras casi calcadas a las que pronunciaba otro dirigente político hace tres décadas: “Me parece un poco artificial hacer venir a jugadores del extranjero y bautizarlos equipo de Francia”. Jean-Marie Le Pen, autor de esta última declaración, fue el fundador del Frente Nacional, un político que no escondía su racismo y que fue condenado por ello en los tribunales. Le Pen padre (1928-2025) creía que solo eran franceses los deportistas blancos y con varios antepasados nacidos en la metrópoli.
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Su hija, Marine Le Pen, ha dedicado buena parte de su carrera a distanciarse de él y de sus salidas de tono, con el fin de hacer del Reagrupamiento Nacional (RN) un partido aceptable para una mayoría de votantes y conquistar así el Elíseo. Lo extraño es escuchar estos lepenismos, que ni la hija aplaudiría, en boca de todo un expresidente del Gobierno español. Y eso es lo que desconcierta en el país vecino: que alguien que gobernó y representó a España, alguien que pretende representar a un conservadurismo moderado desborde por la derecha a la mismísima extrema derecha de Le Pen. Es extraño y en Francia no han encontrado, para calificarlo, otro adjetivo que “racista”.
Una clave histórica y psicológica de la salida de tono de Rajoy podría encontrarse en la obra de Robert Caro, gran biógrafo del presidente Lyndon B. Johnson. Caro decía que no es cierto el tópico según el cual el poder corrompe. En realidad el poder no corrompe, o no solo corrompe: el poder revela. A lo largo de su carrera hacia la cúspide, un político engaña, cambia de chaqueta, se enmascara con tal de llegar a su objetivo. Pero una vez ahí, el camuflaje resulta menos necesario. Y es entonces cuando, consciente o inconscientemente, se muestra tal como es.
“El telón empieza a levantarse. Comienza la revelación”, resume Caro. Esta es la teoría, pero a veces pienso que, si el biógrafo neoyorquino hubiese aplicado su bisturí a diseccionar las vidas de los líderes españoles, habría tenido que reajustar el aforismo. Vistas las trayectorias de algunos de los expresidentes, no es difícil concluir que estos empiezan a revelarse en toda su plenitud no al alcanzar el poder, sino después, cuando lo han abandonado. Es como si, liberados de las constricciones protocolarias y del autocontrol que exige el ejercicio de las responsabilidades, pudieran hablar, actuar y mostrarse tal como son.
Podrá alegarse que Rajoy siempre fue así y que su espontaneidad era un rasgo que en ocasiones incluso le hizo simpático ante sus adversarios ideológicos, pero su comentario futbolístico en vísperas de la semifinal Francia-España muestra algo más. Revela algo que, siendo benévolos, tiene que ver con el cuñadismo de barra de bar, o peor: con el fondo de racismo banal que anida en toda sociedad, y que en tiempos de “prioridad nacional” corre el riesgo de banalizarse todavía más. Si en Francia ha causado tal revuelo, también se explica porque allí llevan décadas dando vueltas a esta discusión.
¿No eran franceses el polaco Kopa, el italiano Platini, el español Fernández? ¿Piensan quienes plantean esta idea étnica de la nación que también es aplicable a La Roja y hay que distinguir a sus futbolistas por apellido o procedencia? ¿Cucurella de Yamal? ¿Merino de Williams? Lo ha recordado la embajada de Francia en Madrid: “Todos los jugadores de la selección francesa son franceses. De los 26 jugadores, 23 nacieron en Francia. Los tres que nacieron en el exterior son franceses también.” Touché.
Y no es casualidad que el propio RN, que en los sondeos ya se ve en el poder, evite criticar a los bleus por sus nombres y apellidos, el color de la piel, o el lugar de nacimiento de sus antepasados. Ahora, cuando estrellas como Kylian Mbappé se inquietan por una posible victoria de la extrema derecha, la respuesta de Marine Le Pen y los suyos adopta la retórica populista, y atacan a los deportistas por ser multimillonarios y formar parte de una élite desconectada del francés de a pie. Pero nunca por el origen: cualquier político que aspire a gobernar Francia se lo pensará antes de llamar extranjeros a los héroes de la selección, espejo de una sociedad diversa y de una historia compleja y traumática. Y evitará cuestionar, al menos en público, el principio de una República de ciudadanos iguales, sin distinción.
Estas cosas las decían hace años Le Pen padre y las siguen diciendo radicales como Éric Zemmour. No son la mejor compañía para un expresidente de España.
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